El envejecimiento de la piel es un proceso natural. Los primeros signos de este cambio empiezan a aparecer a partir de los 40 años, con pequeñas arrugas que con el paso del tiempo se hacen más visibles y marcadas. La disminución de la producción de colágeno y elastina, así como la disminución hormonal afectan a las células del cuerpo, lo que origina este cambio.

MADRID, España.- La piel se compone de tres tipos de capas: epidérmica, dérmica y subdérmica. El envejecimiento afecta a cada una de ellas de forma diferentes. La capa epidérmica experimenta una renovación celular más lenta y reduce su producción de lípidos. Los signos externos de estos cambios se traducen en una textura más áspera y seca de la piel, líneas de expresión y arrugas. También mayor sensibilidad a la luz UV, tardía curación de procesos y mayor riesgo a infecciones.

La capa dérmica disminuye anualmente 1 % de su producción de colágenos y sus niveles de elastina descienden. Asimismo, reduce su circulación sanguínea. Esto se traduce a la pérdida de elasticidad, densidad y luminosidad. Respecto a la capa subdérmica, disminuye el número de células adiposas y reduce su capacidad de diferenciación. De esta forma, la piel pierde volumen, las arrugas se tornan más profundas y las mejillas huecas.

Factores que previenen el envejecimiento prematuro

El primer factor tiene que ver con la alimentación. La piel necesita de una buena nutrición para tener buena salud y evitar la oxidación causada por los radicales libres. Por ello, requiere de antioxidantes, vitaminas, minerales y demás nutrientes que aporten a su regeneración. Por ello, debemos consumir alimentos como frutas, verduras, legumbres, carnes magras, frutos secos, pescados azules, entre otros.

Otro aspecto importante es el descanso. Durante las horas de sueño nuestro cuerpo segrega sustancias que intervienen en la regeneración celular para mantener la piel en buen estado. Por ello, se recomienda dormir al menos 8 horas diarias sin interrupciones. Caso contrario, hay mayor riesgo de sufrir un envejecimiento rápido de la piel y que aparezcan los primeros signos del daño.

Por otra parte, tener la piel hidratada es indispensable para cuidar su aspecto. Beber agua contribuye a eliminar toxinas y a mantener el cutis sano. El agua funciona como un humectante desde adentro hacia afuera, a diferencia de los productos que se aplican en el cutis y que cumplen la misma función. Beber dos litros de agua al día es lo recomendable, aunque puede variar de acuerdo con el desgaste o sudoración constante.

Este cuidado se puede complementar con diferentes productos faciales con función hidratante. Sin embargo, es necesario analizar las características de cada dermis para optar por el producto cosmético y farmacéutico adecuado. Según Alejandra Flores, portavoz de REVIEWBOX, un producto hidratante eficiente y de calidad debe contener tanto ácido hialurónico como péptidos. Estos compuestos ayudan a conservar las moléculas de agua de la piel, mejorando los niveles de hidratación. Adicionalmente, promueven la creación de colágeno.

«Estos productos resultan útiles para prevenir el envejecimiento prematuro y protegernos de la contaminación, otro factor que ataca la piel. Al respecto, compañías como Virginia Barrau (Zaragoza, España), han creado líneas de cosméticos especialmente destinadas para reparar la función barrera de la piel, por ejemplo», afirma Flores.

Además de la hidratación, debemos proteger la piel del sol, puesto que la exposición constante a los rayos UV son la principal causa del fotoenvejecimiento. Además, la luz ultravioleta daña las fibras del colágeno. El protector solar y el uso de gafas o sombreros son indispensables cuando salgamos al exterior, especialmente en verano.

Por último, debemos evitar el consumo de tabaco. El humo seca la piel y reduce la cantidad de flujo que llega a esta, con lo cual el oxígeno y demás nutrientes se ven obstruidos, lo cual desencadena la deshidratación.