“Hay razones mucho más graves para no vender armas a Arabia Saudí que el asesinato de un periodista, por repugnante crimen que sea”, dice el periodista Xavier Caño Tamayo al denunciar el hambre como arma de aniquilación de los yemeníes, el chantaje saudí de condicionar millones de euros para ayuda humanitaria en las zonas que ellos mismos han destruido  a la publicación de noticias favorables al régimen y la hipocresía de España y otros países de Occidente que vende armas con la excusa de los puestos de trabajo que genera.

Por Xavier Caño Tamayo.

La confusión empezó cuando el Ministerio de Defensa del gobierno español anunció que suspendía la entrega a Arabia Saudí de 400 bombas de precisión guiadas por láser. Pero horas después el Gobierno daba un giro de 180 grados y manifestaba que mantenía la venta. La razón aducida era no arriesgar un contrato para construir cinco corbetas en los astilleros Navantia de Cádiz, por valor de 1.800 millones de euros.

Margarita Robles, ministra de Defensa, había anulado la venta de las bombas para que no pudieran ser utilizadas por los saudíes en la guerra que libran en Yemen. Luego, el grupo parlamentario Unidos Podemos propuso suspender la venta de armamento a Arabia Saudí o a cualquier o otro Estado que pudiera utilizar esas armas para violar derechos humanos. Pero esa proposición no prosperó porque la tumbaron los votos sumados de PSOE y PP, ayudados por la abstención de Ciudadanos y del PNV.

La situación se ha agitado aún más por el asesinato del periodista saudí disidente Jamal Khashoggi en el consulado de Arabía Saudí en Estambul, estrangulado y descuartizado. Se han rasgado muchas vestiduras por ese crimen feroz e incluso, como ha hecho Alemania, se ha anulado la venta de armas a Arabia Saudí. Sin embargo, poco se habla de las atrocidades y crímenes de guerra y de lesa humanidad que se perpetran en Yemen contra los “rebeldes” hutíes y la población civil desde el 15 de marzo. Horror durante siete meses. El periodista irlandés Patrick Cockburn, corresponsal de The Independentha contado como Arabia Saudí empezó su guerra en Yemen en 2015 y que el brutal asesinato de Khashoggi en ese escenario no es el peor crimen perpetrado por Arabia Saudí y la coalición internacional que lidera, formada por los estados musulmanes de mayoría sunita Qatar, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Egipto, Jordania y Marruecos más Sudán y Senegal, además de la propia Arabia Saudí.

El hambre como arma de guerra para matar a civiles

Bombardeos y otros ataques de esa coalición buscan destruir la producción y normal distribución de alimentos. Buscan matar de hambre a millones de civiles que habitan en las zonas controladas por los hutíes, el bando enemigo. Algo muy parecido hicieron las SS nazis por orden de Hitler en Bielorrusia y algunas otras zonas de la URSS tras invadirla en 1941: mataron de hambre a gran parte de la población civil.

En la guerra civil de Yemen, los alimentos de la población civil son objetivo de los bombarderos. Según denuncia la ONU, a finales de septiembre 22 millones de yemeníes, (tres cuartas partes de la población), necesitaban asistencia humanitaria con urgencia y 8 millones de yemeníes apenas disponían de alimentos. Pero eso le importa un rábano a Arabia Saudí y al resto de la coalición sunita.

Según el exhaustivo informe Estrategias de la coalición en la guerra de Yemen: bombardeo aéreo y guerra contra los alimentos elaborado por la profesora Martha Mundy, miembro de la World Peace Foundation, provocar una hambruna masiva es uno de los objetivos militares de la citada coalición. Entre tanto, Washington, Londres y París, aliados de los saudíes, miran hacia otro lado, como si en Yemen no se perpetraran gravísimos crímenes de guerra. ¿Será porque las reservas de petróleo saudíes son las mayores del mundo?

La coalición encabezada por Arabia Saudí intervino en la guerra civil de Yemen al lado del gobierno de Abdrabbuh Mansur Hadi contra los rebeldes hutíes chiitas. Los bombarderos de la coalición vuelan tanto como quieren porque reciben combustible de Estados Unidos mientras oficiales británicos asesoran militarmente a los mandos de la coalición. Difícilmente podrán alegar ignorancia de lo que sucede en Yemen.

Primero destruir y luego financiar «ayuda»

Martha Mundy asegura que una prueba de la estrategia de aniquilamiento de Arabia Saudí y la coalición es la destrucción de 220 barcos pesqueros en la costa de Yemen en el mar Rojo, lo que ha supuesto reducir la pesca a menos de la mitad. El informe denuncia que se ha devastado la ganadería y los ataques aéreos de la coalición asedian el puerto de Hodeida en el mar Rojo, impidiendo que entren en el país el 70% de los productos cotidianos necesarios para los yemeníes.

Desde agosto de 2015 las metas de la coalición ya no son militares sino objetivos civiles. Por eso bombardean y ametrallan instalaciones de suministro de agua, transportes, carreteras, escuelas, hospitales, viviendas, campos y rebaños.

Esos objetivos bélicos convierten la actuación militar de la coalición liderada por Arabia Saudí en crímenes de guerra. La coalición liderada por Arabia Saudí ha realizado una media de 474 ataques aéreos al mes desde marzo de 2015.  Eso significa más de 15 ataques diarios. Y un dato muy inquietante: el rey Salmán de Arabia Saudí ha concedido un indulto general a los soldados saudíes que luchan en Yemen. ¿Por qué un indulto a los propios soldados si no es porque se prevé que perpetrarán graves crímenes en Yemen?

Hay razones mucho más graves para no vender armas a Arabia Saudí que el asesinato de un periodista, por repugnante crimen que sea. Los estados de occidente que sigan vendiendo armas a Arabia Saudí están contribuyendo a una posible masacre civil.

Para rematar toda esta sinrazón, Arabia Saudí exige la publicación de artículos favorables a esa monarquía autoritaria en periódicos como The Guardian y The New York Times a cambio de ayuda humanitaria en Yemen. Un documento filtrado de la ONU expone las exigentes cláusulas de publicidad positiva a las que se vio obligada OCHA, agencia humanitaria de la ONU, a cambio de 820 millones de euros de Arabia Saudí para ayuda humanitaria. En el colmo de la desfachatez y desvergüenza, Arabia Saudí financia ayuda humanitaria para encubrir la destrucción que ella misma ha provocado en Yemen. Pero, como ha denunciado Médicos Sin Fronteras, “la destrucción es tan bestia que no hay ayuda suficiente. Solo son operaciones de propaganda”.

Con los derechos humanos no hay rebaja admisible. Desde marzo de 2015 esos derechos son vulnerados de modo atroz y sistemático en Yemen por la citada coalición y no vale argüir que corren peligro puestos de trabajo para justificar ventas de armas que matarán a población civil. Como rezaba una pancarta de Amnistía Internacional, no puede haber nada por encima de los derechos humanos.