«España necesita que se incorporen al país 12 millones de inmigrantes hasta el año 2050 si se quiere mantener una actividad económica aceptable y poder pagar las pensiones de quienes se vayan jubilando. Es decir, tendrá que recibir unos 140.000 inmigrantes al año, la mayoría procedente de África. Eso son datos reales y no las falacias de la derecha xenófoba», sostiene el periodista Xavier Caño Tamayo, basado en las investigaciones de la socióloga del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), Amparo González Ferrer.

Dimitris Avramopoulos, comisario de Inmigración de la Comisión Europea, ha explicado que España no sufre especialmente una crisis migratoria sino que, como cada año, aumentan las llegadas de inmigrantes por tierra o mar por el buen tiempo. Casi al mismo tiempo, los dirigentes de los partidos de derecha españoles alineaban sus declaraciones a las de los peores líderes racistas de la Unión Europea.

En España no ha prendido la xenofobia porque la gente no olvida que muchos ciudadanas y ciudadanos españoles emigraron por millones en la segunda mitad del siglo XX y también porque los grandes partidos han sido, en general, responsables en cuestiones de inmigración. Hasta ahora.

Pablo Casado, elegido presidente del Partido Popular (PP), afirma que un millón de inmigrantes espera en las costas de Libia para viajar a Europa o que cincuenta millones de africanos buscan medios con afán para viajar a Europa.

Falacias en vez de datos y hechos

Nadie en su partido ha podido decir de donde provienen esos datos. Tal vez porque no pueden ser contrastados ni tienen base alguna y no la tienen porque en verdad buscan agitar el miedo a la inmigración y le importa poco el respeto a la verdad. Por su parte, el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, le ha pedido a Pedro Sánchez que abandone el buenismocon los inmigrantes porque genera un efecto llamada. Con buenismo, Rivera debe referirse a la humanitaria decisión de abrir los puertos españoles para acoger inmigrantes y refugiados rescatados en el mar por buques de ONG solidarias, mientras Italia y Malta los cerraban.

Pero frente a la demagogia xenófoba, hay datos reales contrastados y sin fantasías sobre migración. Amparo González Ferrer, socióloga del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), sostiene que más de medio millón de inmigrantes han llegado a España en diez años. Desde 2016, 597.772 lo han hecho a la Unión Europea tras cruzar el mar Mediterráneo.

Por lo que se refiere a España, desde 2005 han llegado al país de forma irregular poco más de 220.000 personas, una «invasión» de unos 17.000 migrantes al año. Los cincuenta millones de africanos que, según Pablo Casado, buscan medios para navegar a Europa, no aparecen por ningún lado.

El líder del Partido Popular dice haber obtenido esa cifra millonaria de “alguna ONG”, para luego corregir que lo dijo Antonio Tajani, presidente del Parlamento Europeo, en unas declaraciones al periódico alemán Die Welt. Declaraciones, por cierto, con la misma falta de rigor y de no respetar la verdad como las de Pablo Casado. Tajani aseguraba, sin explicar de donde sacaba el dato, que hasta 30 millones de africanos podrían llegar a la Unión Europea. ¿Podrían? ¿Qué clase de dato es ése cuándo el tiempo condicional indica posibilidad y no una acción que haya sucedido?

No son tantos africanos

Por otra parte, y por puro respeto a la verdad, datos veraces recientes muestran que los migrantes llegados a España y empadronados en 2017, por ejemplo, no vienen mayoritariamente de países africanos subsaharianos. El mayor número de inmigrantes llegados a España son venezolanos, marroquíes, colombianos, rumanos y británicos, en ese orden. Y siempre en cantidades moderadas. El primer país de origen africano subsahariano de migrantes llegados a España está en el puesto 30 de la lista de nacionalidades de migrantes, según el Instituto Nacional de Estadística. Amparo González-Ferrer recuerda, basada en estudios e investigación, que los inmigrantes aportan a los países receptores más de lo que reciben. Y especialmente conviene sobre todo recordar que el presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, declaró el otoño pasado al periódico alemán Deusche Wellque Europa está perdida si no recibe millones de inmigrantes africanos en los próximos años. Por esa razón proponía tender puentes entre la Unión Europea y África para facilitar la inmigración africana legal y así cubrir la falta de mano de obra en la vieja Europa. Porque es un hecho incontrovertible que la población de Europa envejece, como la de España, a tal ritmo  que no habrá dentro de pocas décadas suficiente gente en edad activa para trabajar.

Se necesitan inmigrantes

En concreto, según un informe de la ONU del año 2016, España necesita que se incorporen al país 12 millones de inmigrantes hasta el año 2050 si se quiere mantener una actividad económica aceptable y poder pagar las pensiones de quienes se vayan jubilando. Es decir, tendrá que recibir unos 140.000 inmigrantes al año, la mayoría procedente de África. Eso son datos reales y no las falacias de la derecha xenófoba.

Hasta ahora, España ha sido bastante impermeable al racismo y la xenofobia, pero ahora una  derecha irresponsable (PP y Ciudadanos) quiere obtener rédito electoral con la presentación de los inmigrantes como amenaza. Como ambos partidos derechistas están empatados en intención de voto, han iniciado una especie de campaña para ver quien es más xenófobo que el otro, atizando los miedos irracionales de la gente poco informada. Sin embargo, según González-Ferrer, la xenofobia en el mundo tiende a descender, a pesar de Trump, Salvini, Orban y otros autoritarios semejantes.

No se le pueden poner puertas al campo. La Historia es una inacabada y permanente migración por la que los pueblos, las gentes, se desplazan a lugares donde puedan vivir.

En tal escenario, una muestra de la miseria moral de los líderes de los partidos más derechistas españoles son los viajes de Rivera y Casado a puntos calientes de inmigración en el Reino de España: las vallas de Ceuta y Melilla. Tanto uno como otro dirigente conservador se ha hecho fotos con policías nacionales y guardias civiles en la frontera pero, después de negar el pan y la sal a los migrantes africanos en sus declaraciones, han tenido la desfachatez, o quizás desvergüenza, de fotografiarse dando la mano a migrantes africanos en esas ciudades fronterizas.

Si Jean-Claude Juncker, que no es precisamente un progresista radical, declara sin la menor duda que hay que facilitar la inmigración de millones de africanos a la vieja Europa o ésta se hunde, es porque eso es lo que hay. No lo duden.