“A México y a los mexicanos nos haría mucho bien “salir del mural” y pasar a entender y aceptar que democracia es ‘TÚ Y YO’, no ‘TÚ O YO’”, dice el ex diplomático y analista Bernardo Graue Toussaint en referencia a la historia en México interpretada en lo que considera una división maniquea de blancos y negros, buenos y malos.

Por Bernardo Graue Toussaint

Diversos pintores mexicanos sirvieron (con éxito) para los fines de doctrina del régimen post revolucionario en México.

José Clemente Orozco, David Alfaro Siqueirosy Diego Rivera, entre otros, plasmaron en infinidad de murales de diversas instituciones públicas, la “visión” de la historia de México desde la óptica política del Partido Revolucionario Institucional(PRI).

Nadie puede cuestionar la calidad pictórica de los trabajos realizados. El “fondo» de muchas de esas obras sí puede ser valorado desde otra perspectiva.

Carlos Castillo Peraza (QEPD) escribió un interesante ensayo relativo a la “cultura política” que durante décadas la historia oficial se encargó de hacernos creer como única y verdadera, valiéndose del muralismo mexicano del siglo pasado, refiriéndose principalmente a los trabajos de Diego Rivera en Palacio Nacional.

La “cultura del mural”, a la que hizo referencia Castillo Peraza, inmortalizó a buenos y malos, dividiendo siempre a la historia política de México en dos bandos. Sin matices, ni grises, donde todo es blanco o negro, héroes o villanos.

De esa manera, el oficialismo se encargó de “enseñarnos” (por medio de sus libros de texto, sus discursos y sus actos cívicos) que el país se forjó durante años gracias a una lucha en la que los vencedores (los buenos) pelearon sin cuartel hasta derrotar a los españoles y los realistas primero, y a los conservadores y los centralistas después.

En esa “explicación” de la historia de los gobiernos priistas, se olvidó plasmar las posibles virtudes de quienes (por azares del destino) no resultaron “vencedores”. Muchas generaciones fuimos educados bajo la premisa histórica de esos “buenos” (totalmente buenos) y esos “villanos” (malos muy malos, culpables de todas las calamidades), lo cual alejó la posibilidad de construir una sociedad verdaderamente tolerante y abierta a la diferencia.

Castillo Peraza era acérrimo enemigo del maniqueísmo. Fue un duro crítico contra quienes se asumían como poseedores de la verdad absoluta, contra los totalitarismos intelectuales. Estaba convencido de que México tenía que conocer y reconocer su verdadera riqueza humana y plural, mucho más grande que las mezquinas clasificaciones de bandos irreconciliables de “buenos” y de “malos”; de “santos” y de “demonios”. Y fue esa “cultura del mural” la que ha propiciado que, muchas veces, seamos incapaces de entendernos; de hablarnos; de aceptarnos, de comprendernos.

A lo largo de su trayectoria en la vida pública, Andrés Manuel López Obrador ha demostrado, en los hechos,su fascinación por esa visión histórica priista plasmada en aquellos murales que pretendía dividir, ad eternum, a los mexicanos.

Contrario a ello, soy un convencido -tal como lo postuló Castillo Peraza- de que a México y a los mexicanos nos haría mucho bien “salir del mural” y pasar a entender y aceptar que democracia es “TÚ Y YO”, no “TÚ O YO”. Que en este país cabemos todos y que debemos trabajar para consolidar una sociedad plural; democrática; respetuosa del Derecho y de la diferencia.

La victoria electoral de AMLO fue democráticamente indiscutible. Lo que resulta lamentable es que el Presidente López, pretenda hoy dividir al país de manera cotidiana, por la vía de su embate diario contra personas; contra instituciones; contra leyes; contra obras públicas; contra otros poderes y un largo etcétera. Su retórica se acerca más al maniqueísmo de los murales, que al discurso propio de un demócrata. Ello ha polarizado de manera absurda a una sociedad que merece vivir en armonía. El discurso lopezobradoristano invita al entendimiento, sino al alejamiento. Ahí existe un riesgo real para la convivencia y para el futuro de México. López Obrador pretende que vivamos atrapados en el mural de los enconos, no en la convivencia democrática.

Estamos por concluir este 2018. Tal vez, un buen propósito y una magnífica tarea para 2019 sea proponernos “salir del mural”, defendiendo de manera PACÍFICA, SERENA, RESPETUOSA Y FIRME nuestra democracia y nuestras libertades.

Un abrazo a todos.

graue.cap@gmail.com