La periodista mexicana Elda Cantú habló de sus obsesiones fronterizas y de la riqueza de la crónica como género periodístico en la mesa que moderó el escritor Sergio del Molino y en la que participaron Santiago Roncagliolo y Joseph Zárate. Así abría la primera jornada del Festival Eñe, que tiene a México como primer país invitado y a la Casa de América como una de sus principales sedes.

MADRID, España.- Comenzaron a llegar desde Venezuela miles de personas en la época en que Elda Cantú vivía en Perú.

«Cambiaba mucho la respuesta si, en lugar de preguntarles por qué habían venido a Perú, que implicaba un juicio de valor, les preguntaba dónde estaban en el momento que habían decidido dejar su país», dice la periodista mexicana.

Le sorprendió constatar que estas personas recordaban la fecha, si en aquel día les habían pedido el documento de identidad al comprar un remedio para los niños de forma que no lo volvieran a solicitar, o el momento en que les dijeron que arreglar el aire acondicionado costaba lo mismo que un mes completo de alquiler.

Ese cambio en la pregunta dejaba de lado juicios de valor y presentaba una realidad con la que cualquiera puede empatizar, una de las claves en el periodismo.

Las migraciones forman parte de las “obsesiones fronterizas” con las que ha convivido desde que nació en Tamaulipas, al norte de México, y que le han facilitado su puesta en el lugar de millones de personas que cruzan una frontera.

Para Cantú, la crónica puede nutrirse de recursos literarios y poéticos para conseguir esa conexión con el lector y un grado de empatía que permita conocer la magnitud de fenómenos abstractos y de una magnitud como las migraciones.

La periodista recuerda que el muro siempre ha estado ahí, pero su presencia en la agenda de los medios de comunicación a partir de Donald Trump la ha llevado a poner en palabras una experiencia personal que ha marcado su visión de la vida.

Si tienes claro que escribimos sobre personas, todas las historias que contamos, por más urgentes o por más pequeñas que sean, tienen la realidad como premisa”, dice la escritora en consonancia con lo que expusieron Santiago Roncagliolo y Joseph Zárate, sus compañeros en la mesa Cuando la ficción no basta. Crónicas del siglo XXI que dinamizó el escritor Sergio del Molino en el Festival Eñe, que tiene a la Casa de América como una de sus sedes.

Cantú considera que el género de la crónica, amenazado por el modelo empresarial de los medios, puede apoyarse en las nuevas tecnologías para conseguir colaboraciones entre periodistas y así sobrevivir. Así conoció a Zárate. Como directora de Etiqueta Negra, le encargó una crónica sobre una mujer ingeniera en medio de la selva del Amazonas que desarrollaba un proyecto de reciclaje.

Esta experiencia y trabajar con comunidades indígenas lo llevó a preguntarse porqué escribía sobre ese tema y, al mismo tiempo, al recuerdo de su infancia de su abuela, a quien empezó a entrevistar.

Empecé a escribir sobre personas con otro concepto de progreso, que se define en términos de sus vínculos con la tierra y con su identidad”, dijo el cronista peruano, que con estas historias emprendió un viaje de autoconocimiento paralelo al conocimiento de las comunidades con las que convivía en su quehacer periodístico.

Zárate comparó la crónica a la producción documental, con la diferencia de que el cronista se tiene que servir del lenguaje para construir puentes de empatía con el lector.

Citando a Svetlana Aleksievich, Nobel de literatura y autora de Los muchachos del zinc, Roncagliolo afirma que la crónica y el periodismo permiten disminuir a una dimensión humana los grandes acontecimientos de la historia por grandes hombres y mujeres.

Para este cronista consagrado por su legado novelístico que fagocita el resto de facetas de su trabajo, la crónica ayuda a recuperar a las personas al diluir etiquetas. Durante sus años en Barcelona, en ocasiones ha sentido que no encaja con todos los rituales que para muchos implican ser catalán y que sus opiniones no siempre han sido bienvenidas.

Así que fui una vez a una manifestación de banderas españolas para darme cuenta de que ahí tampoco pertenecía, no era parte del grupo”, dijo sobre uno de sus aprendizajes relacionados con las etiquetas de las que se apropian unos y otros: la izquierda habla en nombre del pueblo y la derecha lo hace en nombre de la patria. Contra lo que los ponentes coincidieron en llamar “periodismo de escupitajo”, la crónica tendrá siempre cabida para contar lo que les ocurre a las personas, aunque tengan que convertirse en libro para adaptarse a los formatos, como ha ocurrido con estos autores capaces de inspirar a nuevos y viejos periodistas.