El narco no debería tener leyendas, héroes, ni mitos. La guerra contra los capos de la droga ha generado un estado de inseguridad en México que normaliza la violencia. Miguel Ángel Félix Gallardo fue el origen de esta guerra y no debemos olvidarlo cuando observamos al carismático y casi heroico personaje que se nos presenta en Narcos: México.

Por Javier González Sánchez

MADRID, España.- Hace unos tres años era raro oír hablar en Europa de los reyes del narcotráfico y más difícil aún encontrar a alguien que supiera su historia. Narcos cambió la imagen que teníamos de estos criminales. El mundo de sombras se convirtió en lujo y fiestas, la violencia llegaba a ser algo impactante e incluso atractivo. Con el estreno de su nuevo formato Narcos: México, es muy probable que el Cártel de Guadalajara empiece a ser conocido para muchos en Europa. Pero la gente no recordará la masacre y el horror que originó y que aún destroza vidas a diario en México.

Los diálogos y una trama llena de acción y suspense acercaron a los espectadores al submundo de tráfico de drogas en 2015. Pero también dieron voz a la parte más humana de la vida de los criminales. Las atrocidades que cometió Escobar y el Cártel de Cali se recrearon junto con escenas familiares, reuniones llenas de dinero, alcohol y diversión.

Después de tres temporadas explorando la cara más oscura de Colombia, Netflix ha apostado por una producción totalmente nueva pero que se asemeja mucho a la primera temporada protagonizada por Pablo Escobar. La serie tiene una nueva cabeza de cartel, Miguel Ángel Félix Gallardo, interpretado por el actor mexicano Diego Luna.

Antes de enfrentarnos a Narcos: México es importante estar al tanto de quiénes fueron realmente los criminales que nos muestra la producción. Sus pérdidas y dificultades no justifican el dolor que han causado en México durante más de 30 años.

La serie se ambienta en Guadalajara, Jalisco, estado donde hace unas semanas se descubrieron dos camiones con 300 cadáveres no identificados.

La historia de Félix no sólo es el principio de la actual guerra mexicana contra el narcotráfico. Este trabajo también nos muestra la podredumbre de la seguridad y política mexicana, que contribuye a la espiral de terror que asola el país a diario. Cuando el espectador observa a los policías y políticos que aparecen en Narcos: México tiene claro que son “los malos”, manzanas podridas que corrompen todo el árbol. Tiranos que deben ser derrotados por la DEA, “los buenos”. Cuando vemos a los criminales, la decisión moral no está tan clara.

El origen de un monstruo «decente»

El origen de Gallardo se presenta con una historia con una estructura similar al de Escobar. Un hombre familiar con grandes aspiraciones que evoluciona a la vez que un policía de la DEA estadounidense se acerca cada vez más a sus “negocios”. Estos ni siquiera entrañan un peligro tan duro como la cocaína. Gallardo comienza a traficar con marihuana y amapola e incluso llega a despreciar el “polvo colombiano” en alguna ocasión. Pero conforme nos introducimos más en Narcos: México las diferencias son cada vez más palpables.

Gallardo aparece con un origen mucho más humilde que su homólogo colombiano, el personaje tiene un carácter más cercano y familiar. En los primeros episodios resulta hasta admirable la lealtad y el cariño que profesa a sus seres queridos. Todas sus primeras acciones moralmente cuestionables se pueden llegar incluso a justificar.

Sin darse cuenta el espectador está observando el origen de un villano clásico, un personaje con un origen y aspiraciones nobles que se ve forzado a tomar un camino oscuro para proteger lo que le importa. El resto del elenco destaca desde el principio la inteligencia que caracteriza al personaje, “el único hombre decente de Sinaloa”, llega a decir uno de ellos sobre Gallardo.

El actor mexicano Diego Luna interpreta al líder del Cártel de Guadalajara, Miguel Ángel Félix Gallardo

Félix no se corrompe por su propia maldad. Son otros personajes; la política corrupta mexicana y los “gringos”, los que obligan al “Jefe de jefes” a realizar actos atroces.

El viaje de Gallardo hasta la cima del crimen mexicano le lleva a olvidar su bondad y sus buenas intenciones. Se trata de una historia que sigue la estructura de “El viaje del héroe”, de Joseph Campbell. El héroe, en este caso un antihéroe, se encuentra con obstáculos que debe superar y que pondrán a prueba su moral y su inteligencia.

Las operaciones del ejército mexicano, que destruyen los “honrados” campos de marihuana de Sinaloa, las ansias de dinero del DFS; la agencia de inteligencia mexicana; las obsesiones y brutalidades que cometen sus subordinados… todo aparece en la pantalla como algo al margen de Félix Gallardo. Un caos que él intenta evitar por todas las formas posibles pero que a mitad de temporada le supera y libera al monstruo que intentó encerrar durante años.

La némesis del villano, el agente de la Administración para el Control de Droga (DEA) Enrique “Kiki” Camarena, no sirve como contraparte moral, como ocurre con la mayoría de los héroes. La falta de carisma del personaje interpretado por Michael Peña, incrementa la de Gallardo. El personaje no termina de enganchar y su profundidad no es nada comparada con la que nos muestra el narcotraficante.

Michael Peña interpreta al agente de la DEA, Enrique «Kiki» Camarena

“Voy a contarte una historia, pero sinceramente, no tiene un final feliz”, así comienza el narrador a introducirnos en el nuevo mundo del universo Narcos. Pero podemos aventurarnos a decir que ni siquiera tiene un final. El narcotráfico genera decenas de muertes de mexicanos a diario, décadas después de esta historia.

El narco no debería tener leyendas, héroes, ni mitos. La guerra contra los capos de la droga ha generado un estado de inseguridad en México que normaliza la violencia. Miguel Ángel Félix Gallardo fue el origen de esta guerra y no debemos olvidarlo nunca cuando vemos la increíble interpretación de Diego Luna. Porque “nunca existió una buena guerra”, como dijo Benjamin Franklin.


Imágenes: Netflix