El ex diplomático Bernardo Graue Toussaint analiza los posibles «costos y consecuencias» de las medidas de austeridad anunciadas por el presidente electo de México, Andrés Manuel López Obrador. Entre otras,  prescindir del Estado Mayor Presidencial, no mudarse a Los Pinos y realizar todos sus trayectos en aerolíneas comerciales.

 

Por Bernardo Graue Toussaint

El Presidente electo López tiene que enfrentar -muy a su pesar- la realidad. Debe pasar de sus fantasías de campaña a una realidad que le permita ejercer con efectividad el cargo para el que fue contratado por la vía de las urnas.

Desde hace meses (en un acto de desconocimiento total) el tabasqueño aseguró que, como Presidente de México, prescindiría de los servicios del Estado Mayor Presidencial (EMP) dado que no necesitaría seguridad, porque «a él lo cuidaría el pueblo».

Es claro que para el tabasqueño el EMP significa «guaruras» y que desconoce (o desdeña, da igual) las importantes funciones operativas y de logística que el EMP realiza para que, además de la seguridad, el Presidente de la República (venga del partido político que sea) pueda cumplir con eficacia con una agenda de trabajo que, de otra manera, sería imposible realizar.

Cuando el Presidente electo López dice que, en sustitución del EMP, lo cuidarán «civiles con experiencia» está diciendo UNA GRAN BURRADA, dado que la responsabilidad de la logística presidencial y su seguridad, son ASUNTOS DE ESTADO (en cualquier país del mundo) que no se puede depositar en manos de civiles.

Contrario a lo que imagina el Presidente electo López, el EMP no es un cuerpo de «guaruras» sino una institución del Estado Mexicano altamente capacitada, no sólo en materia de seguridad, sino que coordina las actividades presidenciales, los traslados terrestres y aéreos (indispensables en el trabajo presidencial), la custodia de visitantes de otras naciones, la negociación con sus pares en el extranjero para las giras del presidente mexicano al exterior,  etc. Repito, es una responsabilidad que no se puede ni se debe poner en manos de civiles.

Igualmente resulta UNA TONTERÍA que el mandatario electo diga que realizará todos sus trayectos en líneas aéreas comerciales.  No quiero imaginarme el desmadre cuando la agenda presidencial implique su asistencia -en un sólo día- a tres estados de la república mexicana. O cuando se requiera su presencia por motivos de algún desastre natural (que no son pocos al año) en alguna región del país. El presidente quedaría sujeto a los vuelos y rutas de las líneas aéreas. Vaya pues, que esperen los damnificados, porque AMLO podría está atorado en el aeropuerto de Monterrey y no hubiera vuelo directo disponible, por decir un ejemplo, a Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. ABSURDO, por donde quiera que se le vea.

Esa falsa humildad o errática austeridad con la que se pretende conducir el presidente electo puede tener costos y consecuencias en el desarrollo de sus responsabilidades.

Me imagino que cuando suceda una inundación en el sureste mexicano o un terremoto en Oaxaca, nuestro presidente decidirá irse por carretera, tardando en llegar al lugar (si las condiciones lo permiten) entre 8 y 10 horas, sólo por su obsesión de no usar los helicópteros del EMP. TONTERÍA PURA, con enormes riesgos.

Sin la capacidad organizativa y de logística del EMP, los traslados en la capital del país también sería un problema operativo grande. Imaginemos que el Presidente Trump viniera a México y que el Presidente López no llegara a recibirle al aeropuerto de la Ciudad de México porque, de acuerdo a los noticieros de radio y TV del día, «el presidente de la república se quedó atorado -durante dos horas- en Calz. de Tlalpan, a la altura del metro Nativitas». ABSURDO.

También nos dice el Presidente electo López que no vivirá en Los Pinos; que por ahora seguirá viviendo en su casa de Tlalpan y que, probablemente, se trasladará a vivir a Palacio Nacional.

DATO CURIOSO: Los Pinos (como residencial oficial de los mandatarios mexicanos) tiene su origen cuando el Presidente Lázaro Cárdenas decide dejar de vivir en el Castillo de Chapultepec (por considerarlo ostentoso) para trasladarse al rancho «La Hormiga», que ya era propiedad federal. Luego de ser reconstruido, en 1935 el Presidente y su esposa, Amalia Solórzano se fueron a vivir a éste. El General Cárdenas cambió entonces el nombre del rancho «La Hormiga» por el de «Los Pinos», por la promesa hecha a su mujer de que, cuando se convirtiera en mandatario, la casa que compartieran llevaría el nombre del lugar de la huerta en Tacámbaro, Michoacán, donde se conocieron. POR ESO SE LLAMA “LOS PINOS”.

Pues bien, en ese lugar se ha desarrollado, desde entonces, todas las instalaciones necesarias (no sólo para que viva el Presidente y su familia) sino para la instalación de infraestructura, equipos y personal necesarios para la operatividad y logística que requiere la actividad presidencial.  Desde ahí el Presidente puede trasladarse con prontitud a cualquier punto, vía terrestre o aérea. Vivir en su actual casita de Tlalpan puede sonar muy «noble», (muestra de una falsa humildad), pero resulta UNA GRAN GRAN GRAN TONTERÍA.

Que AMLO se traslade a vivir a Palacio Nacional será igualmente complejo y su adaptación tendría -contrario a su presunta austeridad- UN MULTIMILLONARIO COSTO, sólo para cumplirle el caprichito del tabasqueño.

Me queda claro que estos temas muestran que el Presidente electo López no está dispuesto a adaptarse a las circunstancias del país. AMLO PRETENDE QUE LA NACIÓN, EN TODOS SUS TEMAS, SEA LA QUE SE ADAPTE A ÉL.

Si empezamos a cumplirle los caprichitos presidenciales…Mal empezamos.

graue.cap@gmail.com


*Las opiniones expresadas en los artículos de opinión responden única y exclusivamente a las del autor, no a Espacio Mex, que solo pretende ser una plataforma donde todas las sensibilidades y opciones ideológicas tengan cabida.