La exposición «Los modernos» que alberga el Musée des Beaux-Arts de Lyon cumple a medias su objetivo de crear diálogos entre Francia y México por su refuerzo de tópicos y estereotipos sobre México, junto con otros descuidos importantes.

La exposición Los modernos: Dialogues France/Mexique que alberga el Musée des Beaux-Arts de Lyon, en Francia, reúne casi 400 obras de artistas internacionales de gran talla que abren paso a la idea de un sentido diálogo entre México y Francia. La exposición llegó a Lyon tras su estadía prolongada en Guadalajara y la Ciudad de México.

El Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), el Museo Nacional de Arte (MUNAL), el Museo Carrillo Gil, el Musée Picasso, el Centre Pompidou y colecciones privadas nutrieron la exposición y permitieron esta vez el encuentro de artistas como José Clemente Orozco, David Alfaro Siqueiros, Pablo Picasso, Frida Kahlo, Diego Rivera… Izquierdo, Masson, Blanchard, Tamayo, Matisse, Derain, Miró y Carrington en esta exposición curada por Sylvie Ramond, directora del Museo, que es una de las más importantes dedicada a México de los últimos tiempos en Francia.

Resulta extraño que Frida Kahlo, el gran ícono de la pintura, adorada aunque incomprendida en Europa, aparezca en toda la publicidad de Los modernos con Autorretrato en la frontera entre México y Estados Unidos (1932). De hecho, la pintura brilla por su ausencia; en su lugar todo lo que hay es una “reproducción” que resulta grosera, un algo plastificado. Una francesa a mi lado preguntó con aire distraído si aquello era una fotografía y se arrepintió de la posibilidad de sacar una foto de la foto. En la plaquita no se puede leer el año de creación, ni la técnica, ni las medidas del original, o de la “reproducción” que es evidentemente más grande.  Sólo puede leerse que la original se mantuvo en la exposición hasta enero del 2018 y partió al MUDEC de Milán en donde se encuentra ahora. De Frida hay un desnudo hecho por Rivera y apenas encontramos Vista de Central Park (1931) que es más bien un bosquejo y El marco (1938), que estuvo en la famosa exposición de “Mexique” muchos años ha, en París.

Lo que hay de Frida se encuentra en el área de Surrealismo, claro. Divertirá siempre el amor no correspondido de Europa a Frida, quien no dejaba de llamar a André Breton y sus amigos “las grandes mierdas” y “locos lunáticos hijos de puta”. La que dijo que no era surrealista y que salió de la casa de Breton a los pocos días “porque olían mal y comían cosas horribles”. Las largas, interminables leyendas…

La muestra es principalmente pictórica, es verdad, pero plástica es más adecuado. Este arribo a Lyon se completa con litografías que nos permiten regodearnos con el trabajo de José Luis Cuevas: Olor de perro, Autorretrato en Rembrandt y Dostoievsky, todas de 1962, dotan de fuerza a aquel pasillito mínimo en que se encuentran. Encontramos también algunas publicaciones sobre el trabajo de Rivera, del surrealismo y algún par de folletos entre los que encontramos el de la Exposición Internacional del Surrealismo en México (1940) y el de la exposición “Mexique” de París (1939) se complementa con la fotografía de artistas mexicanos, estadounidenses y franceses.

Tenemos las de la italiana Tina Modotti en las que vemos a un Rivera entregado a sus procesos en el área destinada al “Muralismo”, el trabajo de Héctor García en que vemos a José Clemente Orozco a un costado de Rivera otra vez. Éste último acapara buena parte de la exposición, en esta sala destinado al Movimiento iniciado en México, encontramos también obras de Siqueiros: Sacrificio humano (1943), el impresionante boceto para el mural exterior, El cristo (1965) y Personaje importante (1958).

Fuera de lo antes mencionado, la exposición muestra reiteradamente en las fotografías la imagen que tienen de México muchos franceses, procedente de los tópicos repetidos y de la ignorancia (los que vivimos en Francia, lo sabemos hasta la saciedad) de gente con sombrero, cervezas, de imágenes de la Revolución, de gente de pies descalzos, de alguna Adelita y cartuchos, de gente en los huesos y revólveres y una idea de México como supuesto país de atraso.

Foto: Sir Brenda Mitchelle

La directora del INBA repetía que México estaba presente en esta exposición “desde otro punto de vista”. No parece lograrse con franceses que salen de la exposición diciendo, si “esto es México”, el sombrero, sí, sí, el sombrero, ah, sí, las facciones animalescas, porque encima finaliza con fotografías de Bernard Plossu y Dennis Rocha, que refuerzan la imagen que así no nos quitaremos de encima nunca.  Al final, final encontramos Indien de Grinberg (1977) en el ultimísimo muro.

Aquel México lleno de dignidad con grandes fenómenos de la pintura se ve entorpecido también por los nombres mal pronunciados por los guías. La placa de la pintura La veranda (1948) está colocada en la pared aledaña, lejos del cuadro que la dota de sentido, extrañísimo y hay veces en que la saturación de un mismo muro con varios cuadros da la impresión de obedecer más a una falta de espacio que a un sentido de diálogo y eso vuelve complicado el acto contemplativo y de apreciación. Hay una extraña atmósfera de descuido.

Tuve la oportunidad de ver la exposición por primera vez en una cena que ofreció una compañía de seguros francesa con la finalidad de captar nuevos socios. La explicación aquella vez de quien fuera la guía, apenas iniciar, fue respecto a un comparativo de los cuadros de la entrada, Les bordes de la Marre de Gleizes (1909) y Paysage corse (1910) de los pintores europeos y Pescador de” de Montenegro y La cosecha de Saturnino Hernán (mexicanos), segura de que, en general, la diferencia de la pintura mexicana y la pintura europea era el color. Entonces pensé en Orozco, con sus marrones y sus claroscuros y luego pensé en Siqueiros, luego pensé en Dalí y acto seguido en Picasso. La exposición misma es una prueba de un dicho fácilmente puesto en juicio…

De la pintura La première dent de Charlot (1898) la misma guía habló de lo animalesco de las facciones del niño, de las “facciones animalescas mexicanas”. ¿Estamos creando diálogos, Francia?

Se extraña también la falta de traducción al inglés o al español de las explicaciones al inicio de cada una de las partes en que se divide la exposición: El muralismo, el cubismo, el surrealismo, rupturas. Todo explicado en francés angustia porque la exposición se anunciaba con bombo y platillo como “diálogos México-Francia” en una entrega de ambos al mundo. También extrañan las audio-guías exclusivamente en francés cuando Italia, Suiza y Alemania están tan cerca.

Foto: Sir Brenda Mitchelle

La exposición no llega a ser “majestuosa” y no resulta cercana. Tomaré prestada, a modo de conclusión, la respuesta de un mexicano residido en Lyon cuando pregunté su opinión: “La exposición está bien si eres francés, conoces un poquito de pintura y quieres conocer más sobre la pintura mexicana del siglo XX. Personalmente no me gustó porque no entro en ese grupo de espectadores”.

«Los modernos»: Dialogues France/Mexique estará hasta el 6 de marzo en el Museo de Bellas Artes de Lyon.


Fotos: Sir Brenda Michelle