El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó una orden ejecutiva que suspende la separación de niños migrantes de sus padres, pero el fin de este procedimiento no acaba con los horrores de la política Trump de “tolerancia cero”.

“Cuando buscamos procesar a los padres por venir aquí ilegalmente, hay que separar a los niños”. Con estas palabras justificó Donald Trump el procedimiento que había llenado de polémica los titulares de medio mundo. Sin llegar a explicar porqué era necesario este procedimiento, el presidente republicano afirmó que continuaría llevándose a cabo a pesar de las condenas que había recibido por parte de la ONU, gobiernos de otros países, organizaciones no gubernamentales, el Papa Francisco e incluso miembros de su propio partido que le han acusado de violar los derechos humanos. No ha sido hasta hace unas horas cuando Trump ha sucumbido a la presión y ha firmado la orden que pondrá fin a la separación de familias, aunque los niños ya apartados no se reagruparán de forma inmediata. “No hay duda de que la política del presidente Trump de separar familias se ha diseñado para infligirles un gran sufrimiento mental y para disuadirles de buscar protección en Estados Unidos”, declaró Erika Guevara Rosas en representación de Amnistía Internacional.

La fotografía de una niña que lloraba desconsolada tras ser separada de sus padres se convirtió en viral a través de las redes. La imagen, obtenida por John Moore, se ha convertido en el símbolo de la tragedia que padecen los niños inmigrantes de Estados Unidos.

La foto de esta niña hondureña de dos años fue compartida por personajes como las actrices Lena Headey o Mayim Bialik para pedir al presidente Trump que no separara a más familias. La revista Time ha anunciado su próxima portada en la que esta niña se enfrentará a la figura de Trump bajo un pequeño titular: ”Bienvenida a América”. El alto comisionado de las Naciones Unidas para los derechos humanos condenó la situación pero hasta ayer Trump parecía inmune a la presión. A principios de semana se publicó en internet un video realizado por ProPublica y suministrado a The Associated Press en el que se oían los llantos de decenas de niños que habían sido separados de sus padres. “Mami”, “papi”, son las palabras que más se oyen entre lágrimas y gritos de desconsuelo, una de las niñas intenta durante varios minutos que le dejen llamar a su tía, suplica y llora, asegura que ha memorizado el número y que si dejan que llame ella vendrá a buscarla pero sus ruegos son ignorados.

Portada del próximo 2 de julio de la revista Time

El vídeo también mostró la falta de humanidad y empatía de los que se encargaban de trasladar a estos niños.

“Tenemos una orquesta aquí. Sólo nos falta el director”, comenta uno de los trabajadores.

Al menos 2.300 menores han sido separados desde abril en la frontera, según datos de ProPublica. Más de cien de esos niños tienen menos de cuatro años. Las red consular de México ha identificado 21 casos de niños mexicanos que han sido separados de sus padres, afortunadamente la mayoría han sido repatriados y sólo siete continúan en albergues.

Uno de los casos más difíciles de tramitar, según informó el canciller Luis Videgaray, es el de una niña de 10 años con síndrome de Down que, junto a su hermano, fue separada de su madre. El padre reside en Estados Unidos y el Gobierno de México intenta que este progenitor pueda reencontrarse con sus hijos.

La política de Trump no sólo vulnera los derechos humanos si no que ignora el derecho de estas personas a recibir asilo. Muchas de las familias encerradas y separadas por el gobierno estadounidense provienen de países donde existen graves problemas de seguridad y violencia, como son los casos de Honduras o El Salvador. Al negarles asilo, Estados Unidos atenta contra el derecho de los refugiados, como sostiene Amnistía Internacional.

Durante lo que lleva de mandato, Trump se ha amparado en su política de “tolerancia cero” para cometer actos marcados por la crueldad. La militarización de la frontera con México fue el primero de los pasos que ha llevado a muchos centroamericanos a acabar encerrados en instalaciones como Úrsula, en McAllen, Texas, más conocido por los migrantes prisioneros como “La Perrera”.

En un vídeo publicado por la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos se puede ver cómo los migrantes encerrados en este antiguo almacén conviven en instalaciones que sólo pueden definirse como grandes jaulas donde son encerrados adultos y niños en pésimas condiciones.

“Vi a un grupo de diez madres sollozando incontrolablemente y gritando que les quitaron a sus hijos”, dijo David Cicilline, representante de Rhode Island, para ABC 6. El Gobierno mexicano calificó de “cruel e inhumana” esta política migratoria a través del canciller Videgaray. Pero los actos crueles de Trump no se limitan a las últimas semanas, donde la condena social ha vuelto a ponerle en el punto de mira. Desde antes de ser elegido como presidente, Trump anunciaba que su política se basaría en luchar contra la «inmigración ilegal» y a las pocas semanas de su elección ya se comenzaron a llevar a cabo acciones que atentaban contra los derechos humanos: deportaciones, prohibiciones de vuelo a personas originarias de países árabes… Podemos sobrecogernos con el horror que reflejan los actos del presidente de las últimas semanas pero no pueden sorprendernos. Desde el comienzo de su legislatura, incluso antes, la crueldad y los actos inhumanos han marcado el día a día de la política migratoria estadounidense.