«Al FMI le preocupa la subida del salario mínimo. Le pasa como al escorpión de la fábula que picó a la rana que le ayudaba a atravesar un río, porque estaba en su naturaleza. Ambos se hundieron», afirma el periodista Xavier Caño Tamayo en su colaboración semanal. Habla del empobrecimiento provocado por las políticas de austeridad impuestas por las instituciones financieras tras la crisis que estalló hace diez años y del deterioro de los servicios que hacen efectivos derechos fundamentales como la salud y la educación. 

Por Xavier Caño Tamayo.

 Han pasado 10 años de nefastas políticas de austeridad para recuperar la riqueza que había antes de estallar la peor crisis económica habida en un siglo, agravada por una economía de escaso valor añadido con demasiada importancia del sector inmobiliario y servicios de bajo coste mientras perdía peso el sector industrial. Y todo acompañado de una desaforada especulación del sector financiero que creó más y mas dinero al aumentar el crédito que concedía, tanto que se multiplicó por cuatro la deuda privada, sobre todo inmobiliaria.

En tal situación, a los dirigentes de la Unión Europea no se les ocurre más que imponer a sus países miembros una implacable austeridad presupuestaria, que no fue otra cosa que una puesta en escena para asegurar que los grandes bancos europeos (alemanes, franceses, holandeses…) cobraran los intereses privados y públicos de los cuantiosos préstamos concedidos.

Encarar así la crisis fue un fraude porque las exigencias de austeridad no redujeron el gasto ni tampoco la deuda para asegurar una economía sana, pero sí empobrecieron a la ciudadanía, sobre todo la de los países europeos del Sur. Todo en beneficio de la banca acreedora del centro de Europa. Se exigió además la privatización de la educación, la salud, apoyo social, servicios que aseguran los derechos fundamentales de la gente, vistos por algunos como simples y jugosos negocios privados.

Salarios mínimos y pensiones

El Fondo Monetario Internacional (FMI) insta al Gobierno español a ser “cuidadoso” al subir el salario mínimo, un compromiso del gobierno de Pedro Sánchez. ¿Cuidadoso? Veamos los salarios mínimos de los países del entorno de España. En el Reino Unido, el salario mínimo interprofesional (SMI) es de 1.339 euros; el de Francia, 1.365; el de Bélgica, 1.415 euros; en Holanda, 1.424; en Irlanda, 1.462 y en Luxemburgo, 1.758 euros. En España, es de 748 euros y el gobierno quiere subirlo a 900 euros brutos. Subir el salario mínimo 152 euros mensuales parece un derroche a los gerifaltes de la economía.

Al FMI, al que preocupa la subida del SIM, le pasa como al escorpión de la fábula que picó a la rana que le ayudaba a atravesar un río, porque estaba en su naturaleza. Ambos se hundieron. Por su parte, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) en su día aplaudió entusiasta el retraso de la edad legal de jubilación hasta los 67 años perpetrada por el gobierno del Partido Popular. Pero no les pareció suficiente y apuntaron que, si se establecía de modo automático la edad de jubilación según la esperanza de vida, habría una jubilación a los 70 años.

La Comisión Europea y el FMI con su medieval postura de mantenella i no enmendalla,venriesgos en los presupuestos del gobierno Sánchez para el año 2019 que incluyen esa subida del SMI y otras medidas sociales. Como en casi todos sus informes, el FMI recomienda ajustes y reformas estructurales una y otra vez, por ejemplo en pensiones públicas y mercado laboral. Y ya se sabe quien paga la factura cuando se perpetran ajustes y reformas ‘estructurales’: la gente.

Además, el FMI, como la Comisión Europea, piden que se mantenga la nefasta reforma laboral de 2012 ejecutada por el gobierno del PP, presidido por Mariano Rajoy y que tanta precariedad, desigualdad y empobrecimiento han traído. Y, para no sorprender a nadie, el FMI advierte de que actualizar las pensiones de acuerdo con el índice de precios al consumo (IPC), como pretende el gobierno porque es lo justo, podría “arriesgar la sostenibilidad financiera” del sistema público de pensiones. Qué curioso, las medidas a favor de la gente siempre amenazan la estabilidad económica. ¿Será una maldición?

Fábula del salario mínimo y la pérdida de empleos

En despropósito similar, una declaración del Banco de España dice que la subida del salario mínimo supondrá… ¡la pérdida de 150.000 empleos! Así, sin más. Insisten hasta aburrir que subir salarios y pensiones es un peligro para la sostenibilidad. Pero cuando se conocen los obscenos ingresos de presidentes, consejeros delegados y miembros de consejos de administración de bancos y multinacionales, o enormes beneficios de éstos, ni el FMI ni otra entidad económica internacional dice ni pío. Se sabe que la inestabilidad del sector financiero surge de la descomunal especulación que se perpetra en aras de veloces y cuantiosos beneficios para los especuladores en el casino financiero global. Especulación, por cierto, que nada tiene que ver con la economía real.

Como recordó el editor Harold Meyerson, cuando se frenaron los beneficios en los años 70 del siglo pasado, los ricos cambiaron las normas fiscales, también las reglas financieras y la negociación colectiva de los trabajadores. Todo para apropiarse de una enorme porción de renta nacional sin precedentes y, desde entonces, los dirigentes de la economía en este país, en Europa y en el mundo ni siquiera disimulan que están descaradamente al servicio de esos pocos (el 0,1% según el Premio Nobel Paul Krugman) que controlan la actividad económica y los negocios que exprimen en su beneficio.

Instituciones financieras, nuevos jinetes del apocalipsis

¿Son el FMI, la OCDE, la Comisión Europea, la OMC, el BCE y el Banco de España los nuevos jinetes del apocalipsis para le gente? Lo cierto y comprobado es que les importa un rábano la suerte de esa gente “corriente” y entre todos la empobrecen, además de no cesar de agredir el medioambiente y agotar los recursos naturales. Ese es el panorama y acaso tenga razón el analista argentino Manuel Freytas cuando escribe que “el capitalismo no es nada más que una empresa de ladrones a escala global, que legaliza y legitima con leyes un robo masivo y planetario del trabajo así como de los recursos naturales”.

Algo habrá que hacer.