Cada 16 de enero, desde hace 300 años, habitantes de San Bartolomé de Pinares (Ávila) hacen saltar a sus caballos entre el fuego de grandes hogueras durante la celebración de «Las Luminarias». Una “tradición” de padres a hijos con la que se busca «purificar a los caballos” y que los defensores de los animales consideran “indignante”.

No hay ningún documento escrito que acredite la fecha exacta en la que se inició esta polémica tradición, pero la leyenda popular remonta hasta el siglo XVIII el origen de “Las Luminarias” en San Bartolomé de Pinares, en la provincia española de Ávila. Cuentan sus habitantes que una epidemia acabó con la vida de todos los caballos, que por aquel entonces eran el principal medio de transporte y herramienta de trabajo de los vecinos de un pueblo que vivía mayoritariamente de la ganadería.

Desde entonces, todas las vísperas del día de San Antonio Abad (patrón de los animales) se repite la misma y espectacular estampa. Decenas de caballos (dirigidos por jinetes de todas las edades, incluso menores de edad) pasan y saltan entre las llamas, el humo y las chispas de enormes hogueras, acompasados por el crepitar del fuego y el ruido de las herraduras que impactan sobre el empedrado. Un ritual basado en creencias religiosas y populares que los defensores de los animales consideran “un horror”.

“En aquel entonces no había veterinarios como ahora, sacarles esa noche era una cuestión de salud para los animales. Se hacía porque el humo de las hogueras de San Antonio Abad ayudaba a purificar a los caballos, prevenirles enfermedades y ahuyentar los malos espíritus”, cuenta María Jesús Martín, alcaldesa de San Bartolomé de Pinares, quien asegura que los animales “no sufren para nada” durante Las Luminarias y que “jamás” un caballo ha tenido que ser atendido por quemaduras.

La junta de Castilla y León envía cada año dos veterinarios para cuidar de los animales en caso de que sufran lesiones. “Lo más que hemos tenido ha sido la caída de algún jinete o como mucho alguna patada de un caballo a otro al ir a saltar las hogueras”, afirma la alcaldesa.

Los defensores de los animales, dibujan un panorama muy distinto. “Que no hayamos registrado ningún final trágico no significa que el animal no sufra una situación de auténtico pánico a la hora de enfrentarse a las llamas y el fuego”, dice Laura Duarte, portavoz del Partido Animalista contra el Maltrato Animal (PACMA). “Nosotros no hablamos de lesiones físicas, sino del daño psicológico. Está demostrado que a todos los animales, incluidos los caballos, les da pánico el fuego”.

PACMA solicita desde hace años que se dejen de utilizar caballos en esta celebración, una práctica que los animalistas consideran indignante. “Nosotros respetamos la libertad de creencias. Si alguna persona quiere voluntariamente saltar la hoguera es su decisión, pero no se puede obligar a los animales. Nos sorprende que en pleno siglo XXI se siga pensando que el fuego cura a los caballos. No hay amparo lógico ni científico en esto”, añade Duarte.

A pesar de la polémica, la tradición sigue muy viva.  Unas seis mil personas, según su alcaldesa, abarrotan cada 16 de enero el pueblo de San Bartolomé de Pinares, localidad de solo 600 habitantes, para presenciar “Las Luminarias”. “Cada año viene más gente. En los últimos años tenemos siempre cientos de fotógrafos y cámaras de medios de comunicación de todo el mundo. Hace poco incluso vinieron de la televisión japonesa”, cuenta la regidora.

TRADICIÓN HEREDADA DE PADRES A HIJOS

“Las luminarias” inician sobre las 6 de la tarde con las llamadas “vísperas”, cuando el mayordomo y los dos jurados (habitantes del pueblo que se ofrecen voluntariamente o son elegidos por sus conciudadanos) engalanan a sus caballos para dirigirse posteriormente hasta la casa del párroco, quien les da su bendición y les entrega la vara de San Antonio Abad.

En este año 2018, el mayordomo será Antonio Parro, cerrajero de profesión. “Me he ofrecido voluntario por mi amor a los caballos, un amor que me viene de mis padres y abuelos. Tengo 40 caballos a los que dedico mucho tiempo y cariño, siempre me han gustado”.  No es un caso único. Asegura que en el pueblo, de 600 habitantes, hay al menos 350 caballos. “Y ya no es por tradición ganadera, sino por hobby”, añade.

Luego de recoger la vara de San Antonio Abad, y con ella como estandarte , Antonio Parro pagará el tradicional convite a todos los vecinos del pueblo y después, sobre las 9:00 horas de la noche, encabezará una procesión a caballo por todo el pueblo. Detrás de él cabalgarán los más de cien jinetes que participan en Las Luminarias. Una hora después, iniciarán los saltos a las hogueras.

Antonio será el primero en pasar sobre las llamas. Detrás de él, y durante casi dos horas, el resto de caballos saltarán una y otra vez por encima del fuego de las hogueras que llenan las calles principales del pueblo.

“Nos preocupamos mucho de evitar que los animales sufran quemaduras. Por eso se les recoge el pelo de las crines y las colas, que son lo único que se puede quemar con el fuego. Y si vemos que al animal le da miedo, no se le obliga a saltar, pasa junto a la hoguera y no por encima”, indica el mayordomo.

Hay quienes incluso impregnan a sus caballos con agua o aceites para evitar que el fuego queme el pelaje de los animales. Al apagarse las hogueras, se utilizan las ascuas para celebrar una gran parrillada, cortesía de las peñas y vecinos del pueblo. “No estoy de acuerdo con las críticas de los animalistas. Esta es una tradición muy bonita, heredada de padres a hijos y de la que nos sentimos muy orgullosos. Esperamos que se pueda seguir haciendo por muchos años más”, concluye Antonio Parro.


Fotografías: JUAN CARLOS ROJAS.