“Es indiscutible: a España le puede ir bien si a México le va bien. Pero si a nuestro país le va mal, a España le puede representar mucho más que un simple dolor de cabeza”. Bernardo Graue reflexiona en este artículo cómo puede afectar a España la posible elección de López Obrador el 1 de julio en México.

Por Bernardo Graue Toussaint

MADRID, España.- Llama la atención la escasa atención mediática y política que se da en España al proceso electoral mexicano. Es claro que los sucesos internos españoles son indudablemente importantes, pero considero que el peso y la importancia de la relación bilateral merece una mejor observación.

Un error de los políticos y de la prensa española es meter todo en ese gran paquete llamado «Iberoamérica». Pienso que México (por su propio peso político; por el intercambio de inversiones y por la intensidad de las prácticas comerciales) merece, sin lugar a dudas, una observación singular.

Ante una posible victoria electoral del candidato de la alianza «Juntos Haremos Historia» Andrés Manuel López Obrador, resulta indispensable valorar si sus «dichos», transformados en «hechos», pudieran representar un factor de preocupación para los intereses de México y de España.

Durante la campaña proselitista, este candidato presidencial ha planteado una serie de polémicas propuestas políticas y económicas, las cuales -en muchos de los casos- carecen de argumentos sustantivos que demuestren su viabilidad y conveniencia, lo que pudiera derivar (de llegar éste al poder) en un excesivo gasto público; en un endeudamiento elevado; en un descontrol de las finanzas públicas y en una descomposición de la economía.

La excesiva estridencia política entre los diversos candidatos presidenciales no ha permitido, además, un análisis sereno de las diversas propuestas políticas y económicas, lo que ha provocado una incertidumbre sustantiva sobre las perspectivas de futuro. Ha sido una contienda de muy baja calidad por parte de todos los candidatos y sus partidos.

En este sentido, conviene aclarar que una cosa pueden ser los «dichos» en campaña y otra muy distinta sean los «hechos», ya estando al mando del timón del barco. El riesgo, quiero subrayar, radicaría en que (de manera irresponsable y obsesiva) AMLO pretendiera pasar de lo uno a lo otro, sin reparar en las consecuencias.

Ahí se podría iniciar una peligrosa andadura hacia el descalabro económico. 

Por lo mismo, estoy convencido de que no sería positivo (de ganar las elecciones, como apuntan la mayoría de los sondeos) que Andrés Manuel López Obrador y su partido lograran una mayoría absoluta en la Cámara de Diputados y en la de Senadores.  En las democracias modernas resulta indispensable que el ejercicio de gobierno se realice con sanos contrapesos legislativos. En un país con las características de México y dada la propia personalidad de Andrés Manuel López Obrador, se acentúa aún más esa necesidad de equilibrio legislativo.

A 15 días de la elección, López Obrador lidera claramente los sondeos. Gráfico: REFORMA

Impacto económico

En materia económica, es claro que los riesgos no se verían en el primer año de gobierno, dado que AMLO asumiría el poder -de resultar electo- el 1 de diciembre de 2018 y, por tanto, estaría obligado a ejercer el presupuesto para 2019 aprobado por la anterior legislatura del Congreso.

Los problemas podrían observarse a partir del segundo año, una vez que empezaran a surtir efecto las primeras medidas, reformas y contrarreformas que López Obrador ha prometido en campaña, muchas de las cuales representan un retroceso serio en el marco de la modernidad y la presencia global de México.

Otros factores de riesgo, como la complicación en la relación entre México y los Estados Unidos (derivada por el arribo de Donald Trump al poder) pueden acentuarse aún más, tanto por el debate en torno al futuro del TLCAN (en el marco de la guerra comercial global emprendida por el mandatario norteamericano), como por la incertidumbre sobre cómo sería la relación Trump-AMLO.

México es un magnífico socio político y comercial de España. Varios son los ejemplos que pueden dar cuenta de esta importancia: el nivel de la inversión española en México; el intercambio comercial entre ambas naciones; la creciente inversión de grandes empresas mexicanas en España; la innumerable presencia de PYMES españolas que llevan a cabo actividades comerciales y de servicios en territorio mexicano; la mayoritaria participación accionaria española en importantes regiones turísticas como la Rivera Maya.

El caso BBVA 

También es destacable la presencia de grandes empresas ibéricas de la industria de la construcción en nuestro país. No podemos dejar de subrayar las actividades de las principales entidades financieras españolas, como es el caso de BBVA.

En sus actividades en territorio español, BBVA reportó beneficios de 1,381 millones de euros, un 16.4% del total del grupo en 2017. Durante el mismo periodo, México generó la mayor parte de los positivos resultados de esta entidad financiera.

Basta recordar que la filial BBVA-BANCOMER logró un beneficio de 2,162 millones de euros, lo que representó un peso del 40.3% de los beneficios globales del grupo. No es poca cosa.

Es indiscutible: a España le puede ir bien si a México le va bien. Pero si a nuestro país le va mal, a España le puede representar mucho más que un simple dolor de cabeza.

Por lo mismo, valdrá la pena realizar un análisis de prospectiva sereno, puntual y cuidadoso durante el corto y medianos plazos en lo relativo a ese proceso electoral y a todas las coyunturas que de éste deriven. Resulta evidente que España debe tomarse muy en serio lo que está aconteciendo en México.