«Estoy de acuerdo que todo México acabó harto de la campaña electoral y que desea que la ‘normalidad’ regrese. Pero las alabanzas, loas y odas expresadas en las últimas horas en torno a AMLO me dejan más que perplejo. Ha pasado -sin escalas- en tan sólo 48 horas de ser ‘personaje temido’ a ‘personaje esperanzador'».

Por Bernardo Graue Toussaint

Una semana antes, todo el barrio estaba horrorizado porque el personaje de peor prestigio del pueblo aledaño se mudaría como vecino propio. El personaje tenía fama de parrandero, borracho, corrupto, mentiroso, pendenciero, bravucón y jugador. Una fichita.

Todos presagiaban la serie de problemas que acarrearía al barrio la presencia de tan singular vecino. Nadie sabía de qué vivía el personaje de marras, aunque se tenían sospechas de su vida turbia. Sabían de historias terribles del pueblo vecino que daban cuenta de lo patético que era tener que convivir con el sujeto en mención.

Sus constantes pleitos y las trifulcas que armaban grupos simpatizantes del temido individuo daban cuenta del justificado temor que tenían en el nuevo vecindario al que se mudaría.

Llegó el día de la mudanza. Lo inevitable. El barrio pasmado. Llegó el temido nuevo vecino con toda su prole y el personal a su servicio. Compraron la casota más grande del vecindario. Pasmo total.

48 horas después, estas eran las hipócritas y resignadas frases entre los pasmados vecinos:

– «Pues hay que darle el beneficio de la duda”.

–  «Hay que desear que le vaya bien al vecino para que le vaya bien al barrio».

–  «Yo ya le llevé galletitas a la esposa, más vale tenerlos de amigos que de enemigos».

Incluso llegaron cartas de felicitación de los barrios aledaños.  Pudo más el poder silenciador del temor de los vecinos que los hechos mismos. A fin de cuentas, el nuevo habitante hizo cuanto quiso, desquició la vida de los demás y se convirtió -por apatía vecinal- en lo que quería: ser el rey del barrio.

Estoy de acuerdo que todo México acabó harto de la campaña electoral y que desea que la «normalidad» regrese. Pero las alabanzas, loas y odas expresadas en las últimas 48 horas en torno a AMLO me dejan más que perplejo. Ha pasado -sin escalas- en tan sólo 48 horas de ser «personaje temido» a «personaje esperanzador».

Las personalidades que hace una semana le señalaban y acusaban, hoy le expresan toda clase de parabienes. A Vicente Fox (en una muestra más de su inconsistencia neuronal) sólo le faltó mandarle besitos.

Empresarios que hace una semana -en corto- decían «nos va a llevar la chingada si gana este cabrón» hoy hacen públicas sus cartas de felicitación y deseos de colaboración. La resignación social vista en las redes sociales está plagada de iguales «reflexiones» donde se ha pasado del temor al silencio.

Aclaro que, como todos los mexicanos, deseo que a nuestro país le vaya bien. Pero no puedo creer que la victoria electoral legítima de AMLO borre de un plumazo todos los argumentos en contra de sus absurdas promesas de campaña y su permanente verborrea en pos de una polarización social entre buenos y malos, leales y traidores.

En mi caso particular, hace una semana pensaba que el Sr. López era un alacrán. Cosa curiosa: hoy sigo pensando exactamente lo mismo. Que quede claro: la elección no es el río Ganges donde todo se purifica.

Ojalá me equivoque, es lo que más deseo, pero creo firmemente que a los mexicanos nos pasarán (al igual que la historia vecinal arriba narrada) dos cosas:

  1. A) Que el personaje se convertirá en la pesadilla del barrio.
  2. B) Que habrá nacido en 2018 una nueva generación: la generación de los arrepentidos.

graue.cap@gmail.com