Nuestros abuelos o bisabuelos se sorprenderían de la evolución y los logros de aquellas pequeñas asociaciones de emigrantes que formaron para sentirse más unidos y cercanos a su tierra natal, entre los que destacan el Centro Asturiano de México, el Centro Gallego, el Real Club España y otros. No cabe duda: la unión hace la fuerza.

Por Ángeles Garrido.

El flujo de personas entre España, “la madre patria”, y los grupos de españoles en México ha sido continuo desde hace décadas. Siempre ha habido un intercambio de personas, pero hay un período en que este movimiento se intensificó.

Entre finales del siglo XIX y el primer tercio del siglo XX, España se convirtió en un país de emigración de carácter económico, un periodo que Nicolás Sánchez Albornoz acuñó como la «emigración en masa» y que tuvo lugar entre 1880 y 1930. Esta época de emigración masiva tuvo una importancia social y un peso demográfico muy superior al de la época colonial, según recoge el propio Ministerio de Cultura en España al hablar de esas migraciones.

A México llegaban miles de jóvenes con grandes sueños, con motivaciones diversas, muchos huyendo del hambre o la guerra o simplemente buscando aventuras.  Añoraban su tierra natal y a su gente en una época en que una carta tardaba meses en llegar a su destino.

En ese contexto surgieron en México las agrupaciones de emigrantes españoles de las distintas regiones españolas que conocemos en la actualidad.

Estas asociaciones, además de ser un vínculo con la tierra que los vio nacer, se convirtieron en puntos de encuentro para el desarrollo de la cultura y gastronomía española en México y sirvieron de semilleros para muchos prósperos negocios.

Esta herencia de los primeros paisanos llega a nuestros días en la forma de importantes clubes deportivos y culturales que ofrecen una amplia oferta de actividades socio-recreativas, deportivas y culturales.

Así se formaron El Centro Asturiano de México, El Centro Gallego, La Agrupación Leonesa, La Asociación Montañesa, el Club España, Orfeo Catalá entre otros.

Por su número de socios y por sus dimensiones, destacan los dos primeros.

El Centro Asturiano de México

“El Asturiano” se fundó el  7 de febrero de 1918  por un grupo de asturianos que se reunieron en la casa de Don  Antonio Martínez Cuétara. La idea original fue crear un club de fútbol, el Club Asturias, que además sirviera de vínculo entre los asturianos en México. Así nació el Asturias Futbol Club, un equipo que creo una leyenda y fue el orgullo de los emigrantes asturianos en México.

El Centro Asturiano de México es uno de los grandes clubes deportivos , culturales y sociales de México y cuenta con tres sedes: El Parque Asturias, que es un centro deportivo y de ocio,  localizado en la zona sur de la Ciudad de México,  El Asturiano de Arquímedes, la sede Sociocultural localizada en Polanco, y el Centro Ecológico localizado a las afueras de la Ciudad de Cuautla en el estado de Morelos. Sus instalaciones deportivas son un referente en la ciudad de México.

Centro Gallego de México

El Centro Gallego surge unos años antes que el Centro Asturiano, el 24 de septiembre de 1911. Sus reuniones comenzaron en un local de la Calle 5 de Febrero, que se convirtió en su primera sede social. A diferencia del Centro Asturiano que se enfocó en el fútbol, el Centro Gallego centro sus actividades en la formación del Orfeón Gallego de México.

En marzo de 1912, el Orfeón Gallego participa por primera vez en una actividad oficial de la Colonia Española establecida en México con una cena recepción ofrecida al Ministro de España en su visita oficial a la Ciudad.

Cultura y tradición conjunta

Aunque hay muchos centros Españoles en México, los que habitualmente se reúnen para festejar eventos en común en la Ciudad de México son el Real Club España, el Centro Gallego de México,  El Centro Asturiano de México, La Agrupación Leonesa de México y La Asociación Montañesa de México.

De entre todos los eventos conjuntos destaca el Festival de Coros y Danzas Españolas en el Palacio de Bellas Artes, que este año celebró su 58º edición. Este festival anual reúne a los centros de las distintas regiones de España y ofrece al público mexicano un espectáculo lleno de luz y color que es digno de ver.

Rosas del Retiro – Virgen de Guadalupe

Además de fiestas y eventos benéficos conjuntos, todos los años los centros españoles se reúnen para recibir las rosas del Retiro de Madrid y llevarlas a La Basílica de Guadalupe y ofrecérselas a la Virgen.

Esta tradición comenzó en el año 1954 cuando José María Finat, entonces alcalde de Madrid, se quedó atrapado en el aeropuerto de la Ciudad de México. Al no poder salir del aeropuerto por carecer de un aval financiero y al no haber relaciones diplomáticas entre México y España, tuvo que pasar la noche en el aeropuerto. La Fraternidad Iberoamericana se enteró de aquello y pagaron el depósito para que se le permitiera salir.

Este gesto permitió que el alcalde madrileño pasara de la espera en el aeropuerto a las calles de la Ciudad de México y, concretamente, a la Basílica dedicada a la virgen de Guadalupe. Tras esta visita, como gesto de agradecimiento, prometió enviar las primeras rosas del parque de El Retiro a dicha Basílica.

Esta tradición continúa en la actualidad.  El 1 de junio, después de 65 años, las madrinas de los centros españoles acudieron al Aeropuerto Benito Juárez para recibir las primeras rosas del Retiro y llevarlas a la Virgen de Guadalupe cumpliendo así con una tradición que une a los pueblos de Madrid y México.

Nuestros abuelos o bisabuelos, que partieron de España a bordo de barcos trasatlánticos cargando sólo un pequeño baúl o beliz y con muchos sueños por cumplir, se sorprenderían de la evolución y los logros de aquellas pequeñas asociaciones de emigrantes que de manera espontánea formaron para sentirse más unidos y cercanos a su tierra natal. No cabe duda: la unión hace la fuerza.