Existen ocho especies de tortugas marinas y varias subespecies. Siete de ellas se encuentran en México, el país con mayor diversidad de tortugas marinas en el mundo. Además, dos de sus playas, Escobilla y Morro Ayuta (Oaxaca), acogen un fenómeno que se ha convertido en la clave para el equilibrio entre el turismo y la estabilidad del ecosistema: las arribadas masivas de tortugas golfinas.

MADRID, España.- Las tortugas golfinas, Lepidochelys olivacea, pueden llegar a recorrer 500 km nadando para poner huevos. Las arribadas, cómo se conoce a la puesta de huevos de grandes cantidades de tortugas, se dan en playas de todo el mundo como Costa Rica, Turquía o La India. Pero sólo ciertas playas de México tienen el récord del mundo en mayor cantidad de tortugas durante este fenómeno.

De las ocho especies de tortugas marinas, siete de ellas viven en México, el país con mayor diversidad de tortugas marinas del mundo. La tortuga golfina es una de estas especies y en las playas de Escobilla y Morro Ayuta, en Oaxaca, suman el mayor número de arribadas del planeta hasta la fecha.

Alejandro Cadaval Narezo trabaja en SAKMUL, una empresa privada que promueve la educación ambiental. Cadaval tiene mucho contacto con esta especie a la que define como “cosmopolita”, por la gran variedad de mares en las que se encuentra. Pero las arribadas masivas le han dado un lugar especial en el ecoturismo mexicano.

Cadaval cuenta que este fenómeno es una estrategia de reproducción. “Si sale sólo una tortuga a poner huevos es muy fácil que la depreden pero si salen 10 tienen más posibilidades”, explica.

En una semana pueden llegar a salir 500.000 tortugas a desovar a las playas oaxaqueñas. Cada una pone una media de 100 huevos, de los que muy pocos sobreviven.

Las golfinas se alimentan de medusas, reduciendo su población y se comen el pasto marino manteniendo las playas limpias para el turismo.

Pero el mayor valor ecológico de esta especie es que sirve de alimento para muchas otras, son comida para las aves, los peces medianos e incluso para jaguares y cangrejos. Por esta razón se producen tantos nacimientos y aún así la especie sobrevive.

A pesar de su gran cantidad de depredadores el más peligroso para la especie era el ser humano, hasta hace treinta años.

Recuperación de la especie

Escobilla y Morro Ayuta sólo se encuentran a unos 100 km de distancia y son playas vírgenes, sin rocas. Pertenecen a una comunidad que antes mataban y vendían tortugas a cinco pesos (2,5 euros) por cada costal de huevos. Ahora cobran 100 pesos por persona a los turistas para ir a verlas, por lo que además de ganar mucho más ayudan a la conservación de la especie.

En 1990 el gobierno decretó la veda a la caza de tortugas marinas. Actualmente no se pueden comer sus huevos ni su carne, ni usar la piel de ninguna especie. También se modificaron las redes de pesca de atún, donde quedaban atrapadas las tortugas al salir a respirar o a comer. Las nuevas redes permiten que las tortugas sean liberadas con facilidad cuando quedan atrapadas. De esta manera, en treinta años la tortuga golfina ha conseguido recuperarse de después de estar cerca de desaparecer.

El pasado agosto se encontraron 300 tortugas de la especie golfina muertas en redes de pesca. A pesar de que las autoridades de México iniciaron una investigación para identificar a los responsables, esta cifra en principio no supone un gran desastre ecológico, según Cadaval.  Explica que las tortugas golfinas ponen una gran cantidad de huevos, y por el gran número de depredadores que tienen fallecen muchas más por causas naturales, aunque  reconoce que esta situación sí puede ser el reflejo de un problema mayor en el futuro.

Algunos ecologistas, como Cadaval, temen que el aumento del número de tortugas golfinas afecte a esta veda en los próximos años. Además otras especies de tortugas, como la laúd o la carey, siguen en grave peligro en México y se necesita que la veda se mantenga para todas.

La tortuga laúd llega a pesar unos 800 kilos, unos 755 más que la golfina. Esta especie es atacada constantemente por los barcos japoneses. Hace unos años en México se podían encontrar hasta 400 ejemplares de esta especie en sus playas, pero ahora sólo se ven unas 15 o 20, se ha reducido un 90% su población.

En una semana pueden llegar a salir 500.000 tortugas a desovar a las playas oaxaqueñas. Cada una pone una media de 100 huevos de los que muy pocos sobreviven.

Reclamo para el turismo

Las comunidades que viven junto a estas playas organizan liberaciones de tortugas y jornadas de educación ambiental junto al Centro Mexicano de la Tortuga. Cada mes llevan a turistas y niños que colocan a las tortugas en la arena y ellas solas se deslizan hasta el agua. No pueden echarse directamente en el agua porque se desorientan. Cadaval organiza excursiones similares con niños.

Queremos que los niños tengan la oportunidad de concienciarse, de ver un animal que lleva casi 100 millones de años en la Tierra. Este animal ha sobrevivido y evolucionado y gracias al ser humano casi se extingue en 100 años», afirma Cadaval. 

Cuenta que esta especie sale a depositar huevos entre mayo y diciembre, e incluso en enero.  Una madre puede llegar a salir a las playas unas tres veces al año. Afirma que los mejores días para ver las arribadas son cuando la luna está en cuarto menguante o creciente. Si la luna alumbra demasiado las tortugas son un blanco fácil para los depredadores, por eso las excursiones se suelen organizar de noche, cuando se sienten más seguras.


Imágenes: Alejandro Cadaval Narezo