La mayor multitud reunida para presenciar un partido de fútbol se dio cita en el estadio Maracaná de Rio de Janeiro en la final del Mundial de 1950, cuando Uruguay venció a Brasil por 2 a 1 en los últimos minutos ante los ojos atónitos de 200.000 espectadores. Aquel triunfo ha pasado a los anales del fútbol internacional con el nombre de “Maracanazo”, una forma de denominar el triunfo de un equipo en campo ajeno y con todos los factores en contra. En Rio de Janeiro no se recuerda una noche más triste.

El fútbol es una seña de identidad del país. “En Uruguay nacemos futbolistas y si no podemos ser futbolistas nos dedicamos a otra cosa”, dice Raúl Castro, director de la murga Falta y Resto, una de las agrupaciones más queridas del carnaval de Montevideo. Ganar a Argentina es generar la fantasía de que Uruguay puede más que Argentina, es una especie de guerra nacionalista sobre el terreno de juegoLo mismo que ocurrió en el Estadio Azteca en junio de 1986. La mano de Dios no fue solo una de las mejores jugadas de la historia a cuenta de Diego Armando Maradona, sino que sobre todo fue un triunfo de los argentinos sobre los ingleses, mucho mayor por la reciente Guerra de las Malvinas.

Las hinchadas son como sindicatos, muchos grupos incluso tienen sus propios periódicos quincenales en los que publican información deportiva” dice Emiliano, hincha de Los Pumas, el equipo de fútbol de la Universidad Autónoma de México. Su eterno rival es el América, un equipo financiado por la cadena de televisión Televisa. “Las hinchadas de las universidades son quizá las más fieles a su equipo” afirma Emiliano. Pasa lo mismo con los equipos de Monterrey o Guadalajara, que se organizan también en torno a la Universidad.

Hinchas vs. delincuentes

Universidad de Chile es uno de los equipos de fútbol más populares del país. En un comunicado público fechado a 17 de febrero de 2012, el club instaba a sus aficionados a participar en la campaña “hinchas versus delincuentes” y a denunciar de forma anónima ante el club los actos de violencia. En el mismo comunicado el club afirma estar comprometido de forma permanente para que vuelvan las familias al estadio y “hará todo lo que esté a su alcance para contribuir a la erradicación definitiva de los actos de violencia”.

Es una de las campañas más fuertes en este sentido promovidas por un club de fútbol. La actitud normal suele ser pasar la responsabilidad a la policía y, nunca mejor dicho, “echar balones fuera”.  La hinchada de Universidad de Chile es conocida popularmente como “Los de abajo” por la posición de los hinchas en el estadio tras su separación en 1988 de la entonces hinchada oficial “Imperio Azul”.

Esta hinchada tuvo su momento álgido el 18 de diciembre de 1994, cuando los aficionados saltaron al campo desbordados por la alegría de haber ganado su primera copa después de 25 años de fracasos e incluso haber superado un descenso a segunda división.

No importa cuantos partidos se pierdan, no importa cuantos se ganen, lo verdaderamente importante es ver cómo el equipo sale a defender. Un verdadero hincha es un caballero fiel, alguien capaz de no perder la esperanza ni la fe incluso tras perder una final. Un romántico viajero, un “mendigo del buen futbol” que, como decía el escritor uruguayo Eduardo Galeano, “ruega por una linda jugadita”, y cuando esta llega, es agradecida.


Este artículo es la tercera parte de la trilogía «El fútbol en América». Si te gustó, no te pierdas «Aproximación a un sentimiento inexplicable» y «Del juego de pelota maya a la violencia por los colores».

Fotografías: Estadio Azteca y Universidad de Chile