Se dice que la fama de Puerto Vallarta tras el rodaje de La noche de la iguana acabó con su naturaleza virgen pero también supuso la llegada del agua potable, la escolarización de los niños de la zona y la erradicación de enfermedades. Para evitar que el alcohol y los egos de Richard Burton, Ava Gardner, Deborah Kerr y Sue Lyon frustraran su proyecto, el director John Huston ideó una peculiar solución.

MADRID, España.- La película La noche de la iguana convirtió a Puerto Vallarta, Jalisco, en lugar muy atractivo para el turismo en México, en 1963. La cinta estaba protagonizada por cuatro de los actores con más popularidad en los años sesenta: Richard Burton, Ava Gardner, Deborah Kerr y Sue Lyon.

Desde el principio del rodaje, su director, John Huston, temió que el ambiente idílico, el alcohol y los egos chocantes de los artistas pudieran suponer un problema para la filmación y decidió comunicárselo a ellos. Pero lo hizo de una forma que pudo llegar a teñir de rojo las playas blancas de Puerto Vallarta.

La noche de la iguana

La cinta adapta una obra de teatro escrita por Tenesse Williams y ambientada en la costa de México en los años 40. Trata de un al ex sacerdote T. Lawrence Shannon, interpretado en el film por Burton, que viaja a México y se ve obligado a trabajar como guía turístico. Tras un conflicto amoroso con una joven, a la que da vida Sue Lyon, Shannon huye a Puerto Vallarta, donde la historia continúa explorando las relaciones del antiguo reverendo con los personajes de Ava Gardner y Deborah Kerr. La historia está inspirada en las experiencias que Tenesse Williams tuvo en un hotel a las afueras de Acapulco en 1940.

La obra ya había triunfado en Broadway, con Bett Davis como protagonista y los directivos de Hollywood quisieron trasladar su éxito a la gran pantalla con grandes celebridades del momento.

Las similitudes entre realidad y ficción eran bastante palpables. La popularidad y atractivo de todos los actores amenazaba con darle vida a esta especie de historia de poliamor también detrás de las cámaras. Según contó su director más adelante, en el rodaje corría el alcohol a mansalva e incluso corría el rumor de que Richard Burton desayunaba cerveza.

John Huston y México

Huston pensó que juntar a todas estas estrellas en un mismo set de rodaje podía atraer la atención de la prensa y los fans, por lo que decidió trasladar la grabación a una zona alejada de Hollywood. El entonces pueblo costero de Puerto Vallarta, Jalisco, en México, se convirtió en escenario perfecto

Se cuenta que Ray Stark, ejecutivo hollywodiense encargado del proyecto, eligió a Huston por su estrecha relación con México. En 1948 había visitado Durango para rodar El Tesoro de Sierra Madre, una de las primeras películas estadounidense en rodarse fuera del país.

El director había viajado varias veces a las costas de México en los años 20, cuando la localidad tenía poco más de 2.000 habitantes. La localidad tiene una estatua dedicada al director, instalada en el 25 aniversario del estreno de la película.

Huston había vivido en varios lugares del país e incluso trabajó como agregado militar en el ejército mexicano. En estas travesías se encaprichó del pequeño pueblo y creyó que su naturaleza en estado puro y su difícil acceso beneficiarían el anonimato de la película.

Revólveres y balas de oro

Antes del viaje, el director reunió a los actores y les regaló a cada uno un pequeño maletín que contenía un revólver Derringer y unas balas doradas que tenían escritas el nombre del resto de actores.

“Si las necesitáis, utilizadlas, y así me evitáis a mí problemas», les dijo.

El rodaje podía haberse convertido en una ruleta rusa pero, quizá por la advertencia de Huston o por el ambiente paradisíaco, los revólveres no llegaron a usarse y el rodaje transcurrió con normalidad.

Incluso en blanco y negro, los escenarios de La noche de la iguana sorprendieron al público y pronto todos se preguntaban dónde podían encontrar esas majestuosas playas. A raíz de la cinta, el turismo aumentó en la zona. Huston se mostró conforme a medias con el boom que supuso la película para Puerto Vallarta. Los hoteles y apartamentos acabaron con la naturaleza salvaje y las playas vírgenes pero también supuso la llegada del agua potable, la escolarización de los niños de la zona y la erradicación de enfermedades como el tifus y la fiebre tifoidea, según varias fuentes.

La película fue un éxito y consiguió el Óscar a mejor vestuario y tres nominaciones, entre las que se encontraba el Óscar a mejor fotografía de 1965. Justamente el conocido fotógrafo mexicano Carlos Figueroa había participado en el proyecto.