El historiador y escritor Agustín Sánchez González ofrecerá la conferencia Más allá de las calaveras el próximo sábado, 26 de octubre, en la galería independiente del CSA La Tabacalera de Madrid para ofrecer un contexto social e histórico que trasciende a las ‘catrinas’, creación del genio de José Guadalupe Posada y uno de los símbolos más poderosos y reconocidos de la cultura de México.

MADRID, España.- La primera imagen de ‘La Catrina’ apareció en 1873, en un grabado de metal publicado en un diario mexicano. El ilustrador José Guadalupe Posada acostumbraba a realizar grabados y dibujos sobre aspectos de la sociedad y actualidad del momento, a menudo críticos con las clases altas. Con su trabajo, el artista satirizó políticas y situaciones sociales durante los gobiernos de Benito Juárez, Sebastián Lerdo de Tejada y Porfirio Díaz.

Desde entonces ha ido en aumento la presencia de estas elegantes calaveras conocidas como catrinas en los altares de muertos. Este símbolo mortuorio también se ha convertido en el disfraz más alegre de la celebración del Día de los Muertos.  Los mexicanos se maquillan como ella y pasean por las calles, dando la sensación de que todos los esqueletos del país se han levantado para pasear entre los vivos por una noche.

Las catrinas son el símbolo de esta tradición que combina ritos prehispánicos con rasgos del cristianismo. El nacimiento de este personaje se remonta a finales del siglo XIX. Pero su creador dio a luz a este ser cadavérico con unas intenciones muy distintas y no tan alegres.

En los diarios en los que aparecían sus grabados el artista solía publicar “calaveras literarias”, un género que se comenzaba a popularizar en la época. Las calaveras eran textos en verso que solían publicarse en la víspera del Día de los Muertos. Están escritas en tono crítico y burlón y solían aparecer en periódicos de combate, como se conocía a los diarios más críticos hacia el gobierno vigente.

Actualmente es típico que familiares y amigos se regalen una calaverita literaria en el Día de Muertos.

Como muchos autores José Guadalupe solía acompañar estos escritos con dibujos de calaveras y esqueletos en situaciones cotidianas. En esa ocasión creó un diseño de una calavera con un enorme sombrero de plumas, al estilo de la moda europea de entonces.

Exposición para despertar en Madrid el genio de José Guadalupe Posada

Guadalupe llamó a su creación “calavera garbancera” en referencia a las personas de sangre indígena que dejaron de vender maíz para dedicarse a la venta de los garbanzos. Estos mexicanos renegaban de sus herencia cultural y Posada les dedicó una calaverita junto a su nueva creación:

En los huesos, pero con sombrero francés con plumas de avestruz.

«La muerte es democrática, ya que a fin de cuentas, güera, morena, rica o pobre, toda la gente acaba siendo calavera», dijo el artista.

Durante más de setenta años la calavera garbancera fue perdiéndose poco a poco, hasta que en 1947 el muralista Diego Rivera decidió que este ser cadavérico formara parte de una de sus creaciones. En el mural Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central, Rivera colocó a muchos personajes de la historia y la cultura mexicana como Hernán Cortés, Sor Juana Inés de la Cruz o Benito Juárez. En el centro de la pintura aparece un esqueleto con el sombrero que Posada le había colocado siete décadas antes y con un vestido con el que Rivera decidió engalanarlo.

«El sueño de una tarde dominical de la alameda». Mural de Diego Rivera.

En este enorme mural Rivera retrata a José Guadalupe junto a su creación junto a la figura de la esposa de Rivera, Frida Khalo, y al propio artista de niño.

El muralista decidió rebautizar a la calavera garbancera como ‘La Catrina’. En el dialecto mexicano, una catrina o un catrín eran personas elegantes, que vestían con las mejores ropas y muy comunes entre la aristocracia del siglo XIX.

Rivera era conocido por su activismo político y por su labor de recuperar grandes hitos y personajes de la historia y cultura de México a través del arte. Con esta obra no sólo consiguió unir a más de treinta personajes que recorrían la tradición mexicana, creó un símbolo que se convirtió en un nuevo hito para el país. La figura se popularizó y se convirtió en un emblema de la Noche de Muertos, donde, gracias a las piernas que Rivera le había dado, la calavera garbancera podía caminar entre los vivos acompañada por el resto de difuntos.