La entrega a Suiza del hombre que reveló los nombres de 130.000 evasores de impuestos del banco HSBC sería una penosa decisión. La evasión fiscal empeora la vida de la gente común, mientras favorece la corrupción, el narcotráfico y el crimen organizado. 

La Policía española detuvo ayer en Madrid a Hervé Falciani, el hombre que reveló los nombres de miles de presuntos evasores de impuestos que eran clientes del banco suizo HSBC. Su arresto se produjo por una orden de busca y captura de Suiza, país que reclama a este experto informático francoitaliano para cumplir una condena de cinco años de cárcel por revelación de secretos y robo de datos bancarios.

Su detención desvela una injusticia que, de no ser resuelta, acercará cada vez más a estados presuntamente democráticos a una barbarie que ya no se oculta.

Falciani consiguió los datos de 130.000 cuentas corrientes de clientes de HSBC, entregó la lista al gobierno francés y éste la distribuyó en los países afectados por aparecer sus nacionales en la misma. En realidad, esa lista era una relación de defraudadores de Hacienda de variados y diferentes tamaños y volúmenes de cuentas corrientes. Aunque en román paladín era más bien una relación de presuntos evasores de impuestos, un delito grave en cualquier país civilizado. En 2013, ya fue arrestado en España, pero la Audiencia Nacional rechazó la extradición de Falciani que, sin embargo, fue juzgado en rebeldía en Suiza y condenado.

La injusticia es que la actitud y conducta inmorales son de Suiza, no del informático Falciani. Pero éste podría ir a la cárcel –salvo que la Audiencia Nacional dictamine lo contrario– por una acción valiente, honrosa y solidaria para acabar con el fraude fiscal. Gracias a la lista Falciani, por ejemplo, la Agencia Tributaria española conoció la identidad de 659 defraudadores fiscales nacionales y recuperó más de 300 millones de impuestos impagados.

Lo de Suiza como país protector de evasores de impuestos viene de antiguo. Empezó en los años veinte del siglo pasado y, según el economista francés Gabriel Zucman, en 2013 ya escondía cerca de un tercio de la riqueza mundial. Una riqueza anónima amparada por un inamovible secreto bancario. Según Zucman, ese mismo año, ese blindado secreto bancario suizo hizo posible que se evadieran más de 130.000 millones de euros en un montón de países. Dinero que dejaron de recaudar los Estados.

¿Les parece que no les afecta? No se confundan. El descarado e incesante impago de impuestos repercute en la vida de la gente común, la empeora, empobrece aún más a los países en vías de desarrollo y también a las clases trabajadores de los países desarrollados.

Además, el secreto bancario y la opacidad financiera, como las aplica Suiza de modo implacable, hacen muy posible la corrupción. Hasta tal punto que sin secreto bancario ni opacidad informativa no habría cabida (o apenas) para un mundo crónico de corrupción que, según la Comisión del Mercado de Valores y la Competencia, supone, por ejemplo, la pérdida anual de 90.000 millones de euros para España.

Más el hecho evidente de que secreto bancario y opacidad financiera esconden otras actividades no solo ilícitas sino peligrosas, como narcotráfico, tráfico de armas, trata de seres humanos… y, en general, delincuencia organizada.

¿Quién hace daño de verdad a la ciudadanía, el informático que revela los nombres de presuntos delincuentes fiscales y grandes infractores? ¿O más bien perjudica el país que los protege y les facilita escondites para no pagar impuestos? No se engañen, sin impuestos justos, progresivos y suficientes la democracia es imposible.

La riqueza oculta de las naciones

Además del pago de bajísimos impuestos en territorios offshore y paraísos o guaridas fiscales (como Suiza), secreto bancario y opacidad financiera sostienen un mundo fiscalmente delictivo, desigual y profundamente injusto. ¿Pero no suprimió Suiza las cuentas corrientes numeradas? Sí, desaparecieron las cuentas numeradas que aseguraban el anonimato de sus titulares. Pero da igual. Como denuncia Zucman en su informe La riqueza oculta de las naciones, las cuentas numeradas han sido sustituidas por trusts, empresas-pantalla y fundaciones, cuyas cuantiosas y abultadas cuentas corrientes no se identifican con nombres y apellidos de los titulares.

Esas cuentas corrientes y depósitos ya no se numeran. Como hemos podido ver en las películas del espía y asesino Jason Bourne cuando va a Ginebra a sacar dinero de sus cajas de seguridad, le daban de su cuenta el dinero solicitado tras decir él una ristra de números. Pues hoy los números han sido sustituidos por series de letras y así, la antigua serie 12345 ha sido sustituida… por la nueva sociedad ABCDE. Una auténtica burla.

Respecto a la detención de Falciani por una orden de Suiza, desde la Fiscalía de la Audiencia Nacional se ha informado que si la orden contra el informático es por los mismos hechos de 2013, la Fiscalía se opondrá a que sea entregado a Suiza. Por una razón sencilla y sólida: ya hay una decisión de la Audiencia Nacional que decide que los hechos que esgrimen la autoridades suizas no son delito en España. Al contrario, la Audiencia Nacional sentenció en su día que la información  revelada por el informático «se refiere a actividades sospechosas de ilegalidad, incluso constitutivas de delitos, que de ninguna manera han de ser protegidos«.

En definitiva, es cuestión de justicia. Confiemos en que el dictamen judicial se mantenga en esos términos.

La entrega de Falciani a Suiza sería una penosa muestra de que la dirección de países presuntamente democráticos y civilizados ha sido ocupada por gentes nada fiables para la ciudadanía.

La detención de Falciani fue en dependencias de la Universidad de Comillas en Madrid. Falciani iba a intervenir en una conferencia colectiva bajo el lema, Cuando decir la verdad es heroico: sacando a la luz las guaridas fiscales, organizada por la Plataforma por la Justicia Fiscal, entidad plural cívica integrada por una veintena de activas organizaciones ciudadanas, ONG, sindicatos y movimientos sociales.