La sentencia de la juez en el caso de un ‘youtuber’ que puso pasta de dientes dentro de unas galletas Oreo para dárselas a una persona sin hogar puede sentar una necesaria jurisprudencia para futuros casos de humillaciones contra personas vulnerables. La libertad de expresión no ampara estas agresiones contra la dignidad, sobre todo cuando se dirigen contra personas con poca capacidad para defenderse.

Por Carlos Miguélez Monroy.

El creador del canal de Youtube con el nombre de ReSet no podrá utilizar esa red social durante los próximos cinco años por difundir el video que hizo de una persona sin hogar mientras se comía las galletas Oreo que el youtuber había rellenado con pasta de dientes.

La innovadora sentencia equipara una red social al escenario del delito, con la diferencia de que se trata de un espacio virtual. Kanghua R., el joven de 21 años, tendrá que borrar su canal, que obtuvo centenares de miles de visitas y le generó miles de euros en ingresos, aunque menores a los 20.000 que tendrá que pagarle a la víctima en concepto de indemnización por “daños morales”.

Humilló y vejó a una persona vulnerable, sin hogar, de edad muy superior, que no habla los idiomas oficiales y presenta deterioro por la vida en la calle y por alcoholismo”, concluyó la juez.

La libertad de expresión no ampara las humillaciones, una forma de agresión, sobre todo cuando se dirigen contra personas con poca capacidad para defenderse. Escudarse en esa supuesta libertad contribuye a normalizar las agresiones que padecen las personas más débiles de nuestra sociedad: las personas sin hogar, de inmigrantes sin papeles, de personas con discapacidad o con alguna enfermedad mental o incluso de personas mayores desorientadas y con cualquier tipo de dolencias.

Un 55% de las personas encuestadas en el último Recuento de Personas sin Hogar en Madrid asegura haber sido víctima de alguna agresión, denunciada sólo en un 30% de los casos. Aunque un 27% de estas agresiones se produjeran por personas en la misma situación, cabe preguntarse qué lleva al resto a cebarse contra una persona en situación de vulnerabilidad.

Se ha llegado a hablar de agresiones que surgen como producto de un desprecio, conocido como aporofobia, personas que no tienen «nada», al pobre, en sociedades que han deificado la riqueza material y la fama por encima de todo.

Muchas legislaciones no cuentan con suficiente desarrollo para resolver el agravante que supone agredir a personas vulnerables. Pero la respuesta no se puede limitar a endurecer leyes que, muchas veces, ya son rígidas y excesivas de por sí. Se trata de darles mayor entidad a las víctimas más vulnerables ante ciertas agresiones.

Hace unos años se hizo viral el video de un repartidor de pizzas al que un Youtuber recibió con gas pimienta en los ojos. Sobre todo, circuló el famoso video del caranchoa (cara de anchoa). Se veía a un joven acercarse a un repartidor para preguntarle por una dirección y, cuando éste le daba algunas indicaciones, le decía: “pero vamos a ver, caranchoa…”. De pronto, el lenguaje corporal del repartidor se asemejaba al de un depredador a punto de atacar, pero el casi adolescente de apariencia escuálida lo calmaba con una sonrisa y con la afirmación de que se trata de una broma, de que hay una cámara. Pero el repartidor le soltó un manotazo seco en la cara después de un “caranchoa” posterior, casi imperceptible.

En cuestión de horas recibió miles de visitas el video del Youtuber Mr. Granbomba, como se conocía a este Youtuber. Al final, el juez tuvo los daños morales y a la integridad del repartidor, que tuvo que pagar sólo 30 euros.

Estos casos pudieron contribuir a la sentencia del youtuber de las galletas, que puede a su vez sentar jurisprudencia para decidir casos similares en un futuro.

Las noticias se han sensibilizado ante estas humillaciones, pero los medios de comunicación aún pueden mejorar los debates públicos al implicar a los padres y a las instituciones que tienen la responsabilidad de educar a niños y jóvenes. Esto puede frenar la normalización de actitudes en un ambiente político que de por sí culpabiliza en su discurso al inmigrante, al pobre y al vulnerable, y de que los agresores se sientan menos amparados por su entorno para realizar este tipo de humillaciones con la excusa de una supuesta libertad de expresión. Se sentirán cada vez más solos y aislados cuando dejen de recibir likes y nadie comparta sus lamentables publicaciones.