La derecha española habla de “golpe de estado en el parlamento” y “violencia institucional” con el objetivo de empeorar las consecuencias para los independentistas. Ese neolenguaje convertiría a Gandhi en un golpista, según argumenta el periodista Xavier Caño Tamayo. “El problema con Catalunya, creado en gran medida por un Partido Popular sin freno moral alguno, no se resuelve con represión, juicios ni cárcel, medidas muy queridas por autoritarios y totalitarios. Si no hay diálogo e inteligencia, no saldremos de este atolladero”, dice.

Por Xavier Caño Tamayo.

Algunos medios calentaron el ambiente político en España estos días con declaraciones de la derecha sobre la preparación de un golpe estado por los independentistas con complicidades del gobierno de Pedro Sánchez. Pablo Casado lo acusa de ser “partícipe y responsable del golpe de Estado que se está perpetrando en España”.

Para la derecha españolista todo lo que no concuerda con su visión centralista de España es un golpe de estado o algo similar. Aunque nada tenga que ver con la realidad política, el Partido Popular (PP) agita el espantajo del golpe de estado porque le ayuda a crispar la vida política.

A la acusación directa o solapada de golpe estado, perpetrada por una de las derechas más inmorales de Europa, ha respondido Aitor Esteban, portavoz del PNV en el Congreso de los Diputados. Irritado por las intervenciones de esa derecha, que calificaban de golpe de Estado lo sucedido en Catalunya el 1 de octubre, respondió que “aquí no ha habido ningún golpe de Estado, porque el concepto mismo de golpe de Estado implica fuerza y coacción, y todo el proceso catalán ha sido pacífico.

No hay indicios de un golpe que sí hubo con conspiraciones, por ejemplo, inmediatamente después de proclamarse la República en 1931. Golpe de Estado, por fortuna fracasado, sí fue el perpetrado el 23 de febrero de 1981 en grado de tentativa por el general golpista Milans del Bosch que sacó durante horas los tanques a la calle en Valencia, mientras un grupo de guardias civiles, al mando del teniente coronel Tejero, ocupaban con metralletas y pistolas el Congreso de los Diputados y secuestraban a diputados y diputadas.

¿Golpe de estado sin violencia armada?

En el ceremonial de confusión que la derecha impulsa, un dirigente del PP, Javier Maroto, ha osado decir desde las más absoluta de las ignorancias que “los golpes de Estado, desgraciadamente hoy no se dan con tanques o sables como en el siglo pasado sino que se pueden dar en los parlamentos”.

Si la realidad no coincide con lo que les interesa, cambian el significado de las palabras que definen esa realidad, el golpe de estado en este caso, hasta que encaje en lo que les conviene para sus oscuros planes. Maroto no aportó ni un solo caso de los pretendidos golpes llevados a cabo por un Parlamento. Porque lo cierto es sencillamente que hay golpe de estado cuando hay una clara amenaza directa e inmediata de violencia armada. Es una condición sine qua non.

En la descripción del golpe de estado de Edward Luttwak, ejércitos, fuerzas de seguridad y milicias o grupos armados son protagonistas, porque pueden usar la fuerza física y encarcelar a quienes se oponen a sus planes con la amenaza de las armas, aunque no se lleguen utilizar.

¿Golpe de estado utilizando un Parlamento? ¿Cómo, si los independentistas catalanes tienen una reducida presencia? Entonces, ¿desde el Parlament de Catalunya? Imposible, porque en el Reino de España, los gobiernos autonómicos, incluida la Generalitat, forman parte del Estado, pero en posición subordinada al Gobierno central y a otros poderes estatales y, por tanto, no tienen posibilidad alguna de tomar el control del Estado ni de obligar a la judicatura a certificar sus decisiones como bien ha explicado Iñigo Sáenz de Ugarte en eldiario.es. Sáenz de Ugarte recuerda además que el carácter violento de un golpe de estado es ingrediente imprescindible y que la sola amenaza de usar la fuerza armada, por quien puede hacerlo, es suficiente.

¿Dónde había amenaza de violencia armada en la manifestación de setiembre ante la Conselleria de Economía mientras era registrada por mandato judicial por agentes de la Guardia Civil? Esa inexistente violencia amenazadora, que no se ha mostrado ni documentado, es una de las razones para acusar de rebelión a algunos independentistas. La única violencia conocida (y ésta sí está documentada) es la de algunos agentes de fuerzas de seguridad del estado para impedir el acceso a algunos colegios electorales en el ilegal referéndum del 1 de octubre.

Metáforas para no respetar la verdad

PP y Ciudadanos, y la Fiscalía por supuesto, pretenden que hubo violencia ese 1 de octubre para justificar la acusación de rebelión contra los independentistas juzgados en breve. Políticos del PP y Ciudadanos acusan a los independentistas catalanes de montar un golpe de Estado con el procés. ¿Cómo? ¿Y cómo iban a conseguir el poder? Un año después no ha cambiado nada en el reparto de poder del Estado y, por si hubiera dudas al respecto, conviene recordar que el tribunal alemán, que resolvió la petición de extradición de Puigdemont, retenido en Alemania, no pudo descubrir violencia alguna y por eso la denegó. Tal vez por esa inequívoca sentencia que niega que hubiera violencia por parte de los independentistas, algún genio de la derecha se ha sacado de la manga que hubo “violencia institucional” ejercida por el Govern y el Parlament de 2015 a 2017. Por favor, que alguien explique como se come eso.

Cuando se decide sin base ni fundamento que la violencia no tiene por qué ser física ni armada, es fácil ver violencia, no real sino como mala metáfora, donde te dé la gana. Esa pésima metáfora llevaría a ver golpes de estado en todas las situaciones de desobediencia civil y actuaciones disidentes. Pero desobediencia civil pacífica y disidencia cívica no son rebelión ni golpe de estado. Según esos genios defensores de que hay golpes de estado sin violencia física, Gandhi sería responsable de un golpe de estado permanente en la India, aunque sus acciones, que nunca negó que eran desobediencia civil, fueran precisamente no violentas.

En el fondo del conflicto con Catalunya o en Catalunya está el franquista mito de la unidad de España que ignora que España existe desde 1714 como entidad política unida. Antes estaban las Coronas de Castilla y de Aragón, con las que estaba federado el principado de Cataluña. Hacia 1640 Portugal y Catalunya se rebelaron y alzaron en armas contra Castilla, cada uno por su cuenta, no contra España que no existía como entidad política. Portugal venció y se independizó, pero Catalunya, no. ¿Piensan Casado y el PP reclamar a Portugal que retorne a la unidad de España?

Este cronista no es independentista ni lo ha sido y considera que los pueblos de España han de continuar juntos, pero en democracia auténtica, no cuajada de ex-franquistas en todo el Estado ni contaminada por la designación del Jefe de Estado anterior por un dictador implacable cual fue Franco. En todo caso, el problema con Catalunya, creado en gran medida por un PP sin freno moral alguno, que ha maniobrado y manipulado para obtener réditos electorales, no se resuelve con represión, juicios ni cárcel, medidas muy queridas por autoritarios y totalitarios, sean franquistas, fascistas, nazis o los actuales criptofranquistas empotrados en el PP y en ocasiones en Ciudadanos.

Si no hay diálogo e inteligencia, no saldremos de este atolladero.