“Nos quisieron enterrar pero no sabían que éramos semillas”, se leía en una pancarta ayer. «El 8 de marzo volvió a sorprenderme por la fuerza que representa y por la magia de su mensaje. Había ira pero también alegría y felicidad en el grito violeta, celebraban que estábamos juntos luchando por cambiar las cosas», dice el periodista Javier González Sánchez al contar cómo vivió la marea violeta en Madrid. 

Por Javier González Sánchez

MADRID, España.- Imágenes de las que ya no están, de las que siguen luchando cada día, de las que han sido arrancadas de sus familiares y seres queridos por la violencia machista. Son los rostros que se me han quedado marcados de la nueva manifestación feminista que, según los primeros cálculos, reunió a unas 350.000 personas en Madrid.

Pedían algo que parece tan obvio, necesario e incuestionable que frustra, da ganas de gritar y llorar no poder verlo: igualdad.

Estas fotografías se alzaban por encima de una masa violeta, sin rostro, junto con miles de mensajes que, como si fueran bocadillos de un cómic, gritaban por todas las mujeres que necesitan una seguridad que el sistema no les garantiza. “Sola, borracha, quiero llegar a casa” 

La ola de cánticos se extendía desde Atocha hasta Plaza de España, en ambas direcciones. Los mensajes pedían libertad, respeto y era sorprendente la variedad y la originalidad de algunos de ellos. Muchos empleaban el humor para enfrentarse a la dura realidad que ha acabado con 1.000 vidas en los últimos 14 años en España. “No me viole cheñor” rezaba uno de los carteles, “No quiero ser princesa, quiero ser presidenta”, “El patriarcado me da patriarcadas”, se podía leer en otro.

Las primeras cifras superan la cantidad de personas que se unieron el año pasado al grito púrpura. Sólo en Madrid los asistentes han superado con creces los 170.000 del año anterior.

Los gritos y los cantos por el fin de la violencia machista señalaban también en dirección de los 47 hombres que acabaron con la vida de sus parejas o exparejas en 2018. ¿Qué habrían sentido en medio de esta atronadora multitud? “Respeta mi existencia o espera resistencia”.

Este año, quienes creemos en la igualdad y en la necesidad de hacer frente a quienes pretenden pisotear los avances de décadas, volvimos a gritar. Y es necesario gritar más fuerte que nunca. “Quién no se mueve no nota las cadenas”.

Líderes de fuerzas políticas que sostienen que los hombres “estamos desprotegidos frente a las mujeres”, que remueven la Ley del Aborto para arrebatar el derecho a interrumpir embarazos no deseados, que cambian la palabra “maltratadores” por “hombres que no tratan bien a las mujeres”, que leen discursos sobre el derecho de las mujeres, acompañados de ellas, pero sin dejarlas hablar. “Cuando estás acostumbrado al privilegio la igualdad se siente como opresión”.

Hombres en la lucha feminista

 

El 8 de marzo volvió a sorprenderme por la fuerza que representa y por la magia de su mensaje. Había ira pero también alegría y felicidad en el grito violeta, celebraban que estábamos juntos luchando por cambiar las cosas. Al pasar cerca de terrazas en las que curiosos se asomaban, la música se escuchaba más fuerte: el sonido de la batucada y  el “Bella Ciao”. “No nos mires, únete”.

En el argumentario publicado por la Comisión 8 de Marzo, quedaron recogidas todas estas ideas, aquello contra lo que aún hay que enfrentarse. Las peticiones de esta manifestación van más allá de acabar con los comentarios machistas. Se trata de cambiar el sistema desde abajo, enseñando a los niños lo aberrante que puede ser la violencia sexual y machista, y de garantizar un sistema que proteja a las mujeres sin culpabilizarlas ni criminalizarlas. Se trata de que cada año esta masa violeta sea menor. No porque se debiliten las convicciones; si no porque cada vez haya más objetivos cumplidos. “Nos quisieron enterrar pero no sabían que éramos semillas”.


Imágenes: Juan Carlos Rojas