Cientos de miles de personas han participado en las concentraciones y manifestaciones de protesta para hacer saber al Poder Judicial que, en la España de 2018, cuando cinco hombres acosan a una mujer en un espacio angosto de madrugada y la fuerzan sexualmente no es abuso, es violación.

Concentraciones y manifestaciones agitan docenas de ciudades españolas desde hace tres días en un creciente tsunami de indignación. De norte a sur y de este a oeste la protesta parece no tener fin tras conocerse la sentencia de la Audiencia Provincial de Navarra a un grupo de cinco hombres jóvenes autodenominados la Manada, condenados a solo 9 años de prisión por abuso sexual de una joven de 18 años, pero no por violación, como la fiscal consideró que sí hubo. Por eso pidió 22 años de cárcel por agresión sexual.

La fiscal Elena Sarasate sostuvo en el juicio que «las pruebas son absolutamente contundentes»y que los miembros de ‘La Manada’ actuaron de forma «conjunta y coordinada»,  dejando a la víctima «sometida» y «sin posibilidad de resistencia». «Cuando los acusados terminaron y consiguieron lo que querían, la dejaron tirada y semidesnuda», remató la fiscal Sarasate.

El delito se perpetró en Pamplona, durante las fiestas de San Fermín, y los hechos sucedieron el 7 de julio de 2016 en la capital navarra, donde la joven víctima denunció haber sufrido una agresión sexual por cinco hombres que, además, grabaron un vídeo al perpetrar el delito. La Audiencia Provincial de Navarra, que juzgó a los acusados, considera que no hubo violación y condena a nueve años de prisión a los cinco acusados por un delito continuado de abuso sexual, pero les absuelve del delito de agresión sexual como pedían la Fiscalía y la acusación particular.

El Código Penal español define que no hay «violencia e intimidación» en el abuso sexual, que sí existe en el delito de agresión sexual, coloquialmente designado violación.

Se reformará el Código Penal

Además de las constantes concentraciones de protesta en todo el país, tras conocerse la sentencia, en pocas horas, se recogieron 1.200.000 firmas que pedían la inhabilitación de los magistrados redactores de la sentencia, especialmente la del juez que presentó un voto particular en el que afirmaba que en el vídeo solo apreció jolgorio y sexo y pidió la absolución de los cinco hombres.

Una bloguera, Carlota, ha descrito cruda y claramente lo que pasó: «Que cinco tíos te la metan simultáneamente por la boca, por el ano y por la vagina, de madrugada en un portal, mientras se animan entre ellos y repiten ‘¡me toca, me toca!’, eyaculando dentro de ti, sin articular tú ni una sola palabra y acabando en el hospital (sin teléfono móvil, porque te lo han robado para que no puedas avisar a nadie), en España no se considera una violación. Es el porno como educación sexual. Es cultura de la violación. Justicia patriarcal».

Otros jueces y fiscales sí consideran que hubo intimidación de la víctima por ‘la Manada’ y esperan la revisión del caso. Juristas consultados señalan que el relato de hechos probados por el tribunal apunta a un delito de agresión sexual y no de abusos. Y citan jurisprudencia del Tribunal Supremo que indica con claridad que en ningún caso se requiere una «resistencia heroica» de la mujer violada para demostrar la intimidación.

La creciente indignación social tras la sentencia ha forzado que el gobierno Rajoy anuncie una revisión del Código Penal para establecer una nueva tipificación de los delitos sexuales. Sin embargo, este mismo gobierno ignoró las reivindicaciones de organizaciones y movimientos feministas para afrontar las violaciones en la reforma del Código Penal de 2015.

 

Acabar con el machismo

Lidia Falcón, abogada y presidenta del Partido Feminista, declaró tras conocer la sentencia que «violar en España sale prácticamente gratis. Es inaceptable que se considere que no había violencia conocida la descripción de los hechos». Y sostiene que la sentencia a ‘la Manada’ demuestra que la ideología machista impregna instituciones del Estado y que la Justicia en concreto no ha salido de la pasada dictadura.

Susana Díaz, presidenta de Andalucia, afirma no comprender ni compartir la sentencia del caso de La Manada, al tiempo que pide tolerancia cero con cualquier violencia sexual. Incluso Albert Rivera, líder de Ciudadanos, que no destaca por sus posturas progresistas, ha reconocido que “como ciudadano y como padre me cuesta asumir la sentencia de la Manada”.

El Consell Nacional de les Dones de Catalunya (Consejo Nacional de las Mujeres de Cataluña), que agrupa 400 entidades de esa comunidad autónoma para conseguir la igualdad real de mujeres y hombres, ha rechazado la sentencia en el caso de ‘La Manada’ y ha exigido la modificación del Código Penal para abolir el delito de abuso sexual, «un tipo penal que pone en peligro a las mujeres y no garantiza sus derechos».

La siempre prudente Amnistía Internacional al analizar violaciones de derechos humanos afirma que “la ausencia de reconocimiento legal de que las relaciones sexuales sin consentimiento constituyen violación fomenta la idea de que la responsabilidad de protegerse de la violación recae en las mujeres ”. Amnistía también informa al respecto que “unos nueve millones de mujeres han sido violadas en la Unión Europea después de los 15 años. La cifra es inquietante y es alarmante que tan pocos países europeos se tomen este grave delito con la seriedad que deberían, tanto en la ley como en la actuación”.

No cabe duda de que hechos tan rechazables como lo sucedido en Pamplona indican que la preeminencia y dominio de los hombres sobre la mujer, el machismo, siguen muy arraigados en España. Pero por desgracia no solo en España. Amnistía Internacional informa que de 33 países europeos, sólo 9 reconocen que el sexo sin consentimiento es violación.

Tan alarmante dato expone como ningún otro la repugnante presencia del machismo o, como se dice ahora, del patriarcado. Y empuja a combatirlo con total decisión, desde las escuelas de infancia hasta la universidad, en todos los sectores, en cualquier actividad humana. La esencia de esa lucha es que las mujeres han de tener los mismos derechos que los hombres. Ni un ápice menos. Es imperativa la igualdad por medio de una tarea de educación y concienciación hasta conformar una conciencia social colectiva que asegure esa igualdad real de las mujeres e impida la más leve traza de repulsivo machismo.


Imágenes: Juan Carlos Rojas