Esta activista mexicana denuncia que las grandes multinacionales eléctricas de España y de otros países europeos están despojando de sus tierras y costumbres a comunidades indígenas en el Istmo de Tehuantepec, al sur del estado de Oaxaca, para instalar parques eólicos.

Bettina Cruz Velázquez tenía 13 años cuando se unió a su primer movimiento de protesta; en contra de las tarifas de los autobuses en esa ocasión. Esta mexicana natural de Oaxaca se ha convertido en una reconocida defensora de la tierra y del territorio mexicano. Es integrante de la Asamblea de los Pueblos Indígenas del Istmo de Tehuantepec en Defensa de la Tierra y el Territorio, Santa María Xadani, Oaxaca. Pertenece al Congreso Nacional Indígena y es integrante del Concejo Indígena de Gobierno.

Lleva años denunciando los abusos de las empresas contra la región del Istmo de Tehuantepec. Esta zona es conocida por sus fuertes vientos y desde hace mucho tiempo las empresas eólicas intentan hacerse con el control de la zona. Se trata de una región muy rica por su variedad biológica y por ser un punto importante en la migración de aves.

 Esta energía no está siendo instalada con buenas prácticas», asegura Cruz.

«Actualmente existen alrededor de 21 parques eólicos en funcionamiento en el Estado de Oaxaca, cuya instalación ha ocasionado despojo de tierras, alteración de las formas de subsistencia, costumbres y creencias de las comunidades indígenas desde los años 90«, recalca.

Afirma que los aerogeneradores se han instalado de manera ilegal en el territorio de los pueblos indígenas. «Las empresas se aprovechan de los pueblos para conseguir que firmen contratos civiles que muchos no saben leer. Contratos que luego no les dejan tener, por lo que la mayoría no tiene forma de comprobar que ha firmado posteriormente», añade.

Falsas promesas de trabajo y desarrollo

«Las empresas llegan con ofertas de empleo y desarrollo y si bien es verdad que para la instalación si necesitan peones que contratan entre la población local una vez las máquinas están en funcionamiento el personal fijo viene de otros países. Además, este tipo de tecnología no se produce en México y el 80% de la inversión se queda en Europa», cuenta Bettina Cruz a Espacio Méx.

Recuerda como ejemplo que en enero de 2015, el Estado concedió un permiso a la empresa Eólica del Sur para llevar a cabo un proyecto eólico sin la debida consulta previa, libre e informada, que afecta a la comunidad indígena zapoteca de Juchitán de Zaragoza, Oaxaca.

Dice que la instalación arrasa con toda la vegetación y convierte en imposible la agricultura.

Energía «verde» que daña la región

Cruz habla de un “neocolonialismo” que llega a través del capitalismo y la empresas energéticas europeas. «España es uno de los países que interviene en estos territorios, empresas como Repsol, Acciona, Iberdrola o Gas Natural ven en los recursos naturales de México una oportunidad, pero pueden dañar más de lo que ayudan», indica.

Según varios estudios, los aerogeneradores tienen una pérdida de entre 400 y 600 litros de aceite al día que contaminan el ecosistema. Este tipo de proyectos causan daños muy graves en los territorios en los que se asientan, afirma Bettina. «Provocan deforestación, amenazan a especies autóctonas y generan conflictos entre los pueblos indígenas. Y además la llegada de trabajadores extranjeros ha provocado un aumento de la prostitución.

Para poder sobrevivir hasta la fecha lo hemos tenido que hacer con nuestras costumbres y muchas se basan en el trabajo colectivo y eso se está viendo erosionado por la presencia de estas empresas eólicas

Cruz afirma que los periodistas ayudan a las empresas al transmitir la imagen de que los defensores medioambientales están en contra del progreso y de la energía limpia. «Una energía que beneficie la vida no debe impactar de esta manera en la vida de los pueblos», dice Cruz.

Bettina ha recibido numerosas amenazas de muerte y ha sido hostigada y seguida por personas desconocidas, por lo que, en varias ocasiones, ha tenido que salir de la región debido al riesgo que corría. En 2011 fue detenida y agredida por la policía. Ese mismo año la Oficina para la Defensa de los Derechos Humanos del Estado de Oaxaca dictó medidas cautelares de protección después de haber sido agredida por la policía estatal durante su trabajo informando a las comunidades indígenas sobre sus derechos a la propiedad de la tierra.

Además del desprestigio, según denuncia, las empresas se aprovechan de sus relaciones con el gobierno mexicano para que se criminalice la labor de Bettina y sus compañeros. Las empresas también se vinculan con el narcotráfico que se encarga de las amenazas y la extorsión. Es más, Cruz nos cuenta como muchas de estas multinacionales contratan sicarios armados para vigilar sus parques eólicos en la región.

En México viven 66 pueblos indígenas y en el Estado de Oaxaca se encuentran 16 de ellos.


Imágenes: Juan Carlos Rojas