Una vida dedicada a la investigación y la ciencia al servicio del planeta, con más de cincuenta libros y 500 artículos publicados, avalan la entrada del mexicano Gerardo Ceballos González a la National Academy of Sciences de Estados Unidos, la institución científica de mayor prestigio en el mundo.

MADRID, España y CIUDAD DE MÉXICO.- Gerardo Ceballos González (México, 1958) calcula entre veinte y treinta años el tiempo que tiene la especie humana para revertir el daño que le ha hecho al planeta.

«Si no revertimos el problema tendremos un colapso de la civilización. Nunca habíamos enfrentado un problema de esta magnitud con excepción de un holocausto nuclear. Políticos, empresarios y la sociedad en general no entienden aún la gravedad de este problema, y el peligro real de un colapso en la vida en el planeta y con ella la humanidad», sostiene Ceballos.

Su hipótesis no se basa en slogans ni en campañas mediáticas, sino en una vida dedicada a la ciencia al servicio del planeta que comenzó en su infancia en el Estado de México, cuando paseaba por la laguna cercana a su casa. Ya entonces decía que quería “estudiar animales”, algo que ha marcado su extensa trayectoria científica.

Su vida académica comenzó en la Universidad Autónoma Metropolitana, donde estudió biología, y lo llevó luego a la Universidad de Gales, en el Reino Unido, para su maestría y a la Universidad de Arizona, donde completó su doctorado. Trabaja como investigador Titular en el Instituto de Ecología de la Universidad Nacional Autónoma de México, entre las cien universidades más importantes del mundo y las mas importante de Iberoamérica a la que está vinculado por trabajo desde 1989. A sus 59 años ha publicado más de cincuenta libros y 500 artículos académicos que le han dado el prestigio científico para ingresar en la National Academy of Sciences tras un complejo proceso de selección que compara con “sacarse la lotería”.

“Es un privilegio y un enorme orgullo formar parte de la academia de investigación más importante del mundo, con 2.500 investigadores, seis de ellos de México. Me estimula por el trabajo que he hecho, por los logros, aunque supone una gran responsabilidad”, cuenta un Ceballos convencido de que ese reconocimiento le puede abrir aún más puertas para hacerse escuchar con quienes toman las decisiones relacionadas con su trabajo, la defensa del medioambiente, y para difundir su trabajo en foros internacionales.

La extinción de especies, tema central de su trabajo

Su trabajo sobre la extinción de especies destacó a los ojos de la comunidad científica por haber conjuntado ciencia de calidad con cuestiones aplicadas, tanto en México como en el resto del planeta.

Recientemente, Ceballos y su equipo compararon las tasas de extinción de especies de los últimos cien años con las de los últimos dos millones de años en el Pleistoceno, cuando se extinguían dos especies por cada 10.000 cada cien años.

“De ocho especies que tenían que haberse extinguido, se extinguieron más de 400. Esto nos llevó a publicar un artículo en el que decíamos que entramos en la sexta extinción masiva”, dice Ceballos, quien considera conservadoras estas cifras que dejan fuera a especies casi extintas. Aún así muestran tasas de extinción 100 veces superior a la extinción background que esperaban.

Aunque el ambientalista Richard Leakey había empleado ya el término “Sexta extinción masiva”, el trabajo del equipo de Ceballos arrojaba nueva luz sobre la aceleración de pérdida de especies inducidas por el ser humano, con su destrucción y la fragmentación de hábitats, su sobre explotación de especies y el cambio climático.

Con Paul Ehrlrich y Rodolfo Rizo analizó las extinciones de las poblaciones de todos los vertebrados terrestres del mundo en un artículo publicado en la revista de la National Academy of Sciences. Cuenta que los editores sugirieron un cambio en el título al considerar demasiado fuertes las palabras “aniquilación biológica” por la desaparición de especies de mamíferos, pero luego comprendieron que los datos indicaban que no se trataba de alarmismo ni exageración alguna.

El científico tiene la responsabilidad de no ser alarmista, pero también tiene un deber ético de manifestar las conclusiones de su trabajo, por muy fuertes que sean.

La conservación de especies, un asunto que afecta a todos

En un universo con más galaxias que granos de arena en el mar, se conoce sólo un planeta con vida. ¿Por qué hay vida en la Tierra? Por cuestiones biofísicas, pero sobre todo por el equilibrio de flora y fauna”, dice Ceballos, que señala como ingredientes de ese funcionamiento de los ecosistemas a la calidad y cantidad de agua, las especies, los suelos del planeta, los ciclos naturales y la capacidad planetaria de convertir la energía solar en materia prima. Incluso las bacterias juegan un papel fundamental. Sin ellas, el venenoso metano en el fondo de los mares se soltaría a la atmósfera.

Cada vez que perdemos una especie erosionamos la capacidad del planeta para conservar la vida. No habría vida en el planeta sin las plantas. Esa es la razón fundamental por la que debemos estar preocupados, aunque luego haya también motivos éticos y morales.

 Asegura el científico que la desaparición de mamíferos como los elefantes, las jirafas y los rinocerontes provoca la pérdida de servicios ambientales, que son los beneficios que obtenemos gratis de la naturaleza. Al desaparecer esos herbívoros, se produce un crecimiento descontrolada de los pastos, lo que resulta en la proliferación desmesuradas de roedores, con una multiplicación de enfermedades peligrosas para el ser humano como resultado.

Principales amenazas en México

Gran parte de su trabajo se ha desarrollado en México. Su investigación a finales de los ‘80 y principios de los ‘90 sobre la interacción de mamíferos con su entorno en México condujo a la creación de la primera reserva para proteger la selva seca en el país y le abrió la puerta a los despachos del gobierno para que conocieran su trabajo y, lo escucharan. Así se puso en marcha la primera norma nacional de especies en peligro en 1994.

Entre las especies que en la actualidad se encuentran en peligro en México está la vaquita marina, de la que quedan menos de 30 individuos. También está en peligro la totaba, pez que es traficado por su buche, desde México a Estados Unidos y de allí a en China. El trafico ilegal lo realizan mafias peligrosas y muy poderosas.

De 500 especies de peces de peces de agua dulce en México, 200 están en peligro. También la guacamaya roja, la guacamaya verde, el águila arpía, el berrendo, el lobo mexicano, el castor y la nutria están entre las principales especies amenazadas.

Soluciones: ¿qué podemos hacer?

Su realismo a la hora de dibujar el panorama al que nos enfrentamos como especie mantiene proporcionalidad con su propuesta de soluciones y con el reconocimiento de logros conseguidos tanto en México como en el plano internacional.

Su primera propuesta radica en conocer las causas de las catástrofes. Señala la explosión demográfica, el modelo, ritmo y mentalidad de consumo de nuestra especie y las tecnologías que utilizamos, aún poco amigables con el entorno natural.

Tenemos más de lo que necesitamos y consumimos de más. Nos apresuramos a comprar el último modelo de teléfono, aunque sirva el que tenemos. Me preguntan por qué no compro una nueva computadora. Tiene seis años, pero funciona bien. Podemos reducir nuestro impacto con nuestras acciones encaminadas a reducir nuestro gasto de energía, a utilizar productos que ahorren energía a dejar de utilizar plásticos de un solo uso.

Hace un llamamiento para que las personas se involucren más para mejorar el ambiente en España, en México.

Todos podemos reforestar, ayudar a limpiar. Las acciones pequeñas son importantes. Hay que involucrarse en campañas por Internet para que Japón deje de cazar ballenas. Ha llegado el momento de dejar de ser espectadores para convertirnos en actores.

Esperanza para México y para el mundo

“A pesar de los grandes problemas, algunos casos de éxito demuestran que hay esperanza”, dice Ceballos al referirse a los menos de 4.000 flamencos que llegó a haber en México; ahora hay más 40.000. Llegó a haber menos de 40.000 tortugas que anidaran en toda la costa de Oaxaca. Este año llegaron 2 millones sólo a la playa de Escobilla. Ocurre lo mismo con los tapires, con una población superior a la de hace veinte años, y con los jaguares, que en 2010 estaban en los 4.000 y en 2018 en 4.800. También se refiere a la recuperación de especies de aves migratorias en Estados Unidos. El científico mexicano puso en marcha la plataforma Stop Extinction.

«Vamos a intentar que, en dos años, podamos tener un acuerdo internacional similar al de París para evitar la extinción de especies en todo el mundo”, dice.

Toda esta lucha comenzó cuando cayó en sus manos un ejemplar de El último chorlito, una novela de 1954 que venía con el Selecciones del Reader’s Digest. Recuerda la frase que tanto le impactó y que detonó su vocación por salvar el planeta cuando tenía tan sólo 11 años:

Pero las grandes bandadas no llegan ya, quedan sólo las leyendas. Ahora la especie se mantiene precaria, al borde mismo de la extinción. Únicamente algún superviviente raro arrostra la peligrosa emigración desde los campos patagónicos a las empapadas planicies que descienden al Océano Glacial Ártico. Pero el Ártico es muy vasto y, generalmente, aquellos sobrevivientes buscan en vano. Últimos de una especie agonizante, vuelan solos.

Alguna vez le dijeron que no perdiera el tiempo con “eso de las especies” y que hiciera ciencia verdadera. Hizo caso de lo segundo. Su dedicación a la ciencia verdadera aplicada a la conservación de especies lo llevará a Washington para la ceremonia de entrada en la institución científica más prestigiosa del mundo, un orgullo para México y una oportunidad para la humanidad de no acabar como los chorlitos del libro que motivó su noble lucha.


Imágenes aportadas por el entrevistado y algunas de tortugas son del autor del artículo