En esta nueva columna de opinión el ex diplomático y analista Bernardo Graue Toussaint se dirige al presidente electo Andrés Manuel López Obrador para “subrayar algunos aspectos preocupantes de su actuación poselectoral”.

Por Bernardo Graue Toussaint

Sr. Presidente electo López:

A pocas semanas para que asuma el cargo, resulta conveniente subrayar algunos aspectos preocupantes de su actuación poselectoral. Y subrayó la preocupación, porque pareciera que anticipa un gobierno poco tolerante, poco transparente y con cierto tufillo dictatorial.

Las comparaciones siempre son odiosas. Ciertísimo, pero usted está dando motivos para ello. En diversos regímenes totalitarios latinoamericanos, la persecución a la prensa, a la crítica, a la opinión distinta, es su sello característico. Digo lo anterior, porque en las últimas semanas, usted se ha dedicado a mofarse de los señalamientos en prensa respecto de su actuar, sus propuestas y ocurrencias.  No quiere que se le compare con dirigentes y regímenes totalitarios, pero ya actúa como uno de ellos.

Pareciera que pedirle a usted información o claridad respecto de los principales temas del próximo gobierno es un insulto. El derecho a la información es (aunque no le guste) un derecho de la sociedad . Ésta merece contar con información clara del quehacer gubernamental y es una obligación de los servidores públicos proporcionarla. En una sociedad democrática (aunque no le guste) esa obligatoriedad no está ni debe estar a debate.

En este sentido, he de recordarle que otra característica de los regímenes totalitarios, (esos con los cuales usted rechaza que se le compare) es la opacidad. Desde que usted ganó -legítimamente- las elecciones, no ha parado de hacer promesas; de ofrecer apoyos económicos a diestra y siniestra; de anunciar programas multimillonarios para determinados proyectos; de desaparecer programas vigentes o dependencias gubernamentales sin mayor explicación que su opinión personal; de anunciar partidas presupuestales extraordinarias en todo mitin al que acude.

Todo lo mencionado en el párrafo anterior, se produce en una antidemocrática falta de transparencia; de explicación clara de tiempos, forma de obtención de recursos y sustento legal para la aplicación de sus proyectos. Todo en usted es promesa sin claridad y está empezando a causar inquietud y nerviosismo relativos a una futura y posible inestabilidad económica por manejo irresponsable de las finanzas públicas.

Ante las críticas, entonces emerge en usted el personaje intolerante, con expresiones como la siguiente: «!Les guste o no les guste a nuestros adversarios, a los fifís, a la prensa fifí, vamos a construir el Tren Maya. Me canso ganso, les guste o no les guste!”.

Tal lamentable expresión, Presidente electo, puede parecer atractiva en tiempos de campaña. Hoy, usted está a punto de asumir el cargo de Presidente Constitucional. Hoy debe mesurar su lenguaje. Para la realización de sus proyectos (aunque no le guste) se debe demostrar su conveniencia; su viabilidad de realización; su pertinencia económica frente a otros retos de la sociedad mexicana. No basta su querer personal.

El pasado 17 de julio publiqué lo siguiente: «Podemos entender la euforia después de tan apabullante victoria electoral, pero ello no implica que, ante cada idea u ocurrencia que anuncie el Sr. Presidente electo, se tenga que conceder un sí en automático, sin reparo en la legalidad de la propuesta; su viabilidad, la conveniencia o el costo-beneficio de determinada decisión. Ese coche llamado México NO ES SUYO y sólo se le permitirá conducirlo durante seis años. Usted lleva pasajeros a los que debe trasladar con prudencia y seguridad. No puede ni debe hacer lo que quiera con el coche. Tampoco se le pueden permitir imprudencias que pongan en peligro a quienes vamos a bordo. Por más votos que haya tenido, no está autorizado para manejarlo «a su manera». SERÉNESE».

Por lo anterior, Presidente electo, me permito transmitirle mi opinión:

Guárdese sus expresiones como «¡me canso ganso!» o la de «les guste o no les guste». Esas formas son más apegadas a las de un bravucón gandalla de barrio, que las de un Presidente de México. Son las propias de un aprendiz de dictador, no las de un demócrata.

graue.cap@gmail.com