«No estoy obligado a aplaudir todo lo que haga el Sr. López. A partir del 1 de diciembre, este señor será Presidente, pero no será mi Dios». El ex diplomático mexicano Bernardo Graue Toussaint defiende en este artículo la importancia de mantener una visión crítica con el nuevo mandatario electo de México, Andrés Manuel López Obrador.  

Por Bernardo Graue Toussaint

Como demócrata que soy, estoy obligado a aceptar el resultado electoral del día 1 de julio en nuestro país… SÓLO ESO.

No estoy obligado a creer ingenuamente -a raja tabla- en las falaces promesas de campaña con las que se logró esta victoria electoral.

No tengo obligación de festejar cuanta pirueta haga el personaje de marras para sostener su popularidad.

No estoy obligado a aceptar que el Sr. López siga dividiendo a nuestra sociedad entre «mexicanos buenos» y «mexicanos malos», entre «leales» y «traidores».

No estoy obligado a callar si veo que el nuevo mandatario mexicano (para el alcance de sus promesas) decide hipotecar la nación hasta la próxima glaciación.

No estoy obligado a callar cuando se pretendan retrocesos legales, sólo para que el próximo presidente de México dé gusto a los grupos afines a él y a su «causa».

No estaré obligado (aunque tenga mayoría legislativa) a reconocer y a aceptar leyes que atenten contra la democracia, las libertades y los derechos humanos de los mexicanos.

No estoy obligado a aplaudir todo lo que haga el Sr. López. A partir del 1 de diciembre, este señor será Presidente, pero no será mi Dios.

No estoy obligado a alabarlo, sino a tratarlo con el mismo respeto que merece cualquier mexicano.

No estoy obligado a aceptar amnistías a criminales ni pactos con el crimen organizado. Sí estoy obligado a respaldar la voz de la víctimas.

No estoy obligado a aceptar la práctica del chistorete burlón con el que AMLO trata a quienes difieren de él. Con el lamentable espectáculo que hubo en campaña tuvimos suficiente.

No estoy obligado a consentir que AMLO atente contra instituciones que le sean «incómodas» para la consecución de sus «fines» políticos particulares.

No estoy obligado a guardar silencio. Su mayoría obtenida en las urnas no da derecho a silenciar a nadie. Sus grupos políticos no representan el todo nacional. Sólo las dictaduras consideran a las minorías como «prescindibles». Sólo los gobiernos totalitarios pretenden que las minorías no se expresen.

No estaré “contra el gobierno», sino “frente al gobierno», como voz que democráticamente manifieste su opinión en libertad.

Por una personal convicción democrática, acepto el resultado electoral… SÓLO ESO.

graue.cap@gmail.com