El documental Dios no me perdona, de Josu Martínez, cuenta la historia de Lezo Urreiztieta. Un vasco que anhelaba convertir la isla mexicana de Guadalupe en un paraíso de libertad para ciudadanos vascos. Este sueño fue solo el último capítulo de una larga lista de aventuras de un hombre que luchó contra la represión franquista y salvó cientos de vidas.

 

MADRID, España.- La isla Guadalupe, en el Océano Pacífico, es una zona volcánica que forma parte del territorio de México, a pesar de que se encuentra a más de 200 kilómetros del país. Es una isla deshabitada salvo por grupos científicos que investigan su fauna. Pero en la década de los 50 esta isla representó el sueño de libertad e independencia de un vasco que salvó cientos de vidas en las primeras décadas del siglo XX, Lezo Urreiztieta.

Su historia, que supera en muchas ocasiones las fantasías de cuentos piratas, está narrada en la película documental Jainkoak ez dit barkatzen (Dios no me perdona) de Josu Martínez. La ambición de proyectar una Euskadi libre en una isla mexicana fue solo el último capítulo de una larga lista de aventuras en la historia de este “pirata del siglo XVI, nacido por error en 1907”.

Dios no me perdona reúne testimonios de conocidos, amigos y familiares que corroboran las aventuras de Lezo. Sus hijos y nietos, de dos matrimonios distintos, cuentan lo complicado que resultó para Urreiztieta conciliar la vida de estas dos familias con sus luchas contra el franquismo y por la independencia del País Vasco. El director, Josu Martínez, cuenta a Espacio Méx que desde el momento que oyó hablar de la hazañas de Lezo se sintió fascinado por su historia. Pero se dio cuenta que había muy poca información sobre este patriota vasco.

Lezo Urrietza, junto a su barco «Gudari». Imagen cortesía de Josu Martínez

El documental gira en torno a unas grabaciones en las que Martín Ugalde, escritor, periodista e historiador vasco, se entrevistó con Urreiztieta durante 35 horas. El célebre contrabandista sólo aceptó contarle su historia a Ugalde. En la película se reproducen sus conversaciones acompañadas de la voz de una narradora que complementa el relato en euskera.

Es la propia voz de Urreiztieta la que cuenta como comenzó con el contrabando de tabaco y mercancías a los 10 años.

El contrabando es algo más que dinero, es aventura”, se oye la voz de Urrietza en una de las grabaciones

En 1930 dio sus primeros pasos en política en el sindicato ELA y en el movimiento independentista JAGI JAGI. Pero es en 1934 cuando comienza una larga lista de aventuras para defender la libertad y sus ideales. Con el fracaso de la Revolución de Octubre de este año el gobierno de la II República comenzó una dura persecución contra los rebeldes. La represión costó la vida a 2.000 personas y otras 30.000 fueron detenidas, pero 826 rebeldes consiguieron escapar gracias a Lezo.

Con el comienzo de la Guerra Civil Española en julio de 1936, Urrietza se suma al apoyo del PNV a la República y usa su experiencia como contrabandista para transportar armas con las que luchar contra el bando nacionalista. Durante la guerra compra un palacio en Bretaña llamado Kerrotch, que sirvió de refugio para casi un centenar de exiliados.

En 1940 volvió a jugar un papel importante en la lucha contra el fascismo cuando el ejército alemán invade Francia. Llegando a oponerse a la decisión de la comunidad vasca residente en Francia, Urrietza ayuda a escapar a judíos y rebeldes y colabora con la Resistencia para oponerse al ejército nazi.

En el 1948 regresó a Asturias a petición de José Fernández Flórez, a quien él mismo había ayudado a escapar a Francia en el 34, para rescatar a su hijo “El nenón”. Disfrazado de sacerdote consiguió volver a España y ayudar a escapar al grupo de maquis que se ocultaba en las montañas.

Lezo junto a los asturianos que ayudó a escapar en 1948. Imagen cortesía de Josu Martínez

En todos los años que pasó en el exilio Lezo Urreiztieta siempre soñó con regresar, con el objetivo de asesinar a Francisco Franco. En 1950 organizó varios planes entre los que se incluía secuestrar al dictador y lo que él llamaba “El bombazo”. Estos intentos fueron denunciados y el gobierno francés le obligó a exiliarse en México. Allí, según cuenta, entabló amistad con mexicanos ilustres como la actriz María Félix y con uno de los lugartenientes de Pancho Villa

Dios me perdona incluye varias animaciones elaboradas por Adur Larrea, en las que se recrean algunas de las aventuras de Lezo Urrietza para transportar a rebeldes a zonas seguras. Imagen cortesía de Josu Martínez

Alejado de su familia y preocupado por enviarles dinero, llegó a la conclusión de que Euskadi nunca conseguiría la libertad en España y Francia. Y comenzó a fijarse en un islote en el Pacífico de México con los mismos kilómetros de costa que Euskadi. Su sueño estaba inspirado en proyectos como la creación de Israel, la ocupación galesa de una zona de la Patagonia a principios del siglo XX o la compra de Alaska por Estados Unidos. Pero, influido por la tradición del nacionalismo vasco, su ilusión era anticolonialista y le llevó a buscar una zona deshabitada.

Isla Guadalupe, en la costa de Baja California, se convirtió en su nuevo sueño, un lugar donde los vascos pudieran ser libres sin el control de España ni Francia y más tarde tampoco de México. Amigos suyos cuentan en Dios no me perdona como iba a todas parte con un mapa de isla Guadalupe en el bolsillo en el que había escrito nombre de ciudades vascas como Bilbao o Guernika. Su proyecto llegó a oídos de Lázaro Cárdenas que incluso llegó a reunirse con él.

Se llegó a hablar de un alquiler de 100 años para la isla, según cuenta Martínez. Pero la propuesta no convenció al patriota vasco que se planeaba construir ciudades en el islote y que temía que una vez finalizado el contrato los vascos fuesen expulsados de aquel paraíso de libertad.