El cáncer de piel puede adoptar múltiples formas. El carcinoma basocelular, el carcinoma de células escamosas y el melanoma son las más importantes. Cuando la forma más agresiva, el melanoma, se encuentra en una fase avanzada, puede llegar a producir graves complicaciones al extenderse a los órganos internos. Sin embargo, su diagnóstico puede realizarse de forma temprana mediante la detección de lunares o manchas marrones de nueva aparición.

El melanoma se da en un tipo celular concreto de la piel, los melanocitos. Estas células, que aparecen en las capas más profundas de la piel, son las encargadas de darle color y proteger de las radiaciones solares, y por ello una de las primeras manifestaciones es la aparición de los lunares o manchas, signo del crecimiento de este tipo celular. Algunos de los principales factores de riesgo del melanoma son tener piel, ojos o cabello claro, la exposición a la luz solar por mucho tiempo sin protección, la presencia de antecedentes familiares, un débil sistema inmune o la exposición a elementos ambientales oncogénicos, que producen células cancerígenas, como la radiación o solventes químicos.

Este tipo de cáncer se ataca la piel, el órgano más extenso de nuestro cuerpo que tiene múltiples funciones. Entre ellas están la de regular la temperatura, actuar de barrera primaria ante la entrada de microorganismos y proteger de las radiaciones solares dañinas. Está formada por varias capas, cada una con tipos celulares concretos y especializados en funciones específicas.

Diagnóstico del melanoma

Para diagnosticar un melanoma, el dermatólogo hace un examen de piel para buscar lunares o manchas sospechosas con distintas características: cambios en el tamaño, la forma o el color, contornos o bordes irregulares, asimetría o ulceración. Es lo que habitualmente se denomina la regla del A, B, C, D, E: Asimetría, Bordes irregulares, Color variado, Diámetro mayor de 6 mm y Evolución (su aspecto no es constante).

Además, este examen se complementa con una biopsia en la que se extrae una muestra del tejido y se estudia para verificar la presencia o no de células cancerosas.  El melanoma tiene una tasa de diseminación muy alta y por ello es muy importante estudiar si se diseminó a otras zonas del cuerpo. Toda esta información va a permitir agruparlo en diferentes estadios que van desde el 0 hasta el VI.

Como en todas las enfermedades o patologías, la clave de la evolución de un paciente dependerá en gran medida del momento del diagnóstico. Un diagnóstico precoz en el caso del melanoma puede suponer su curación y superación.

Tratamiento del melanoma

Para el tratamiento de este tipo de cáncer se utilizan cinco procedimientos estándar, en común con otros tipos de cánceres.

La cirugía se emplea para extirpar el tumor, y es el tratamiento primario en este caso. Tras ella, al paciente se le puede realizar un injerto de piel para cubrir la herida que la escisión local produce. Tras este primer paso, se estudia si es necesario el empleo de quimioterapia, radioterapia, inmunoterapia con elementos del sistema inmunitario para combatir el melanoma, o la terapia dirigida para bloquear señales celulares, atacar a las células cancerosas con virus o evitar la formación vasos sanguíneos que alimenten el cáncer.

En la actualidad se están ensayando clínicamente nuevos tipos de tratamiento, como la terapia de vacuna para darle al sistema inmunitario capacidad para responder ante este tipo de tumores y atacarlos.

Cáncer de piel y sol

En ambos tipos de cáncer, el melanoma y el carcinoma, el principal factor de riesgo implicado en su aparición y desarrollo es la exposición a radiaciones solares tanto de tipo B (UVB) como de tipo A (UVA).

Este tipo de radiaciones causan alteraciones en el material genético (ADN) que se manifiestan generalmente en forma de mutaciones. Cuando estas mutaciones afectan a genes que regulan el ciclo de las distintas células que forman el tejido de la piel, estas células adquieren la capacidad de proliferar sin control, dando lugar a cánceres y tumores.

Al contrario de lo que se podría pensar, las zonas que se exponen solo ocasionalmente al sol tienen más riesgo de desarrollar el melanoma. Por eso abundan casos en las pierdas y en la espalda.