Visitamos ‘El Incendio’, una de las cantinas que frecuentaba ‘El Rey’ de la canción mexicana en su Dolores Hidalgo natal. En servilletas de papel, sobre la barra de este local que está a punto de cumplir 100 años, José Alfredo Jiménez escribía versos y estrofas que dieron vida a sus míticas canciones.

DOLORES HIDALGO, Guanajuato.- Con apenas 150 mil habitantes, el municipio guanajuatense de Dolores Hidalgo es la cuna de la Independencia de México y la ciudad natal del padre de la canción mexicana del siglo XX: José Alfredo Jiménez.

Las rancheras, corridos y huapangos del compositor que escribió la letra de ‘El Rey’ han sido interpretadas por todos los grandes artistas de la canción mexicana, como Pedro Infante, Jorge Negrete o Vicente Fernández, y también cantantes contemporáneos como Luis Miguel y Enrique Bunbury.

Hoy la casa natal de José Alfredo es un museo en el que, entre muchas otras curiosidades y objetos sobre su vida, podemos encontrar servilletas de papel en las que escribía versos y estrofas que después convertía en canciones. Trozos de papel sacados de algunas de las cantinas que solía frecuentar cuando acudía a Dolores Hidalgo para descansar de sus giras y conciertos.

“No es que compusiera canciones enteras en esas servilletas. Él venía aquí a distraerse y tomarse sus tragos y cuando le venía una idea, rápido agarraba un trozo de papel para escribirla. Luego en su casa las desarrollaba y ponía música”, dice Erick Aguayo, actual encargado de ‘El Incendio’.

Con casi 100 años de historia, ésta es la única de las cantinas frecuentadas por José Alfredo que permanece igual que en la época en la que el cantante y compositor era conocido como “El Patrono de las Cantinas” por su gusto a las bebidas alcohólicas.

Fundada en 1920 por Tobías Aguayo, bisabuelo de Erick, ‘El Incendio’ se encuentra a sólo 450 metros de lo que hoy es la Casa Museo José Alfredo Jiménez. El negocio ha ido pasando de generación en generación hasta llegar a Erick, quien nos muestra una foto de ‘El Rey’ junto a su abuelo, Hermenegildo Aguayo. Era quien estaba a cargo de la cantina en aquella época y forjó gran amistad con José Alfredo.

“Mucha gente dice que era un ‘desmadroso’ y andaba siempre con los mariachis de cantina en cantina, pero no es cierto», cuenta Erick Aguayo.

«Él venía aquí, se sentaba a tomar tranquilo y luego se iba con algunos amigos, entre ellos mi abuelo, a dar una vuelta o a otras cantinas del pueblo que ya no existen”, añade este joven, quien atiende ‘El Incendio’ desde hace unos meses tras fallecer su tío.

Una cantina repleta de historia

A punto de cumplir 100 años, ‘El Incendio’ sigue sirviendo cervezas, tequilas, mezcal y otros licores a sus clientes. Detrás de la barra, junto a las botellas se acumulan fotografías y recuerdos que el compositor dejaba en sus visitas. Es un pequeño museo sobre la vida de José Alfredo Jiménez.

En muchas de sus tardes aquí, ‘El Rey’ acudía acompañado de su esposa y musa, la también cantante Alicia Juárez, quien dedica una cariñosa nota manuscrita de agradecimiento a ‘El Incendio’ en otra de las fotografías que nos muestra Erick. Mientras nos cuenta la historia, el joven nos sirve otro mezcal del que comercializa y que tiene un nombre cuando menos llamativo: “Hasta que las nalgas me desobedezcan”.

Además de los retratos, Erick nos enseña un libro de cuentas del año 1926 en el que su bisabuelo Tobías anotaba los pagos y deudas de sus clientes. “Antes era muy habitual que los clientes vinieran sin dinero a la cantina, y como era gente del pueblo se les fiaba”, recuerda.

Este lugar también es testimonio vivo de aquella época en que las mujeres tenían prohibido acceder a las cantinas. Junto a sus dos puertas de entrada de madera (tipo persiana, para que la gente desde afuera no pudiera ver quién estaba dentro de la cantina), encontramos un aparato bastante rudimentario donde los hombres colgaban las sillas de montar de sus caballos. Hay un mingitorio fuera del baño, y bajo la barra un canalillo que era utilizado para aliviar las vejigas de los clientes. Todo se mantiene como hace cien años.

“Hoy soy yo quien a tiende a los bisnietos de quienes entonces eran clientes de mi bisabuelo. Tenemos una clientela muy fiel, pero también se acercan muchos turistas. Especialmente en temporada de vacaciones, todo el día llegan personas de fuera que me preguntan sobre la historia de José Alfredo”, señala Erick.

Homenaje anual a José Alfredo

Esta cantina es una parada obligada en el homenaje que el Ayuntamiento de Dolores Hidalgo y el Estado de Guanajuato realizan cada 23 de noviembre con motivo del aniversario luctuoso de José Alfredo Jiménez, quien murió en 1973 a los 47 años de edad por problemas hepáticos.

Durante tres días, grupos de mariachis, vecinos de esta localidad y turistas recorren el pueblo cantando las letras del padre de la canción mexicana y brindando a la salud del ‘Patrono de las Cantinas’.

Un recorrido bohemio de música, cánticos y emoción que termina en el panteón de Dolores Hidalgo, donde se encuentra la tumba de José Alfredo. Junto a ella, hay un monumento en su honor con forma de sombrero mariachi y un zarape de colores en el que se pueden leer, tallados en piedra, los títulos de las 117 canciones que escribió en vida.