Ale Oseguera, escritora mexicana que vive en Barcelona, hurga en los recuerdos de cada lector capaz de asociarlos a canciones e ídolos musicales. Su novela ‘Realidad en mono’ (Aloha Editorial, 2019) reviste de belleza esa nostalgia a veces dolorosa con un himno a la música en una prosa sencilla pero limpia y elegante que además retrata la hipocresía de una sociedad que fulmina sin piedad a sus propios ídolos.

MADRID, España.- Diez años después de su retirada de la disolución de su grupo Mono Real, Ricardo Aristizábal se pone delante de su público en un concierto que rendía homenaje a años de éxito. Cerraba así una historia de talento, de éxito y de amistad, aunque también de ambición desmedida, excesos y adicciones, de celos, incomprensión y homofobia en una sociedad que fagocita ídolos con pies de cerámica.

Esa tarde de 2023, antes de su concierto en solitario, Richie se sienta delante del televisor para ver un documental que habla, precisamente, de Mono Real, el grupo que formó con Orlando García tras conocerse en El Instituto, un reality show donde también conocieron al resto de integrantes: Rebeca, Alan y Gaby.

La escritora mexicana Ale Oseguera cuenta esta historia en Realidad en mono (Aloha Editorial, 2019), una novela que combina el guion de ese documental con la narración en tercera persona del encuentro y desencuentro entre Richie, Orlando y el resto de integrantes del grupo. La historia culmina con ese último concierto y con el posterior reencuentro entre dos amigos que fueron mucho más, lo que desencadenó habladurías en sus familias y en la sociedad en su conjunto, algo que ocurre en la actualidad y en la vida real. Parece como si cantantes y artistas tuvieran que hablar de forma abierta de su sexualidad para “despejar dudas” y poder desenvolverse con naturalidad en público y en su vida privada.

Así lo demuestra el debate que desató la salida del armario o clóset por parte del cantante Pablo Alborán.

Realidad en mono - Pablo Alborán

“Escribí una novela en la cual el protagonista, un músico de éxito, oculta su orientación sexual ante el acoso de la prensa. Intento retratar en la novela esa manía de los medios de comunicación en teñir de morbo, de «noticia», la homosexualidad y cómo le afecta esto a él en la construcción de su identidad”, afirma la joven escritora desde su Barcelona actual.

En sus redes sociales publicó una cita a lo que escribió Alex Loppov Menansky en un artículo publicado en La Réplica:

“Un fracaso como sociedad es que una persona sienta tal presión, tanta angustia, que no pueda expresarse públicamente tal y cómo es. Un fracaso es que el silencio se apodere de una parte de su vida. Que el capitalismo salvaje (sí, el puto dinero) te obligue a vivir en la clandestinidad sexual”.

La descripción quirúrgica de la hipocresía de nuestra sociedad de masas se combina con un fino y brillante recurso a la nostalgia al tocar la fibra sensible de cualquier persona que ame la música y haya crecido con ella. El lector siente en sus carnes el vacío y el dolor de los protagonistas. Se sentirán especialmente interpelados quienes hayan nacido a finales de los setenta y en los ochenta por las diversas y constantes referencias musicales. ¿Quién no se iba a emocionar con Depeche Mode, Björk, Soda Stereo, Leonard Cohen, Radiohead, Madonna o LCD Soundsystem?

Realidad en mono - Música

Recuerdo la espera para ir a mis clases de natación con las canciones de Def Leppard, Guns n’ Roses y Motley Crew que escupía la sucia grabadora de mi hermano adolescente. Como el fútbol, la música da vida a la enciclopedia de recuerdos que componen mi ‘yo’. Recuerdo mi tránsito de la primaria a la secundaria con una combinación de imágenes del Mundial de 1994 con un fondo de canciones de Radiohead, de Ace of Base y de John Scatman.

Realidad en Mono - Música de mi infancia

Grandiosas o cutres desde una perspectiva musical, esas melodías se adentran en mi universo emocional de entonces: mis amores secretos, mis celos, mis inseguridades y mis anhelos, que no pierden su belleza a pesar de no haberse cumplido en muchos casos. Mi padre es Il Trovatore de Verdi, mi madre no sólo The Beatles, sino también No more I love you’s de Annie Lennox, Luka de Suzanne Vega y lo que sonaba en la radio cuando nos llevaba por las tardes al dentista o a los entrenamientos; mi hermano es Paradise City y Home Sweet Home, mi mejor amigo, al que regalé el doble CD de Live at Wembley ’86, es Queen, mi tío Víctor es Lovesong de The Cure y así podría asignar un grupo, tema musical a cada persona a la que amo, quiero o forma aún parte de mi vida.

Re-cordar significa volver a pasar algo por nuestro corazón, como ocurre al leer Realidad en mono. Se equivocaba Richie al decir que “el tiempo lo cura todo, incluso la belleza” o que “así es como suena la soledad”. Nadie se cura de su infancia, pero al menos nos queda la música para reconciliarnos con nuestro pasado y ahuyentar así esta soledad.