Se estima que hasta 700.000 personas mueren cada año en el mundo por procesos infecciosos como la neumonía o la gonorrea, enfermedades para las cuales nos quedamos sin armas ante un creciente escenario de resistencias a los antibióticos.

Por Carmen González Rincón.

CEUTA, España.- Con la quinta temporada de ‘Outlander’ recién terminada muchos han podido conocer los estragos que la falta de antibióticos conlleva: muertes por heridas o infecciones, leves hoy para nosotros.  Claire Fraser, cirujana en 1960, viaja en el tiempo hasta el siglo XVIII en la búsqueda de un microscópico y desconocido hongo en la época, el Penicillium. Con los escasos recursos que la época le ofrece -solo pan duro y frascos de vidrio- pero con sus conocimientos en medicina del siglo XX, Claire pretende adelantarse casi 200 años a la historia escrita por Alexander Fleming, Ernst Boris Chain y Howard Walter Florey.

Descubrimiento de la Penicilina, un accidente

Fue en 1928 cuando, tras un mes de vacaciones, Fleming se encontró en su puesto de trabajo con unas placas con cultivos bacterianos que parecían haberse echado a perder con hongos. Afortunadamente para nosotros, al lavarlas Fleming paró a curiosear con un compañero aquellos hongos azules que habían crecido sobre las bacterias, y fue entonces cuando se percató de la aparición de un halo transparente que indicaba la destrucción celular.

Su carácter tímido impidió que el descubrimiento tuviera mayor trascendencia y quedara solo en sus círculos más cercanos. Aun así, el hallazgo resultó de interés para muchos y la aplicación clínica no tardó en llegar. En 1930 un discípulo del propio Fleming lo empleó para tratar una afección ocular en neonatos.

Chain y Florey continuaron los estudios y purificaron la molécula hasta conocer mejor sus propiedades y establecer las bases para la producción industrial de este principio.

Impacto de la resistencia a los antibióticos en la salud pública

Los primeros años de empleo de este antibiótico hicieron parecer que todos los problemas asociados a las enfermedades infecciosas bacterianas habían desaparecido, pues incluso se pudo constatar su impacto sobre el Mycobacterium tuberculosis, agente causal de la tuberculosis. Sin embargo, su uso desmedido hizo que las bacterias se volvieran resistentes y la penicilina perdiera sus superpoderes descubiertos por la ciencia.

El resto de antibióticos corren la misma suerte que la penicilina en la actualidad. Durante toda la segunda mitad del pasado siglo, las industrias farmacéuticas dieron un enorme arsenal de antibióticos a la medicina humana y veterinaria, pero su uso indiscriminado nos ha puesto en una situación vulnerable al forzar la evolución y selección de cepas bacterianas resistentes, y ahora algunas como el SAMR –Staphylococcus aureus resistente a la meticilina- pone en jaque a los mejores centros médicos.

Casi de forma premonitoria, en su discurso por el Nobel, Fleming ya predijo lo que podría suceder si no se controlaba el consumo de los recién descubiertos antibióticos.

«Existe el peligro de que un hombre ignorante pueda fácilmente aplicarse una dosis insuficiente de antibiótico, y, al exponer a los microbios a una cantidad no letal del medicamento, los haga resistentes», dijo el científico.

En la actualidad, la pérdida de actividad de muchos de estos fármacos está poniendo a las autoridades sanitarias en alerta. Con el fin de regular este problema en México se reguló la dispensación de antibióticos en de mayo de 2010. Por su parte, en España se aprobó el Plan Estratégico y de Acción para Reducir el Riesgo de Selección y Diseminación de Resistencias a los Antibióticos en 2014.

Claire, nuestra protagonista de ficción, lucha cada día en un escenario sin antibióticos donde ve morir a jóvenes con heridas de guerra, por mordeduras de animales o mujeres tras dar a luz. Ahora, con una mayor asepsia quirúrgica y unos protocolos bien establecidos, no correríamos quizá los mismos peligros. Pero en un mundo sin antibiótico, la mortalidad por una infección post-operatoria podría aumentar del 1% a casi el 50%.