El escritor y ensayista, premio Cervantes de Literatura en 2005 y defensor del exilio español en México, falleció a los 85 años de edad este jueves en Xalapa, Veracruz, según informó su sobrina al diario La Jornada. 

MADRID.- Nació en Puebla, México, el 18 de marzo de 1933. Su infancia fue difícil. Su madre murió cuando él tan solo tenía cuatro años y al poco tiempo contrajo paludismo. Enfermedad que le obligó a mantenerse en casa encerrado prácticamente hasta los doce años de edad.

«La enfermedad me condujo a la lectura; comencé con Verne, Stevenson, Dickens y a los doce años ya había terminado La guerra y la paz. A los dieciséis o diecisiete años estaba familiarizado con Proust, Faulkner, Mann, la Wolf, Kafka, Neruda, Borges, los poetas del grupo Contemporáneos, mexicanos, los del 27 españoles, y los clásicos españoles», así narraba el propio Sergio Pitol, durante la ceremonia de entrega del Premio Cervantes de Literatura 2005, cómo la enfermedad le llevó a adentrarse en el mundo de la literatura, del que se convirtió en un referente en toda América Latina.

«La literatura me salvó la vida», decía con frecuencia.

Fue el segundo mexicano en ganar galardón más importante de las letras en lengua española, sólo por detrás de Carlos Fuentes (1987). Después se unieron a ellos José Emilio Pacheco (2009), Elena Poniatowska (2013) y Fernando del Paso(2015).

Pitol fue un destacado cuentista, memorialista y poeta. Entre sus obras más destacadas se encuentran No hay tal lugar (1967), Infierno de todos (1971), Los climas (1972), Asimetría, Cementerio de tordos (1982), Juegos florales (1985), El desfile del amor (1985), Vals de Mefisto (1989) o El arte de la fuga (1996).

En palabras del Instituto Cervantes, sus novelas son ejercicios de estilo que, mediante un humor refinado y mordaz, ofrecen una mirada desencantada de la realidad.  De sus volúmenes de cuentos destaca Nocturno de Bujara (1982), con el cual obtuvo el premio Xavier Villaurrutia. Compaginó la escritura con la traducción al español de autores ingleses, checos, alemanes y rusos. A nuestro idioma tradujo más de un centenar de obras de autores como Henry James o Chejov.

Sus cuentos y novelas, influidos por Henry James en los recursos estructurales, se alejan de las tendencias literarias predominantes en las letras hispanoamericanas de su generación y destacan por su caracter erudito e irónico. Esto quizás hizo que para muchos no pasara de ser, durante muchos años, un escritor de culto.

Según sus propias palabras, se enamoró de la lengua española durante su adolescencia gracias a Borges, y con él conoció a Juan Carlos Onetti y Alejo Carpentier (‘El Siglo de las Luces).

«Del escritor cubano lo que me atrajo fue el ritmo, la austera melodía de su fraseo, una intensa música verbal con resonancias clásicas y modulaciones procedentes de otras lenguas y otras literaturas. A la calidad de su idioma, Carpentier añadía los atractivos del Caribe, su intrincada geografía, la apasionante historia, el cruce de mitos y de lenguas, la reflexión política; todo ello integrado en tramas perfectas».

Pitol y el exilio español

El exilio español en México también tuvo una fuerte influencia en él. «El exilio español enriqueció de una manera notable a la cultura mexicana. Las universidades, las editoriales, las revistas, los suplementos culturales, el teatro, el cine, la ciencia, la arquitectura se renovaron. Aquellos peregrinos, heridos por una guerra atroz y derrotados, crearon una atmósfera intelectual mejor, nos enseñaron a entender y amar a la España que ellos representaban y ampliar nuestros horizontes», indicó Pitol al recibir el Cervantes en 2005.

«En la filosofía, María Zambrano y José Gaos, en la teoría de la música, Adolfo Salazar y Jesús Bal y Gay, en la historia de las artes plásticas Juan de la Encina, en el cine Luis Buñuel, y en la literatura, Luis Cernuda, José Moreno Villa, Emilio Prados, Manuel Altolaguirre, Mar Ar, José Bergamín, al principio del exilio, el latinista Millares Carlo, y muchísimos más».

De ellos conoció literatura española más allá de la generación del 27 y los grandes clásicos. «Fuera de los clásicos, sólo me interesaba Valle-Inclán, Ramón Gómez de la Serna, Antonio Machado y los poetas del 27 (…) De golpe, los españoles exiliados me descubrieron la grandeza de Galdós. María Zambrano, Luis Cernuda, José Bergamín escribieron ensayos extraordinarios en aquel tiempo sobre ese novelista. Después de Cervantes estaba sólo Galdós. Para ellos no había una novela española que hubiera podido superar a las cuatro de Torquemada, o a dos Episodios Nacionales: Bodas reales o Los duendes de la camarilla«.

Escritor y traductor

Sergio Pitol  ocupó durante muchos años una posición muy especial en el panorama literario mexicano. Sin embargo, aunque ha sido unánimemente elogiado por la mejor crítica, fue también un apasionado difusor de la literatura centroeuropea y el brillante traductor de autores como Conrad, James, Gombrowicz o Andrzejewski.

«Su doble dimensión de novelista y ensayista, su capacidad para adelantarse a lo que son tendencias muy acentuadas en los últimos años de lo que es la novela abierta, que integra no sólo la narración, sino la reflexión y el ensayo, es decir, una fusión de géneros», decía de él Víctor García de la Concha, ex director de la Real Academia, quien también destaca de él «su dimisión cervantina». Un hombre de letras que nunca dejó de reflexionar sobre el arte de escribir, la lectura y el hecho literario.

También fue condecorado por el gobierno de Polonia e investido doctor honoris causa por la UNAM.

Este jueves falleció en Xalapa, Veracruz, a los 85 años de edad, por complicaciones de una afasia progresiva que le afectaba desde hace varios años. Según reporta el diario La Jornada, su sobrina, Laura Demeneghi, informó que pasó una noche complicada y sobre las 9:30 horas de esta mañana falleció en su habitación.

El final de un Quijote de la literatura mexicana, que nos deja para siempre un legado literario reconocido en todo el mundo de habla hispana.