La «Constitución moral» de López Obrador, la consulta y la fecha de inicio de obras del Tren Maya, la militarización del plan de seguridad propuesto por el presidente electo y su discurso sobre su relación de pertenencia con el pueblo, son los temas analizados por el ex diplomático Bernardo Graue Toussaint en este artículo.

Por Bernardo Graue Toussaint

Esta semana ha sido el retrato perfecto del personaje que nos gobernará a partir del día 1 de diciembre. Inició con un discurso en Mérida Yucatán. En un alarde de falsa humildad, errático concepto y ramplón pseudo patriotismo, el Presidente electo López nos sorprendió con este mensaje:

«Yo ya no me pertenezco, estoy al servicio de la nación (…) Mi amo es el pueblo de México».

¡Zaz! Ahora resulta que Andrés Manuel López Obrador ya no se pertenece a sí mismo. No dudo que muchas personas de su feligresía derramaron lágrimas ante tan emotiva confesión y seguramente clamarán para que dichas palabras sean inscritas en letras de oro en el Palacio de San Lázaro. Su líder ha dicho a la nación entera que «ya no es él», sino que es «todos». Que él es la representación encarnada del YO, TÚ, ÉL, NOSOTROS, USTEDES, ELLOS. Dicho en otras palabras, «Todos somos AMLO y AMLO somos todos.», porque Él…él ya no se pertenece.

A pesar del hipercursi y casi telenovelesco argumento del Presidente electo López, habría que recordarle que el 1 de julio de 2018 México acudió a las urnas y le eligió como Presidente de la República. NADA MÁS. Y que aquellas elecciones fueron, en términos prácticos, un contrato laboral por seis años (no prorrogables, que quede claro) para dicho cargo. Los aciertos de su gobierno serán (efectivamente) suyos y los errores, que quede claro, también tendrán su nombre. Habría que subrayarle que sí se pertenece a sí mismo, que tiene atribuciones y también responsabilidades claras. Cabría recalcarle que, a pesar de su errática percepción de sí mismo, AMLO no es la encarnación del pueblo. Claro que se pertenece. Por lo mismo, resulta una DEMAGOGIA que pretenda desdibujar su responsabilidad pública en la cortina de humo de la invocación al pueblo bueno.

No bastando lo anterior, el humildísimo Presidente electo López (que claro que se pertenece a sí mismo) anunció que realizará en noviembre nuevas «consultas populares» para «decidir» lo que él ya tiene decidido, entre otras cosas, el absurdo Trenecito Maya. Anuncia pues, una cínica simulación (igualita a la del NAIM) ya que, al margen de los resultados de dicha «consulta» ha decidido que las obras de su capricho se inicien en diciembre. (¿?).

Igualmente, el gran líder de la nación (en plena crisis de pertenencia) nos presentó esta semana su programa de seguridad, que básicamente se centra en la creación de su Guardia Nacional, formada por militares, marinos y Policía Federal.  Llama la atención que después de largos años (anteprecampaña, precampaña, campaña y período de transición) de andar zarandeando y enlodando el prestigio de las fuerzas armadas mexicanas, AMLO ha decidido que su estrategia de seguridad finalmente estará a cargo de…los militares.

Por una parte, su propuesta no fortalece las instituciones encargadas de la seguridad pública (que era lo deseable) y no aclara la participación y responsabilidades de los gobiernos estatales y municipales en esta materia. Tampoco refiere el indispensable incremento de recursos para hacer frente a este reto. Dicho en otras palabras, el presidente electo nos ofrece militarizar las responsabilidades de la seguridad pública, pero con disfraz de «Guardia Nacional». Poco, muy poco podemos esperar de esta propuesta. Muy lamentable noticia frente al mayor problema que aqueja a la nación.

Para acabar la semana, el Presidente electo nos anunció que el día 26 de noviembre lanzará su convocatoria para crear su cacareada «Constitución Moral»:

(Textual): «Se va a convocar a los ciudadanos a la elaboración de una Constitución moral, en la idea de que no sólo de pan vive el hombre, o en la idea de Martí que decía que nos debe de importar el bienestar material, pero también el bienestar del alma» .

El Presidente electo López cerró con esta frase: «…solo siendo buenos, podremos ser felices”.

Durante la campaña siempre me pareció ridículo que AMLO hiciera referencia a lo que él denominó la «República Amorosa». Ahora, su propuesta de elaborar (con ciudadanos y un grupo de «expertos» afines a él) su «Constitución Moral» me parece una barbaridad.

Que el Presidente electo López pretenda (desde el poder presidencial) definir los valores nacionales, «lo moral» o «lo inmoral», es una locura. Al Presidente de la República le corresponde «…cumplir y hacer cumplir la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y las leyes que de ella emanen». En ninguna parte de nuestra Carta Magna se le otorgan atribuciones para velar por las almas. Esa pretensión de gobernar sobre las conciencias es propio de los peores regímenes totalitarios.

 

La pobreza de las propuestas y las primeras acciones de lo que será el próximo gobierno son motivo de sería preocupación.  Pero los desvaríos emocionales y conceptuales del Presidente electo López deben ser motivo de serio análisis. Algo no anda bien con el Presidente electo. De cara a sus opositores, sus reacciones son de pandillero ( «ME CANSO GANSO…» ; «LES GUSTE O NO LES GUSTE…»; «A MIS ADVERSARIOS LES DIGO…» o «VÁYANSE ACOSTUMBRANDO…») y de cara a su feligresía, se rige como el «buen pastor» que promete guiar a sus ovejas.  Para unos la mofa y la diatriba. Para otros, su oferta de «Constitución Moral» para velar por el bienestar de las almas. Algo no anda bien en la cabeza del Presidente electo López.

graue.cap@gmail.com