No cabe xenofobia alguna en España si atendemos a la necesidad real de inmigrantes a los que se refiere el periodista Xavier Caño Tamayo en este artículo. Habla también de los millones de españoles emigraron hace no muchos años a otros países de Europa para huir de la represión y para contribuir al desarrollo económico del país con sus envíos de dinero.

Por Xavier Caño Tamayo

 España necesita 12 millones de inmigrantes desde hoy hasta 2050 si quiere mantener su capacidad productiva. Por tanto, tendrá que aceptar unos 140.000 inmigrantes al año para poder producir a buen ritmo. En caso contrario España se convertirá en país de viejos cuya vida económica languidece incesante sin visos de recuperación. Necesitamos a los inmigrantes.

España es un país de emigrantes desde hace un par de siglos, especialmente a América Latina y Europa. ¿Ahora somos nosotros los xenófobos? La emigración española masiva más próxima fue en los años 60 del siglo XX, cuando dos millones de españoles salieron del país, impulsados por la necesidad, hacia Suiza, Alemania, Bélgica, Francia, Gran Bretaña y Holanda. La mitad lo hicieron sin contrato de trabajo; es decir, eran inmigrantes irregulares. Datos oficiales de esa época de los países receptores de emigrantes españoles demuestran que, de 1960 a 1969, la tasa media de emigración sin contrato fue del 51% de emigrantes. La mitad. Se fueron para meses, se quedaron cuarenta años y fueron mano de obra barata, pero muy laboriosa. Además, no cabe duda de que sus salarios enviados a España contribuyeron en muy gran medida al desarrollo económico del país.

Pacto Mundial sobre la Migración

Recientemente la ONU ha aprobado en la ciudad marroquí de Marrakech el Pacto Mundial sobre Migración, votado por 164 países de los 193 que forman la ONU. Aunque no es vinculante, es una clara toma de partido contra la xenofobia y las posturas racistas contra la inmigración y los refugiados. ONG y especialistas en migración lo consideran positivo a pesar de su poca ambición como primer marco internacional para «facilitar una migración segura, ordenada y regular».

Migraciones y desplazamientos de refugiados no han sido seguros ni ordenados. En la ruta migratoria del Mediterráneo que lleva hasta España, ha aumentado la mortalidad de migrantes. Fueron 113 muertos el año pasado y, éste, 318. Según ACNUR, el aumento de muertos en el Mediterráneo se produce por la reducción de la búsqueda y rescate de migrantes y refugiados náufragos en la costa de Libia. Lo demuestra el hecho de que, cuando en 2017 hubo ocho ONG dedicadas a rescatar migrantes náufragos, salvaron a 39.000 personas. Pero en los primeros siete meses de 2018, solo la poco fiable Guardia Costera libia se dedica con dos patrulleras a buscar migrantes en apuros. Sólo han quedado en la zona dos ONG para tareas de rescate.

Huir o morir

En 2010, cuando se disparó la llamada crisis migratoria, la persecución política o religiosa, los inacabables conflictos armados, tanto en oriente próximo como en África, así como las sistemáticas violaciones de derechos humanos en muchos países forzaron a mucha gente a huir de sus países, buscar seguridad en Europa y escapar de la pobreza.

Algo más de 108.000 personas han arriesgado su vida al intentar llegar a Europa este 2018 y se teme que algo más de 2.000 hayan muerto ahogadas. La marcha hacia Europa continúa cobrándose muchas vidas humanas: desde 2017, más de 2.700 personas han muerto o desaparecido al cruzar el mar Mediterráneo. Innegable indicador del fracaso de la política migratoria de la UE.

Otra prueba del peor enfoque en la respuesta europea al fenómeno migratorio, incluso de mala fe, es que demasiados estados miembros de la UE han levantado en los últimos años más de 1.000 kilómetros de muros para intentar frenar la migración; tantos como seis muros de Berlín. Así lo explica el informe Levantando muros del Centro Delàs de Estudios por la Paz.

Pero ha sido en vano. Hace poco más de 30 años, el Muro de Berlín aparecía inamovible e infranqueable. Pero cayó. Una gran movilización ciudadana lo derribo en días.

Gran parte de países miembros de la UE se empecina en convertir Europa en una fortaleza que, no obstante, no impedirá la llegada de migrantes, con o sin papeles. Como se dice en buen castellano, no se pueden poner puertas al campo y el fenómeno migratorio y de refugiados continuará porque es imparable. Y lo es porque responde a necesidades esenciales de los seres humanos: seguridad, paz y vida digna. Una realidad que la derecha nunca tiene en cuenta y, olvidando el drama de migrantes y refugiados, sin la menor empatía, busca réditos electorales en la tragedia de la emigración. Por eso el portavoz del Partido Popular (PP) en el Senado, Ignacio Cosidó, acusó en falso al gobierno de Sánchez de provocar “efecto llamada” entre los emigrantes al aceptar que atracara en puerto español el buque de rescate Aquarius y anunciar que retiraba las cuchillas de la valla de Melilla. Cosidóha exigido al gobierno “aumentar las expulsiones” de migrantes y solo la buena educación impide calificar con el mayor desprecio tal insolidaridad de la derecha española.

Cuando despotrican contra la inmigración, mienten. Lo hizo Pablo Casado, presidente del PP, al afirmar que “no es posible que España absorba millones de africanos que quieren venir a Europa buscando un futuro mejor”. E insistió en la falacia de que “un millón de inmigrantes esperan en las costas libias” para viajar a Europa. Y, continuó, contumaz: “50 millones de africanos recaban dinero para poder hacer las rutas migratorias”.

Mentiras

Esos millones de africanos al acecho no aparecen en ningún estudio digno de crédito. Casado mintió al decir que la cifra millonaria la obtuvo de una ONG, pero luego dijo que sacó esos datos de una declaración del presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani publicadas por el diario Die Welt. En ellas, Tajani asegura, sin citar fuente alguna ni ningún dato comprobado, que “podrían llegar a la Unión Europea hasta 30 millones de africanos”. Tajani es fundador y miembro destacado del partido de Berlusconi, Forza Italia. ¿Hace falta alguna explicación más?

Ese millonario número de expectantes africanos “es la típica cifra sin contrastar utilizada por quienes buscan propagar el miedo a la inmigración”, según Amparo González, socióloga del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y, ella sí, experta en Migraciones.

Contra las mentiras de Pablo Casado está el hecho documentado de que, desde 2016 han llegado a la Unión Europea por el mar Mediterráneo unas 600.000 personas y, desde 2005, han llegado a España de forma irregular 220.000 migrantes. Unos 17.000 migrantes irregulares al año. Sin olvidar las conclusiones del estudio de la ONU: España necesita 12 millones de inmigrantes.

Rosa Luxemburgo planteó en cierta ocasión el dilema para Europa y el mundo de elegir entre la barbarie y el socialismo. Hoy cabe trasponer una disyuntiva similar. O se acepta la inmigración sin histerias ni xenofobia, como busca el Pacto Mundial sobre Migración, o la alternativa es la injusticia y el desastre.