Un insólito e inaceptable fallo del Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) avala las devoluciones en caliente de inmigrantes en la frontera española con Marruecos y sienta un preocupante precedente en el llamado ‘mundo civilizado’.

Análisis de Xavier Caño Tamayo.

MADRID, España.- El Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH), adarve hasta ahora de derechos humanos en la vieja Europa, ha anulado la condena de 2017 a España por una devolución en caliente de agosto de 2014 y, por tanto, la ha legitimado.

Tras pisar suelo español ese día de 2014, los migrantes denunciantes, ciudadanos de Mali y de Costa de Marfil, fueron esposados y entregados al momento a los gendarmes marroquíes. Según el Tribunal de Estrasburgo, estos migrantes se pusieron en situación de ilegalidad al intentar entrar en España por la valla de Melilla. En el colmo del absurdo, la sentencia señala que la devolución ha sido consecuencia de su actuación al no utilizar esos migrantes los medios oficiales de entrada en España.

Pretender que hay posibilidades legales accesibles para entrar en España, como dice la sentencia, es desconocer la realidad de la frontera de España y Marruecos. Los obstáculos y dificultades a migrantes y solicitantes de asilo para entrar en España legalmente y sin riesgos son el pan de cada día.

ACNUR (agencia de Naciones Unidas para los Refugiados) ha manifestado que devolver de modo automático a migrantes sin analizar sus necesidades de protección, y sin tener en cuenta sus circunstancias individuales, es contrario a la norma internacional. La Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) ha calificado de desalentadora la sentencia del TEDH al convertirse en respaldo legal a expulsiones colectivas que vulneran las legislaciones internacionales, europeas y españolas.

Voces críticas con la decisión del Tribunal Europeo de Derechos humanos

Devoluciones en caliente

José Palazón, de la ONG de Melilla Prodein, ha lamentado que el Tribunal Europeo de Estrasburgo deje de ser una referencia en derechos humanos y ha denunciado que ya no hay tribunal de derechos humanos, hay tribunal de derechos de los Gobiernos.

Otras ONG se han manifestado contra la decisión. Amnistía Internacional ha denunciado que la sentencia «sienta un precedente muy negativo porque avala las devoluciones en caliente y niega el derecho de las personas migrantes y refugiadas».

A la organización defensora de derechos humanos le preocupa que esa sentencia contribuya a que los Estados perpetren devoluciones con total impunidad. Amnistía Internacional ha recordado que las devoluciones en caliente son una práctica ilegal que vulnera el derecho internacional. El TEDH, máximo tribunal europeo de derechos humanos, se contradice a sí mismo, cede a las presiones y traiciona el Derecho.

Sira Rego, eurodiputada de Unidas Podemos, teme que esa regresiva sentencia permita a la Unión Europea aplicar políticas migratorias racistas y xenófobas en sus fronteras. El sindicato Comisiones Obreras ha expresado también su más absoluto desacuerdo con el fallo del TEDH porque en un Estado democrático no es admisible vulnerar los derechos humanos.

Tan desafortunada sentencia se establece cuando hay mayor número de personas desplazadas forzadas por guerras, violencia y violaciones sistemáticas de derechos humanos. Según ACNUR (Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados), en 2018 habían abandonado forzosamente sus hogares más de 70 millones de personas en el mayor éxodo jamás registrado provocado por conflictos armados duraderos en Palestina y Afganistán, o recientes en Siria, Sudán del Sur y República del Congo.

Para enrarecer más la situación migratoria, las trabas a buques de ONG humanitarias que patrullan y rescatan a migrantes en riesgo de naufragio frente a Libia y en el Mediterráneo central contribuyen a aumentar el número de muertos, pues sin las ONG de rescate en el mar aumenta el riesgo de naufragio y muerte de migrantes.

Mediterráneo, el mar más peligroso del planeta

La opción de la Unión Europea de blindar fronteras y aplicar medidas represivas contra los migrantes irregulares ha convertido el mar Mediterráneo en el más peligroso del planeta. En 2017, más de 3.000 personas perdieron la vida en sus aguas y, en 2018, murieron más de 2.000.

El número de personas que huyen de la guerra, de la violencia sistemática, de la persecución étnica, racial o religiosa y otros conflictos es el más elevado, según ACNUR, con casi 70 años de historia. Hoy se han multiplicado por treinta y cinco las personas desplazadas forzadas hace 20 años, que fueron algo más de dos millones.

Además de los refugiados que huyen de su país hay que tener en cuenta a los 40 millones de desplazados internos, forzados a ir a zonas más seguras en sus propios países.

Remata el despropósito de la política migratoria de la UE la actuación de Frontex, Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas, cada vez más militarizada, pieza clave de una política migratoria represiva que cede a las presiones de la extrema derecha xenófoba europea y acepta limitar los derechos humanos de los migrantes y refugiados.

Como ha resumido el magistrado emérito del Tribunal Supremo José Antonio Martín Pallín, “Los jueces del Tribunal Europeo han demostrado que prefieren escabullirse de la realidad incómoda que tenían en sus manos y han dejado sobre la valla de Melilla jirones que enturbian los propósitos del Convenio Europeo de Derechos Humanos y Libertades Fundamentales y ponen en cuestión su preámbulo, en el que se proclama la profunda adhesión y respeto de los derechos humanos y la búsqueda de la justicia”.

La guinda que remata el desatino de la política migratoria represiva de la UE es que, según el experto en migraciones Lant Pritchett, ex economista del Banco Mundial y profesor de Harvard, la Europa envejecida necesitará hasta 2050 unos 7 millones de inmigrantes cada año y, en 2050, más de una tercera parte de la población tendrá más de 65 años.