Diana Bracho, actriz y ex presidenta de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas, habla de su amplia trayectoria en la gran pantalla y del actual estado del cine mexicano: «Desgraciadamente no figura entre las prioridades políticas, pero el mejor embajador de México es nuestro cine».

 

MADRID, España.- Aunque ya han pasado 46 años desde que hizo su debut profesional como actriz a las órdenes de Arturo Ripstein en ‘El Castillo de la pureza’ (1972), Diana Bracho sigue manteniendo intacto su amor por el séptimo arte. “El cine es de la piel para adentro”, dice durante una conversación con motivo de su reciente visita a Madrid.

Vino a la capital española precisamente para presentar ese gran clásico del cine mexicano en Casa de América. Una cinta que cambió su vida para siempre. “Me definió como actriz. Fue una epifanía. Yo quería ser escritora. Había tomado algunas clases de interpretación, pero nunca creí que me iba a dedicar a esto profesionalmente. Cuando hice ‘El Castillo de la pureza’, me dije: ‘De aquí soy, de aquí no me salgo’”, recuerda.

Dicho y hecho. Con más de 40 películas a sus espaldas, ha sido presidenta de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas de 2002 a 2006 y desde junio es miembro de la Academia de Hollywood. Una voz más que autorizada para hablar del estado del cine mexicano, ahora que Alfonso Cuarón, Alejandro González Iñárritu o Guillermo del Toro, entre otros, llevan años poniendo el nombre de México en lo más alto de la meca del cine.

El mejor embajador de México es nuestro cine”, afirma con rotundidad, después de lamentar que la falta de apoyos al arte y la cultura son el mayor problema para los directores y cineastas mexicanos en la actualidad.

Desgraciadamente, la cultura y el cine no figuran como una prioridad en las decisiones políticas. No nada más en México. En países como España también pasa. Incluso en Francia, que siempre había sido un ejemplo de apoyo al cine nacional”.

Señala que el gran problema de los sucesivos gobiernos es entender el cine solo como una inversión a fondo perdido, y espera que la nueva administración del presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, pueda aumentar las ayudas al cine mexicano.

“Mientras el gobierno de un país no entienda que el cine no es un fondo perdido, ese gobierno estará perdido”, indica Diana Bracho.

Promoción y distribución, tareas pendientes

De su etapa al frente de la Academia mexicana, recién creada en 2002 por la elite del cine del País, recuerda su lucha contra el machismo imperante en aquella época. “Cuando me propusieron ser la presidenta les dije: ‘Si ustedes lo que quieren es tener una mujer que sea la carita visible mientras ustedes siguen dominando, entonces yo no puedo aceptar’. Soy íntima amiga de todos, y los adoro, pero yo les dije que si era elegida presidenta, iba a ejercer como presidenta”.

Afirma que la academia ha evolucionado mucho desde entonces, se ha abierto más y se ha democratizado, y gracias a ello hoy se hacen entre 150 y 160 películas al año en México. “Aunque no todas son buenas, todas son importantes porque forman industria”, señala.

Considera que la distribución y la promoción de las nuevas películas siguen siendo la mayor tarea pendiente para el cine mexicano.

“En Estados Unidos, desde antes de empezar a rodar una película, comienzan a promocionarla. Así, cuando se estrena todo el mundo la conoce y quiere ir a verla. Sin embargo, el cine mexicano, pobrecito, sale como Dios le dio a entender ahí en una sala perdida que nadie sabe que existe. Hay películas fantásticas que se pierden porque nadie las va a ver”, lamenta.

Autocensura y consejos a los jóvenes actores

Durante su visita a España, también participó en la Casa de México en la presentación de una versión remasterizada de ‘La sombra del caudillo’ (1960), dirigida por su padre Julio Bracho. Una cinta que vivió el mayor episodio de censura en la historia del cine mexicano, prohibida durante 30 años.

“Hemos avanzado mucho en ese sentido, pero creo que hoy mantenemos un problema muy grave que es la autocensura. Cuando un país ha vivido censurado durante tanto tiempo, no está acostumbrado a la libertad porque nos autocensuramos. No les pasa a los más jóvenes, pero todavía hay muchos autores y cineastas que no hablan de ciertas cosas”, indica.

Diana Bracho dice que la búsqueda de la verdad es el auténtico motor del trabajo de un actor. Mantiene intacto su amor por el cine, una pasión que intenta transmitir a los jóvenes talentos en clases magistrales

“Yo siempre les digo que en el cine menos es más. Si puedes decir algo con un solo gesto, hazlo. La austeridad creativa y la mirada es fundamental.

Asegura que no hay ningún papel que anhele o sueñe con interpretar, sino que siempre está a la espera de un nuevo proyecto que le motive. “Para mi el éxito es hacer lo que hago, dar lo mejor de mí. El éxito nunca me ha atormentado, ni he pensado mucho en él”.

Palabra de una mujer cuyo nombre es sinónimo de cine mexicano. En mayúsculas.