Las campañas y precampañas por la elección del 1 de julio han abonado a crear un clima social delicado y de violencia verbal entre mexicanos. Pero el 2 de julio México seguirá existiendo. Es hora de plantearnos cómo queremos que siga existiendo: ¿en el uso respetuoso de la palabra serena o en el grito insultante? 

Por Bernardo Graue Toussaint*

Entre precampañas y campaña electoral, los mexicanos llevamos muchos meses de una intensa estridencia social; de debates, de discursos poco serenos y algunas veces incendiarios; de promesas serias y de promesas banales; de arengas de todo tipo; de intercambio de insultos; de acusaciones mutuas; de denuncias; de amenazas; de descalificaciones y burlas al que opina distinto; de violencia verbal y también de lamentables casos de violencia física; de escasas emociones positivas y de múltiples emociones negativas.

Entre los partidos, los candidatos y también entre la sociedad mexicana se ha construido un clima verbal poco sereno. El uso de la palabra se ha cargado de improperios. No han sido campañas positivas, sino plagadas de encono. Las redes sociales han sido terreno propicio (con anonimato e impunidad) para minar el ánimo de nuestra ciudadanía por medio de «verdades a medias» o de «mentiras totales». Cada quien (partidos, candidatos y ciudadanía) desde la trinchera de sus filias o de sus fobias, ha abonado a un crear un clima social delicado frente a un proceso electoral importantísimo para el futuro de México.

En nombre de una mal entendida «libertad de expresión» hemos hecho mal uso de la palabra y nos hemos alejado del principio básico de la convivencia, que no es otro que entender que democracia es *»TÚ Y YO»*, en vez de *»TÚ O YO»*. Una sola letra marca la diferencia, entendiendo que la segunda opción implica el patético deseo de que «el otro», el que opina distinto, no exista.

El 2 de julio, una vez pasada la elección, *MÉXICO SEGUIRÁ EXISTIENDO*, pero debemos plantearnos -desde ahora- *CÓMO QUEREMOS QUE SIGA EXISTIENDO*, cómo queremos convivir:

– ¿En el uso respetuoso de la palabra serena o en el grito insultante?

– ¿En la actitud democráticamente pacífica o a golpes?

– ¿En la legalidad o en la justicia por propia mano?

– ¿En la pluralidad o en la imposición del más fuerte, del que más grita o insulta, del que amenaza?

Por todos estos motivos, decidí dedicar estas líneas a los partidos, a los candidatos y a todos los mexicanos. Pienso que *ES HORA DE SERENARNOS*.

Es hora de cuidar la palabra, para preservar y garantizar la convivencia futura. Es hora de demostrar nuestra calidad ciudadana. Es hora de tomar nuestra boleta electoral como acto libre, personalísimo y secreto. Es hora de votar en positivo, es decir, de otorgar nuestro voto *A FAVOR DE…*, en vez de *EN CONTRA DE…* Es hora de dar ejemplo de civismo a los hijos.

Es hora de demostrarnos que somos capaces de construir un México que puede decidir y que también puede convivir en armonía después de las elecciones. Es hora de respetar al árbitro electoral y al trabajo de miles y miles de ciudadanos que cuidarán las casillas y contarán los votos.

En mi caso particular, tengo decidido por quién votaré. Y también tengo la certeza de por cuál candidato jamás votaría. Si gana mi candidato, lo celebraré con gusto. Si gana otra opción que no sea la de mi preferencia, respetaré el resultado, aunque no me guste. Si somos demócratas, todos estamos obligados a acatar la decisión de la mayoría. Así es la democracia. Para eso la construimos.

Pasemos a la serenidad. Seamos capaces de calmar nuestras pasiones políticas particulares. Pensemos nuestro futuro y votemos libremente.

Llegó el momento de demostrar que somos una sociedad que desea un futuro que garantice paz, democracia, libertades y prosperidad para una nación cuyo nombre a todos -sin excepción- aún nos estremece: el nombre de México.