En la antigüedad los mayas utilizaron el juego de pelota como una manera de calmar tensiones o resolver conflictos sin recurrir a la guerra, sustituyeron las batallas por un juego que servía para resolver sus disputas. Con el tiempo, el fútbol ha pasado de ser un entretenimiento inocente a generar un problema de violencia muy difícil de resolver.

Por ejemplo, en Mexico D.F.  la locura por el fútbol es tan fuerte que algunos grupos radicales han llegado a apedrear el autobús en el que viajaban los jugadores rivales hasta el estadio, incluso a agredir al entrenador del equipo.

Una vez terminado el encuentro en la cancha, existe otra competición. Los hinchas van a buscar las banderas del equipo contrario, en un juego peligroso.

A pesar de la violencia causada en los enfrentamientos entre grupos radicales, existe toda una cultura de colaboración generada por las hinchadas de fútbol. En torno a ellas participan miles de jóvenes movidos por la fiebre de defender sus colores, inspirados por un amor ciego a la camiseta.

El Club Atlético Peñarol de Montevideo surge de la iniciativa del gremio ferroviaro de Uruguay. Sus colores son el amarillo y negro, los mismos que los de la Locomotora Rocket. La hinchada de Peñarol es responsable de desplegar la bandera más grande jamás vista en un estadio de fútbol. Un telón de 300 metros de largo por cincuenta de ancho confeccionado por el pintor Rody Soria y financiado gracias a la colaboración de miles de aficionados.

En 2011 el director de cine Andrés Benvenuto realizó el documental “Manyas” como se conoce a los hinchas de Peñarol. La película fue un taquillazo que consiguió vender 13.000 entradas en su primer fin de semana en cartel. La película incluye testimonios de los hinchas junto con las opiniones de sociólogos, periodistas deportivos y psicólogos.

Llama la atención el testimonio de una mujer jubilada que narra cómo en su juventud los hinchas coreaban “Jueguen tranquilos muchachos la pelota, que está presente aquí toda la flota” en un tiempo en el que los aficionados encendían guirnaldas de luces con la energía de una batería de coche.  El asiento en el estadio no está reservado a los hombres. Ya lo dicen José Machado y Manuel Valera en su libro “Futbolia, filosofía para la hinchada” cuando afirman que el perfil del aficionado medio ha cambiado en los últimos años.

“La agotadora abnegación del ama de casa, los últimos cartuchos de alegría de la jubilada y el furor hormonal de la adolescente han encontrado por fin escape, blanco y recepción en esos mismos verdes campos donde los hicieron los sueños, frustraciones y triunfos de sus hijos, padres y maridos.”


Este artículo es la segunda parte de la trilogía «El fútbol en América». Si te gustó, no te pierdas «Aproximación a un sentimiento inexplicable» y «Del Maracanazo a Eduardo Galeano».

Fotografías: Club América y Club Atlético Peñarol