Vende 140 tipos de ron en lugar de tequila o de mezcal, tan de moda entre los mexicanos por caprichos del marketing capaces de convertir una bebida “de pobre” en una que ha multiplicado su precio y que se pide hasta en los bares y discotecas más selectas de México y que apenas empieza a llegar a España. Pero el mexicano Emiliano Fernández Peña se arriesgó en 2014 a poner la Ronronera, un bar de rones en el corazón de Lavapiés, en Madrid.

“Fue en medio de la crisis, con la moda del gin en un barrio que hace cuatro años no terminaba de ser lo “chic” que ahora es. Era una locura pero me animé”, dijo Fernández Peña.

Acababa de volver de Bilbao, donde vivió año y medio trabajado para una gran farmacéutica.

“Tenía claro que había venido a España para vivir en Madrid. Volví sin trabajo. Estuve buscando trabajo durante ocho meses sin encontrar nada. Incluso me planteé volver a México, hice entrevistas por Skype y al final mantenía el gusanito de lo que había aprendido del ron y de montar un negocio propio”, nos contó Fernández Peña.

Nos recordaba que el ron forma parte de la cultura mexicana porque en México se bebe mucho Bacardi, el más vendido del mundo. La marca dice que es de Puerto Rico con una receta cubana pero se produce en México.

“Mucha gente me pregunta, como mexicano, por qué no tengo un bar de tequilas o de mezcales. Nuestra generación, cuando salíamos a bares y discotecas, bebíamos ron. El mezcal no lo conocía nadie y el tequila estaba en crisis por una mala planificación de las cosechas”, dijo el entrevistado.

Contó que, como consecuencia, se agotaron los agaves; los tequilas bajaron sus calidades porque no eran de agave azul y se dispararon los precios de los mejores tequilas de agave azul. Beber tequila era muy caro. Por eso los jóvenes bebían ron o Vodka. Él se decantó por la bebida de caña de azúcar.

La Ronronera está a punto de atravesar el umbral de los cuatro años que muchos estiman necesarios para considerar que está bien establecido un negocio, como nos cuenta este mexicano de 34 años. Nos recibió con un delicioso ron Don Q Gran Añejo de la isla de Santa Lucía para contarnos de su vida y de su negocio.

¿Cuáles fueron tus primeros contactos con la cultura de España?

Mi padre nació en España y se fue a México con mis abuelos a los cuatro años. Mi historia es una de esas tantas historias de ida y vuelta. La cultura española la teníamos en casa, ya sea en algunos platos, en algunas palabras o en anécdotas. Siempre supe que tenía a parte de la familia en España. Mi primer viaje largo en avión fue a España cuando tenía dos años. Más tarde vine a los diez años y he vuelto a venir a lo largo del tiempo para estudiar en la Complutense y luego para venirme a vivir.

Estudiaste en el Colegio Madrid. ¿Cómo fue esa experiencia?

El Colegio Madrid es un experimento social interesante. Lo fundaron Republicanos españoles que emigraron a México durante la Guerra Civil. Prácticamente llevaban lo puesto. Decidieron fundar un colegio con los valores de la República en lugar de poner un negocio. La escuela fomentaba el pensamiento crítico con valores como la solidaridad, con un modelo educativo que fomentaba el trabajo en equipo. Era curioso ver en la dirección de la escuela la bandera mexicana con la bandera republicana. Ahí te decían que era la bandera de España, la bandera republicana. Con el paso del tiempo se nos hacía difícil pensar en España como una monarquía y no como en “la república de España”.

¿Qué es lo que más te gusta y lo que menos te gusta de España?

En España hay muchas libertades, se puede vivir muy bien. En comparación con México, se puede caminar solo por las noches sin miedo. De la sociedad española me sorprendió la polarización izquierda-derecha, republicanos-franquistas, independentistas-no independentistas.

Una de las grandes ventajas de España es que está en la Unión Europea. Los países europeos se dieron cuenta de que, si querían competir en el mundo, tenían que hacerlo de forma conjunta. La España de los ochenta y de los noventa no es la España de ahora, ha crecido mucho. A España se le abren muchas puertas que permiten conocer a gente de todo el mundo, viajar dentro de Europa; en dos horas estás en una veintena de países. España necesariamente tiene que abrirle la puerta a los inmigrantes, aquí hay lugar para ellos. Cuando llegué a Lavapiés, el barrio era distinto. La gente no te preguntaba de donde eras; se daba por hecho que todos los que estábamos aquí veníamos de fuera. El no tener que explicar tu procedencia o porqué vienes te hace sentirte más de aquí.

Entre lo que no me gusta están ciertas actitudes de soberbia, que no conocía hasta que vine a vivir y hay muchas teorías de porqué. Se dice que tiene que ver con los años de encierro por la dictadura de franquista. Esa soberbia se puede dar cuando hablas de comida, de cultura, de deporte y, aunque son buenos en muchas cosas, hay mucho por  conocer y probar en otros lugares.

¿Cuáles consideras que han sido las principales dificultades a las que se enfrenta un mexicano en España?

Para la sociedad española existen distintos tipos de migración. Están las personas que vienen a buscar trabajos no cualificados y el de personas que vienen a estudiar, que pueden pagarse unos estudios y que se quedan después de hacer un máster o un doctorado. Más allá del tema de papeles, para un mexicano no hay dificultades reales a la hora de establecerse. La sociedad española no suele ver al mexicano como una amenaza que le va a quitar el trabajo, aunque luego el mexicano trabaja muchas horas, sabe idiomas, habla mucho mejor inglés y tiene un alto nivel de cualificación. Los viajes de ida y vuelta han acercado a ambos países a lo largo de los siglos, son países muy cercanos y culturas que se pueden entender bien.

Emiliano con sus compañeros del Sporting de Magerit

¿Qué tan fácil resulta integrarse en España y hacer amigos desde tu punto de vista?

Resulta fácil en una ciudad como Madrid, muy cosmopolita y con gente de todo el mundo, aunque también se puede hacer amigos españoles con facilidad. A mí me ayudó mucho el fútbol. Comencé a hacer mis amistades por un equipo de barrio, el Sporting de Magerit. A partir de ahí se me abrieron muchas puertas. Los mexicanos solemos ser amigables, muy fiesteros, con sentido del humor, y eso gusta en España, entonces no hay dificultades serias para integrarse.

¿Cómo ha cambiado tu forma de ser al vivir en España?

En México estudié en una escuela y en una universidad privada. Había aprendido que tenía que salir al mercado laboral, conseguir un trabajo, crecer en ese trabajo y convertirme en jefe, en directivo en un puesto de trabajo, crecer, ir a más. Aquí empecé a conocer a gente que veía la vida de otra manera, que tenían una vida que les gustaba, un trabajo que no les exigía demasiado, que les permitía valorar que su esfuerzo les compensaba y les dejaba tiempo libre para hacer lo que les gustaba. En un principio lo consideraba una mentalidad un tanto mediocre, una forma de vivir en zona de confort. Pero luego entiendes que esta sociedad está preparada para esto, con escuelas públicas de calidad, con un gran sistema de salud que funciona y que no han podido desmantelar para privatizarlo Puedes vivir sin vehículo propio, puedes moverte en transporte público. Te empiezas a desprender de cosas materiales que veías necesarias en México. He aprendido a considerar el éxito de otra manera, a valorar el tiempo libre; en México te define tu trabajo, eres lo que haces y consigues en la oficina. En cambio aquí se le considera más un medio para ganarte la vida y se te considera mucho más que lo que haces en el trabajo.

De España me gusta mucho la poca diferencia que hay entre las clases sociales comparado con México aunque la crisis ha incrementado las desigualdades también aquí. Dentro de mi círculo de amigos hay ejecutivos de grandes empresas y obreros de fábrica. Nos llevamos, hacemos las mismas actividades juntos. Eso es impensable en México por las diferencias de sueldo y por el clasismo tan marcado. Todo esto me ha ayudado a transformar mi visión.

¿Qué podemos aportar los mexicanos a un país como España?

Las sociedades en España y en Europa dan sensación e imagen de envejecimiento y de agotamiento general. Los mexicanos y los latinoamericanos podemos aportar una chispa nueva y una alegría necesarias. A veces veo a la gente deprimida, triste, enfadada. Cuando hablas con alguien de fuera lo notas, percibes una vibra distinta, más alegre, dinámica. En el sector de la restauración a España le queda mucho por mejorar en lo que se refiere al servicio. Una sonrisa es importante y no sólo en este negocio o en este sector. Muchas empresas necesitan también una visión más fresca que venga de fuera, necesitan innovar.

¿Cuáles han sido tus experiencias más gratificantes al frente de la Ronronera?

El ron se hace de la caña de azúcar. He contado 60 países donde se produce y en nuestra carta tenemos rones de 30 de ellos. El ron me ha abierto puertas para conocer a gente de todo el mundo. La familia del ron. Por medio de la Ronronera y de la revista Rumporter me han invitado a participar como juez de cata en festivales en Miami, Paris, Berlín. Te empiezas a mover entre los expertos más reconocidos en el mundo del ron y me ha permitido conocer gente estupenda que tiene la misma pasión. Me hace muy feliz el ambiente multicultural. ¿Momentos difíciles? Muy pocos son los negocios que empiezan como algo pequeño y que al cabo de los años facturan millones. La realidad de un negocio en una época de crisis es que el día a día es complicado, más cuando tienes gente a tu cargo y a la que le tienes que pagarle un sueldo. Si tú te arruinas no tienen por qué pagar por las consecuencias. Lo difícil es estar todo el día pensando qué tienes que hacer, cómo mejorar. Hay mucho estrés, invertirle muchas horas de pensar no sólo en el sitio, sino afuera también para crear. Puede resultar agotador.

¿Cómo son los clientes de la Ronronera, qué buscan? ¿Vienen muchos mexicanos?

No suelen venir muchos mexicanos porque no le damos un ambiente o características de bar mexicano. Cuando estás fuera de tu país y empiezas a echar de menos buscas lo que te recuerda a tu país. El mexicano que no era asiduo al tequila cuando extraña su país, bebe tequila. No estamos enfocados a un público mexicano. Algunos vienen porque les gusta el ron o porque viven en el barrio.

Viene mucha gente del barrio, de la zona, o gente a la que le gusta al ron y que quiere conocer cosas nuevas. Nuestra oferta de 140 rones es única en esta ciudad. Los que son roneros traen a sus amigos y vamos convirtiendo al mundo del ron a gente que estaba en el gin, en el vodka y en otros alcoholes. Vienen muchos extranjeros que viven en Madrid y que viven en el barrio, pero también muchos españoles.

Foto: Emiliano Fernández Peña

¿Te consideras entre las personas más conocedoras en el mundo del ron?

Quizá no sea un logro muy grande porque no hay mucha cultura del ron en España pero es factible que esté entre las cinco personas que más conocen. Me surgió esta pasión y planteo mis vacaciones en función de qué destilerías puedo visitar. Los días libres que tengo los ocupo p para ir a festivales en Europa. Estoy en contacto con productores, con embajadores de marca, con vendedores. De alguna manera me he convertido en uno de los embajadores del ron en España.

¿Consideras que se abusa de ese mito del emprendedor exitoso?

Muchos amigos se ofrecen para hacer un negocio y mandarme artesanías, ropa y otras cosas para vender en España. Mi respuesta siempre es la misma: hagámoslo al revés. Busco productos aquí en España y los mandamos a México. Aquí no hay mucho movimiento ni flujo de dinero. Seguimos en crisis y uno de los mercados emergentes con mayor crecimiento de clase media con poder adquisitivo es México. La economía está en movimiento a pesar de todo lo que se pueda decir en los medios. Por eso habría que darle la vuelta. Hay muchas más oportunidades en el sentido inverso.


Fotos: Adriana Juan Durán