“Crecí en una sociedad machista en la que estereotipos, chistes y frases hechas fueron minando mi autoestima y la de muchas de mis amigas y conocidas. El vivir fuera de México y conocer mujeres con éxito personal y profesional me ha dado otra perspectiva de esta realidad”, dice Ángeles Garrido, autora de este artículo que invita a una importante reflexión a ambos lados del Atlántico.

 

Por Ángeles Garrido.

Tras el festejo Día de las Madres en México y España, he pensado en el papel de las madres en la educación machista de nuestros hijosMuchas veces somos, nosotras las mujeres, las que en gran medida fomentamos y justificamos nuestro papel secundario en la sociedad.

Me viene a la mente aquel refrán que dice que «detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer«.  Pero también es cierto que muchas veces «detrás de una gran mujer hay un gran hombre que le proporciona el apoyo incondicional necesario para que ella pueda llegar a donde ella quiera«.

Sin embargo, se suelen oír comentarios machistas como: «Ese hombre es un mantenido» o en esa casa «la que lleva los pantalones es ella«. En ambos casos se da por hecho que la situación está fuera de la normalidad y niegan a la mujer la satisfacción completa del éxito. Ella se debe sentir culpable por que su éxito es directamente proporcional al fracaso de su hombre como macho proveedor.

Tradicionalmente, la mujer que brilla y piensa no es aceptada y, en general, ha tenido que luchar mucho más para ser reconocida. Durante siglos, escritoras y poetas han utilizado seudónimos ambiguos o masculinos para que sus trabajos fueran considerados serios y que sus obras fueran publicadas.  Este es el caso de Mary Ann Evans, que firmaba sus obras como George Elliot. O casos más recientes, como el de la autora de Harry Potter que firma con sus iniciales J. K. Rowling por sugerencia de su editor. Sólo así, estas brillantes mujeres lograron que sus obras fueran publicadas sin prejuicios y se convirtieran en bestsellers.

Crecí en una sociedad machista en la que estereotipos, chistes y frases hechas fueron minando mi autoestima y la de muchas de mis amigas y conocidas. El vivir fuera de México y conocer mujeres con éxito personal y profesional me ha dado otra perspectiva de esta realidad.

Hasta que me alejé comprendí lo que habían hecho en mi autoestima frases como: “eso es cosas de hombres”, “calladita te ves mejor”, “mujer al volante, peligro constante”, “pegas como una niña” o la típica frase de “mujer tenía que ser. Las mujeres que se atreven a salirse del “huacal” lo hacen muchas veces llenas de miedo e inseguridad creadas por una sociedad machista que las juzga.

Esta inseguridad a veces se traduce en agresividad. Actualmente, casi nadie duda que en los Consejos de Administración y en las altas esferas del poder hay que incluir la perspectiva de las mujeres. Pero en ocasiones, para ser aceptadas y consideradas, muchas optan por reproducir comportamientos machistas y, entonces, pierde sentido incorporar una “mirada de mujer” que en realidad no lo es tanto. Es esa perspectiva distinta la que enriquece los proyectos.

En realidad, el machista no soporta que las mujeres se defiendan, cuestionen o amen sin tener ellos el control.

El conocido caso de ‘Lady Navajas’ en México

Recientemente, me resultó ofensivo recibir, de alguien a quien yo nunca describiría como machista, un meme que hablaba de una mujer que había atacado con una navaja a su exmarido y estaba basado en un hecho real.

Mi primera reacción fue preguntarme qué habría llevado a una mujer a atacar de esa manera a su exmarido.  Así que me puse a indagar en la prensa local y descubrí muchos comentarios de hombres que criticaban y condenaban a la mujer no por el acto violento, sino por ser mujer. La mayoría de los ataques se dirigían contra el feminismo y reproducían generalizaciones y estereotipos.

El citado chiste decía que los hombres en México tendrían que salir armados a sus citas para defenderse de los «posibles ataques» de sus novias o mujeres. La manera en que se trató el tema en las redes sociales era agresiva y burda, sin profundizar en las causas, y no contemplaba la posibilidad de que la mujer se estuviera defendiendo. En todo momento, el tema se trataba como una afrenta de una mujer salvaje de la que se burlaban con el apodo de “Lady Navajas”.

Para ser justos con la prensa mexicana, en algunos medios se publicó una versión más completa de la historia, según la cual la chica se negó a “cumplir los deseos de su exmarido” y fue entonces cuando la situación se tornó violenta y ella sacó una navaja y lo atacó.

No voy a entrar a valorar el delito violento ni si ella actuó en defensa propia o si fue un “crimen pasional”. Pero para la prensa amarillista, la noticia tenía morbo al tratarse de una mujer atacando a su marido, lo que sirvió para mofarse de ella y para condenarla.

Tras su liberación y como consecuencia de la humillación pública se suicidó. No se puede frivolizar la violencia ni algo tan serio.

Cifras de la violencia contra la mujer

La violencia contra las mujeres es una realidad sangrante que mata a miles. Según un estudio sobre la Violencia contra la mujer:

  • Las estimaciones mundiales publicadas por la OMS indican que alrededor de una de cada tres (35%) mujeres en el mundo han sufrido violencia física y/o sexual de pareja o violencia sexual por terceros en algún momento de su vida.
  • La mayoría de estos casos son violencia infligida por la pareja. En todo el mundo, casi un tercio (30%) de las mujeres que han tenido una relación de pareja refieren haber sufrido alguna forma de violencia física y/o sexual por parte de su pareja en algún momento de su vida.

Ante estas cifras, como madres de niñas y niños, tenemos la oportunidad de educarles y crear conciencia en las nuevas generaciones de que la violencia y el maltrato a la mujer no es ningún chiste y que debemos de erradicar. Los hombres y mujeres debemos trabajar en equipo.  El machismo nos hace retroceder como sociedad y nos impide progresar.