Las terapias en México de la asociación cristiana Venser, los cursos del Obispado de Alcalá de Henares para ‘curar la homosexualidad’ y el tratamiento al que someten a su hijo los padres de Jared, protagonista en la película Identidad robada (Boy erased), parten de la premisa de que las personas no nacen, sino que se hacen homosexuales a lo largo de su vida por factores que pueden revertir. Jesús y Max, dos hombres homosexuales, cuestionan estos métodos y lamentan que se conviertan en negocio.

MADRID, España.- Por 50 dólares se puede tener una sesión para tratarse y dejar atrás una homosexualidad que nadie elige, según el ideario de la asociación mexicana y cristiana Venser, con sede en México.

No es una enfermedad mental, pero sí es un sentimiento, síntoma de algunos factores psicológicos que lo provocan. El sentimiento de atracción homosexual no es parte de la identidad de una persona y se puede quitar. Te recomiendo comenzar un proceso de psicoterapia”, afirman desde su servicio de atención online en respuesta a una consulta por el mismo canal sobre si la homosexualidad es una enfermedad y, en caso de serlo, cómo se puede tratar.

Después de estas recomendaciones para comenzar una terapia semanal online o presencial, que puede espaciarse a cada dos semanas cuando se empiecen a ver resultados, según explican, envían dos videos de Youtube: Identidad y personas con atracción al mismo sexo y No existe la homofobia.

Estas terapias, los cursos clandestinos del Obispado de Alcalá de Henares para “curar la homosexualidad” que han escandalizado a una parte de la sociedad española y la terapia a la que someten a su hijo los padres de Jared, protagonista en la película Identidad robada (Boy erased), parten de la premisa de que las personas se hacen homosexuales a lo largo de su vida.

“No se puede nacer homosexual, es una mentira. Es una elección”, dice el director del Refuge program al que incorporan a Jared, en la línea con las afirmaciones de Everardo Martínez Macías, director de Vesner, y del ideario de su organización. Entre las cuestiones que enumera están lo que él llama “argumentaciones médicas falsas” sobre el componente genético, la homosexualidad como movimiento político, social y hasta teológico, y un método de “vacuna” contra la homosexualidad.

En un momento de la película, basada en hechos reales, el terapeuta conmina a Jared a expresar el odio que le tiene a su padre y que, según él, está entre las causas de su desviación.

“No voy a pretender que odio a mi padre. No odio a mi padre”, responde el adolescente. Su terapeuta le pregunta de dónde viene entonces todo el enojo que empezaba a manifestar.

“Porque tú me estás haciendo enojar”, sentencia el adolescente encabritado. Esta secuencia coincide con el ideario de Venser, que alude la identificación con el progenitor del sexo opuesto y el odio hacia el progenitor del mismo sexo en muchos de los casos de homosexualidad que han estudiado.

Martínez Macías, que lleva 16 años dedicados a “quitar la homosexualidad y a desarrollar la heterosexualidad”, afirma que todo surge por asociar sentimientos con identidad. ‘Tener’ atracción o sentir por alguien del mismo sexo no convierte a nadie en homosexual, argumenta.

“Tener no es ser”, dice en la conferencia del video, donde se declara objeto de una persecución basada en la intolerancia y ‘tiende la mano’, ‘desde la compasión’ y sin obligar a nadie, a quienes no quieran vivir subyugados a lo que considera ideologías de género agresivas. Atribuye la homosexualidad a factores espirituales, a dificultades para relacionarse, a abusos sexuales, a repetidas experiencias negativas en relaciones con personas del sexo opuesto, a una recurrente disfuncionalidad familiar y a presión social.

Tenemos que decirlo: son heterosexuales. Necesitamos decirle eres heterosexual independientemente de lo que sientas

En un momento de la conferencia, el autor de Heterosexualidad: historias reales saca un vaso y asegura que no es vaso porque se sienta vaso, sino por su diseño y su función. Después de ridiculizar al vaso porque no se siente vaso en una parodia a los homosexuales, se pregunta: “¿qué payasadas son esas? Gente perdiendo la vida en estas idioteces… Eres heterosexual independientemente de si penetras o te penetran”.

Sanar para construir relaciones sanas con personas de cualquier sexo

La psicóloga Andrea Henning reconoce no tener datos para refutar o confirmar el componente genético de la homosexualidad. Aunque coincide con Martínez Macías en la presencia de dinámicas familiares disfuncionales y casos de abuso en muchos de los casos que han llegado a su consultorio en Madrid, cree que se trata de más de factores que pueden disparar la homosexualidad de causas y que sí hay personas que nacen homosexuales.

“En el fondo todo el mundo puede llegar a ser homosexual”, dice al recordar la ambivalencia genital durante el desarrollo embrionario.

En cualquier caso, considera que el foco no está en la reconversión, sino en un trabajo terapéutico para sanar las heridas provocadas por los vínculos familiares nocivos y las experiencias de abuso con el fin de romper con esas dinámicas y evitar que las personas se conviertan a su vez en abusadoras y perpetúen la cadena. Para esta psicóloga, se trata de construir relaciones sanas con personas del mismo sexo o con quien quiera relacionarse la persona en cualquier momento de su vida, de desarrollar la capacidad de amar y una vida sexual sana, sin adicciones y comportamientos dañinos.

“Tiene que ser algo muy profesional. Lo importante es tomar conciencia”, dice Henning, que centra gran parte de su trabajo en los sistemas y en las dinámicas familiares.

En su opinión, el aumento en el número de casos con personas que no tienen definida su sexualidad también va de la mano de la proliferación de páginas de Internet y de aplicaciones y de «cierta necesidad en el ambiente», sobre todo adolescente, de probar si soy heterosexual, bisexual o gay.

Hay una hipersexualización en nuestra sociedad que antes se suprimía. Abunda el marketing con connotaciones sexuales.

Desde su experiencia, Henning ve difícil que alguien deje de su homosexualidad con una terapia. De ahí la importancia de acompañar a la persona para que aprenda a construir vínculos sanos y relaciones sanas. La psicóloga alemana alerta de cierta frivolización que ha ido de la mano de la conquista de libertades y considera fundamental saber qué significa formar una familia sin frivolizar y sin dejarse llevar.

“Hay que hacer las cosas con conciencia, desarrollarla, saber qué ser humano queremos ser”, dice en referencia a la decisión de formar una familia, tanto si se trata de personas heterosexuales como de personas del mismo sexo.

“No hay cura para la homosexualidad porque no es una enfermedad”

Rosa María Monroy Martínez advierte de la complejidad del tema y señala la elevada frecuencia en que se produce una falta de aceptación propia en las personas homosexuales.

“Mi experiencia con personas con las que he trabajado es que, desde pequeños, sabían que eran diferentes. Y no hay ‘cura’ posible para esto porque no estamos ante ninguna enfermedad”, dice esta coach especializada en trauma.

“Un homosexual me preguntaba cómo era posible que la gente dijera que ellos eligieron su destino cuando viven marginados”, afirma Monroy Martínez, convencida de que la aceptación propia y de la sociedad dependen del entorno familiar y social en que se desenvuelvan las personas, con dificultades mayores en países como México con su influencia católica y religiosa y su historial homófobo.

Dos homosexuales sin terapia

“Me preguntaron si se habían equivocado en algo, si había tenido alguna mala experiencia”, dice Max Hernández al contar cómo su familia lo cuestionó cuando comunicó su homosexualidad. Su hermana, pedagoga, le comentó que había oído hablar de unas terapias para tratarse, pero desechó la idea y no ha tenido una experiencia semejante, aunque se declara triste por el mero hecho de existir.

Se aprovechan de algo muy delicado en las familias, de la fe y de la esperanza. Muchas caen porque reaccionan desde el miedo y la ignorancia, no por hacer sufrir a nadie. Los afectados acceden para sentirse aceptados.

Este veracruzano advierte de las huellas y posibles daños psicológicos que puede producir decirle a alguien que está mal cuando ya cargaba una mochila llena de piedras y que tenía cada vez más dificultades para desarrollar su autoestima y autoaceptación.

“Entiendo las razones, pero me parecen detestables las consecuencias. El estado debe intervenir ante semejante estafa”, dice este mexicano que vive en Madrid.

Hernández descubrió su atracción por personas del mismo sexo en la pubertad, pero pensó que podía esconderlo hasta que, con 24 años de edad, “salió del clóset”, algo de lo que no se arrepiente.

Puedo ser el hombre que quiero ser, tener carácter; puedo querer y estar con quien yo quiera. Me he quitado un enorme peso de encima.

Jesús Burrola se dio cuenta de su homosexualidad incluso antes que Hernández, cuando estudiaba la primaria.

“Me volvía loco con un amiguito. No me llamaban la atención las niñas”, dice este mexicano de Hermosillo que vive en Madrid desde hace nueve años. Asegura haber tenido clara su predilección por las personas del mismo sexo en la secundaria. Sin embargo, esperó hasta los 17 o 18 años para contárselo a su familia, que ha aprendido a aceptarlo y a entender a su hijo después de ver que lleva una vida como cualquier otra persona, que su preferencia sexual no tiene relación con las drogas ni con algún estilo de vida extravagante.

Burrola atribuye la proliferación de terapias a cierta involución en distintas partes del mundo con el fantasma de la ultraderecha y lamenta que se convierta en algo no natural una identidad que deba cambiarse con tratamientos.

Aseguran que no obligan a nadie, pero las campañas publicitarias y su proselitismo generan una gran presión.

Terapias contra la homosexualidad, prohibidas por ley en Madrid

El obispado de Alcalá de Henares asegura que sus sesiones no consisten en terapias regenerativas, sino de una formación educativo-sexual. Sin embargo, el periodista Ángel Villascusauna confirma en el diario.es que los materiales enviados a los participantes tienen como objeto, al igual que Venser, que las personas dejen su homosexualidad.

Expertos del Consejo General de la Psicología de España lo consideran anticientífico y advierten de que pueden derivar en problemas de ansiedad, depresión y suicidio. La promoción y realización de este tipo de terapias está prohibida en Madrid, incluso si las personas acuden de forma voluntaria.