«Su legado puede tener muchos adjetivos, pero su forma de apreciar y materializar lo bello ha sido un gran aporte. Barragán nos ha enseñado que la nostalgia, es sin duda, belleza», afirma Aracely Lugo Melendrez al recorrer la Ciudad de México para descubrir el legado de uno de los grandes genios de la arquitectura mexicana. La capital esconde tesoros como su casa estudio, nombrada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, o las imponentes Torres Satélite.

CIUDAD DE MÉXICO, México.- Luis Barragán (1902-1988), arquitecto e ingeniero mexicano, ha sido el único mexicano hasta la fecha en obtener el prestigiado Premio Pritzker de arquitectura en el año de 1980. Hace unos días se celebró su natalicio, una ocasión idónea para destacar algunas de sus obras arquitectónicas más sobresalientes.

Aunque el arquitecto nace en la ciudad de Guadalajara, se muda a la ciudad de México, donde decide construir su propia casa-estudio en el barrio de Tacubaya en 1948 y vive ahí hasta el día de su muerte. Ha sido considerada como una obra maestra dentro del movimiento moderno por sus cualidades únicas y combinaciones no sólo de color, sino también de corrientes arquitectónicas y filosóficas, y la reinvención de elementos tradicionales y vernáculos de la arquitectura mexicana que el arquitecto siempre pregonó. Desde el año 2004, la UNESCO la nombró como patrimonio de la humanidad. Aunque pueda parecer modesta la fachada, una vez dentro comienzas a ver el juego de luces y sombras creados por los vanos y tragaluces inesperados que hacen lucir aún más los colores tan vivos y característicos de su  estilo arquitectónico.

Casa Gilardi

A la edad de 80 años, el arquitecto realiza esta casa que sería su último proyecto. Como si supiera que iba  ser su última obra, crea de ella una poesía que contiene sus elementos más amados: “belleza, silencio, serenidad, soledad, alegría, jardines, fuentes, nostalgia…” Así lo recita en el discurso donde le fue entregado el premio Pritzker. Lo que hace inigualable la obra de este arquitecto mexicano es el misticismo que crea con la combinación de todos los elementos. Dentro de esta casa hay magia inspirada en nuestros ancestros, en los artistas mexicanos, el pueblo y el mundo contemporáneo que corría de prisa. Y se puede corroborar en la forma en que juega con los sentidos de sus visitantes. Pasar del color a la sombra, de la luz a la oscuridad y finalizar con la inmensidad del cielo, sin duda, mueve las emociones más internas.

Torres de Satélite

La ciudad de México, en plena expansión demográfica crea en los años cincuenta el plan urbano del primer suburbio al norte de la ciudad: Satélite. Como entrada a esta nueva urbe se crea esta escultura que fungiría como la imagen y logo de dicho plan. Fue uno de los primeros conjuntos escultóricos de gran escala del país, la torre más grande mide 52 metros. Lo que sobresale de ellas es el uso de la gama cromática, atribuida a su amigo, el pintor Chucho Reyes. También colaboró en el proyecto el artista Mathias Goeritz.

Cuadra San Cristóbal

Ubicado a las afueras de la Ciudad de México, dentro del fraccionamiento residencial Los Clubes que incluye la Casa Egerstrom y caballerizas, el arquitecto crea una de sus obras más reconocidas: La fuente de los amantes.  Diseñada curiosamente no como elemento decorativo, sino como bebedero para los caballos que ahí habitarían. El agua fue otro de los elementos imprescindibles en su carrera, retomado, por una parte, de la arquitectura colonial llena de pozos y acueductos; y por la otra,  siguiendo con su línea de arquitectura emocional, donde el agua crea movimiento y calma al caer.

Capilla de las Capuchinas

Luis Barragán siempre fue muy devoto de la iglesia católica, por lo que realiza en el año de 1953 la remodelación del convento y capilla de las capuchinas en Tlalpan en la ciudad de México. Se dice que además de hacer el trabajo pro bono, también financió parte de la obra. En la capilla se destaca la cruz de madera que a través de la ventana alargada que tiene a un costado refleja la sombra en lo que fuera el retablo, y que se va recorriendo de acuerdo a la luz solar. En los solsticios se puede ver la cruz perfectamente delimitada y de un color amarillo más intenso.

Su legado puede tener muchos adjetivos, pero su forma de apreciar y materializar lo bello ha sido un gran aporte. Barragán nos ha enseñado que la nostalgia, es sin duda, belleza. Y él hizo esta cualidad tangible a través de su arquitectura. Esto es lo que ha hecho posible que sea considerado como el arquitecto mexicano más importante de todos los tiempos y que le diera identidad propia al México del siglo XX y que hasta nuestros días sigue siendo reconocida.