«Es hora de que los empresarios expresen con respeto, pero con firmeza, que el Presidente de la República no puede ni debe hacer con el país lo que le venga en gana […] decirle que no está generando confianza, sino una seria incertidumbre económica», dice el analista y ex diplomático Bernardo Graue Toussaint, preocupado por lo que considera una demonización del sector empresarial por parte de AMLO.

Por Bernardo Graue Toussaint

Si algo ha caracterizado el discurso del Presidente López ha sido la satanización de todo aquello que le sirva para exaltar demagógicamente su figura; la de su gobierno y sus deseos y ocurrencias personales.

Mañosamente, el discurso lopezobradorista constantemente subraya algunos casos de empresarios partícipes en actos de corrupción, en una retórica falaz que pretende mostrar a todo el empresariado mexicano como pura suciedad e indecencia.

Categóricamente digo ‘no’.

La inmensa mayoría de los empresarios mexicanos (grandes, medianos y Pymes) han dado grandes muestras de tesón; de verdadero amor por su país; de resistencia ante las graves adversidades, muchas veces producidas por pésimas decisiones gubernamentales; de armonía y empatía con sus trabajadores y empleados.

Son miles y miles de empresarios, orgullosamente mexicanos, dedicados a la producción industrial; al comercio o a la prestación de servicios, que se desvelan por sus compañías, su futuro y el futuro de sus trabajadores y familias. Empresarios  que han invertido recursos propios o que se han endeudado para crear negocios; que arriesgan; diseñan productos y servicios; generan millones de empleos; capacitan; propician cadenas productivas de gran valor que son un factor multiplicador del empleo; investigan; apuestan por la mejora constante de calidad y productividad; pagan impuestos y contribuyen de manera sustantiva a la economía nacional; exportan con entusiasmo y salen a competir en un entorno global difícil. Muchos de ellos son líderes mundiales de su sector. Otros tantos han sido capaces de producir innovaciones tecnológicas de fama mundial.

México tiene muy buenos empresarios y muy buenos trabajadores de esas.

Son empresarios y trabajadores que todos los días salen a producir y a servir. Nadie les regala nada.

El sector empresarial ha sido excesivamente prudente (por decir lo menos) de cara a estos escasos meses de gobierno del Presidente López y las políticas y acciones desarrolladas desde el 1 de diciembre de 2019. Ha habido un responsable y prudente «beneficio de la duda» por parte de los empresarios mexicanos. Pero hay que decirlo con todas sus letras: existe una inmensa preocupación entre ellos.

Hay que ser claros: no se requiere una relación de los empresarios «contra» el gobierno, pero sí «frente» al gobierno.  Una relación de respeto y de reconocimiento del valor y peso de las empresas mexicanas en la economía nacional, en el desarrollo del país y en el bienestar de millones de familias que dependen de éstas.

Es hora de que los empresarios (grandes, medianos, Pymes) y sus asociaciones gremiales, expresen con respeto, pero con firmeza, que el Presidente de la República no puede ni debe hacer con el país lo que le venga en gana. Es Presidente, no propietario de la nación. Decirle que no está generando confianza, sino una seria incertidumbre económica, con los efectos que esto puede producir en la inversión nacional o extranjera; en la economía nacional y en la viabilidad de las empresas.

Es deseable -e incluso necesario- que los empresarios y el Presidente de la República  se encuentren a la brevedad posible, se expresen con claridad y respeto mutuo; que sea diálogo, no monólogo presidencial; que se escuchen, que propongan y que acuerden.

Nadie en su sano juicio se opone a la atención primordial a los más desfavorecidos en México, pero el Presidente López debe entender las preocupaciones reales sobre la viabilidad de su política económica; sobre el ejercicio del gasto público y el cuidado del equilibrio en las finanzas nacionales. Entender que sin los empresarios mexicanos no es posible transformar el presente y el futuro de México. Es con ellos, no prescindiendo de ellos.

graue.cap@gmail.com